Relatos Salvajes
Inicio Sexo en Grupo Tríos Ardientes en Saltillo Tríos Ardientes en Saltillo

Tríos Ardientes en Saltillo

6003 palabras

Tríos Ardientes en Saltillo

La noche en Saltillo caía como un manto caliente y pegajoso, con ese aire seco del norte que te hace sudar solo de pensarlo. Yo, Ana, había llegado esa tarde desde Monterrey, buscando un poco de aventura en esta ciudad de fachadas coloniales y luces neón que parpadean en las avenidas. Me instalé en un hotel chido cerca del centro, con vista a la plaza principal, y decidí salir a explorar. Llevaba un vestido rojo ajustado que me hacía sentir pinche poderosa, el escote justo para volver locos a los mirones.

Entré a un bar en la Zona Rosa, de esos con música norteña remixada y tequilas que queman la garganta como fuego. Ahí los vi: Marco y Luis, dos cuates que no podían ser más contrastantes. Marco era alto, moreno, con tatuajes asomando por la camisa abierta y una sonrisa de pendejo que te derrite. Luis, más delgado, con ojos verdes y pelo revuelto, el tipo intelectual que te susurra al oído chingaderas románticas. Estaban platicando animadamente cuando me senté cerca, pidiendo un michelada bien fría.

Órale, Ana, ¿qué chingados haces sola en un lugar así? Estos dos te van a comer con los ojos
, pensé mientras sorbía la sal y el limón que explotaban en mi boca. No tardaron en invitarme a su mesa. "Qué onda, reina, ¿vienes a Saltillo a divertirte o qué?", dijo Marco con esa voz grave que vibraba en mi pecho. Luis agregó: "Aquí en Saltillo hay tríos en Saltillo que ni te imaginas, pero hay que saber dónde buscar". Supe de inmediato que la noche iba a escalar.

Charlamos un rato, riendo de tonterías, bebiendo shots de tequila reposado que nos soltaba la lengua. Marco me rozó la pierna con la suya bajo la mesa, un toque casual que mandó chispas por mi espina. Luis me miró fijo, como si ya me estuviera desnudando. Neta, estos weyes saben lo que traen entre manos. Les conté que estaba harta de la rutina, que quería algo salvaje, consensual, puro placer sin ataduras. Ellos asintieron, sus ojos brillando con esa hambre compartida. "Vamos a mi depa, está cerca, cerca de la Alameda", propuso Marco. No lo pensé dos veces.

El trayecto en taxi fue puro fuego contenido. Apoyada entre ellos en el asiento trasero, sentía el calor de sus cuerpos presionando el mío. Marco olía a colonia barata y sudor masculino, delicioso; Luis a jabón fresco y deseo reprimido. Sus manos se colaban por mis muslos, subiendo lento, explorando la piel sensible detrás de las rodillas. Mi corazón latía como tambor en fiesta, el pulso retumbando en mis oídos por encima del reggaetón que sonaba en la radio.

Al llegar al departamento, un lugar moderno con muebles de piel y luces tenues, la tensión explotó. Marco me jaló por la cintura, sus labios capturando los míos en un beso hambriento. Sabía a tequila y a promesas sucias. Luis se pegó por detrás, besando mi cuello, mordisqueando la oreja mientras sus dedos desabrochaban el vestido.

Chingado, esto es lo que necesitaba, dos hombres que me adoren como diosa
. El vestido cayó al suelo con un susurro suave, dejando mi cuerpo expuesto al aire acondicionado que erizaba mi piel.

Me llevaron a la recámara, una cama king size esperando como altar. Marco me tumbó de espaldas, sus manos grandes amasando mis tetas, pellizcando los pezones hasta que gemí alto. "Qué rico te ves, Ana, pinche mamacita", gruñó. Luis se desvistió rápido, su verga ya dura saltando libre, gruesa y venosa. Se arrodilló entre mis piernas, lamiendo mis labios mayores con lengua experta, chupando el clítoris como si fuera caramelo. El sabor salado de mi excitación llenaba su boca, y yo arqueaba la espalda, oliendo mi propio aroma almizclado mezclándose con el de ellos.

El placer subía en olas, pero querían más. Cambiamos posiciones: yo de rodillas, mamando la polla de Marco mientras Luis me penetraba por atrás, lento al principio, dejando que mi coño se acostumbrara a su tamaño. El sonido de carne contra carne, chapoteante y obsceno, llenaba la habitación junto con nuestros jadeos. "¡Órale, qué apretadita estás, carnal!", exclamó Luis, sus caderas chocando contra mis nalgas con palmadas que ardían delicioso. Marco enredaba sus dedos en mi pelo, guiando mi cabeza, follándome la boca con empujones suaves. Sentía sus pulsos acelerados, el sudor goteando por sus pechos, el sabor salobre de su pre-semen en mi lengua.

Esto es un trío en Saltillo de los buenos, neta que Saltillo sabe complacer, pensé en medio del éxtasis, mientras el orgasmo se acumulaba como tormenta. Marco se corrió primero, llenándome la boca con chorros calientes y espesos que tragué con gusto, lambiendo cada gota. Luis aceleró, sus bolas golpeando mi clítoris, hasta que exploté yo, gritando su nombre, mi cuerpo convulsionando en espasmos que lo ordeñaron. Él se retiró justo a tiempo, pintando mis nalgas con su leche tibia.

Nos derrumbamos en un enredo de extremidades sudorosas, respiraciones entrecortadas calmándose poco a poco. El cuarto olía a sexo crudo, a semen y jugos mezclados, con un toque de su loción. Marco me besó la frente, "Eres increíble, Ana". Luis acarició mi espalda, trazando círculos perezosos.

Qué chido fue esto, sin dramas, puro gozo
. Platicamos bajito, riendo de lo intenso que había sido, prometiendo quizás repetirlo si la vida nos cruzaba de nuevo.

Al amanecer, con el sol colándose por las cortinas filtrando el polvo danzante, me vestí con piernas temblorosas. Saltillo despertaba afuera, con el claxon de los vochitos y el aroma a tacos de canasta flotando en el aire. Los besé a ambos, un adiós dulce y abierto. Bajé a la calle, el vestido arrugado pero el alma satisfecha. Tríos en Saltillo, quién lo diría, pero qué manera de empezar el día. Caminé hacia mi hotel, sintiendo el eco de sus toques en mi piel, lista para lo que viniera después en esta ciudad que acababa de revelarme sus secretos más calientes.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a relatossalvajes.cc.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.