El Try Hard del Urban Dictionary
En el corazón de la Condesa, donde las luces neón parpadean como promesas calientes, Ana se recargaba en la barra del bar La Noche. El aire olía a tequila ahumado y jazmín de las chicas que bailaban pegaditas. Vestida con un vestido negro ceñido que le marcaba las curvas, sorbía su margarita con sal, sintiendo el picor en la lengua mientras observaba al tipo ese que no quitaba los ojos de ella.
Se llamaba Marco, o eso decía su playera con el logo de una banda indie que nadie conocía. Alto, moreno, con barba de tres días y una sonrisa que gritaba quiero impresionar. Intentaba lo de siempre: se acercó con un trago en la mano, ofreciéndoselo como si fuera el rey del mambo. "Órale, morra, ¿qué onda? Te vi de lejos y neta, pareces salida de un sueño", soltó, con esa voz grave que vibraba en el pecho de Ana.
Ella rió por lo bajo, el sonido burbujeando como el hielo en su vaso. Try hard total, pensó, sacando su cel para googlear rápido. "Try hard urban dictionary", tecleó, y leyó en voz alta: "Alguien que se esfuerza demasiado por ser cool o impresionar, pero sale sobrado". Lo miró de reojo, con picardía. "Mira nomás, wey, según el urban dictionary eres un try hard de manual. ¿Qué, traes el manualito pa' ligar?"
Marco no se achicó. En vez de eso, sus ojos cafés se clavaron en los de ella, oscuros y juguetones. "¿Y si lo soy? ¿Y si me esfuerzo tanto porque tú vales la pena?", respondió, acercándose un paso. El calor de su cuerpo cortó el aire fresco del ventilador. Ana sintió un cosquilleo en la nuca, el aroma de su colonia amaderada mezclándose con el sudor ligero de la noche. Neta, este pendejo sabe jugar, se dijo.
La plática fluyó como el mezcal: picante, ardiente. Hablaron de la CDMX que no duerme, de tacos al pastor en la esquina y de cómo el try hard a veces es lo que prende la mecha. Sus risas se entrechocaban con la música cumbia rebajada, y pronto sus rodillas se rozaban bajo la barra. El roce era eléctrico, piel contra piel a través de la tela delgada. Ana notó cómo su pulso se aceleraba, el corazón latiéndole en las sienes como un tambor.
¿Y si dejo que este try hard me muestre de qué está hecho? Neta, su boca se ve tan suave...
Acto uno cerrado, hora de escalar. Marco la invitó a bailar, y ella aceptó, sintiendo sus manos grandes en la cintura. El piso vibraba con el bajo, cuerpos sudados chocando alrededor. Él la pegó a sí, su pecho firme contra sus tetas, el calor subiendo como fiebre. "¿Sientes eso, Ana? No es try hard, es verdad", murmuró en su oído, aliento caliente rozando el lóbulo. Ella jadeó bajito, el vello de sus brazos erizándose. Sus caderas se movían al ritmo, frotándose con intención, la fricción enviando chispas directo al centro de su deseo.
Salieron del bar tomados de la mano, el aire nocturno fresco contra sus pieles calientes. Caminaron hasta su depa en una calle arbolada, riendo de tonterías. Adentro, luces tenues, olor a café y sábanas limpias. Marco la besó contra la puerta, labios suaves pero urgentes, lengua explorando con hambre. Ana gimió en su boca, saboreando el tequila en él, sus manos enredándose en su cabello revuelto.
La llevó al sillón, desvistió su vestido con dedos temblorosos de emoción. "Eres chingona, Ana. Déjame demostrate que no soy try hard... soy todo tuyo", dijo, voz ronca. Ella lo empujó suave, quitándole la playera. Su torso era esculpido, músculos tensos bajo piel morena, olor a hombre puro, salado. Lo besó el pecho, lengua trazando el camino de vellos oscuros hasta el ombligo. Marco gruñó, manos en su espalda, uñas arañando ligero, enviando ondas de placer.
Se tumbaron, cuerpos enredados. Ana sintió su verga dura presionando su muslo, gruesa y pulsante. "Qué rica estás, pinche try hard", bromeó ella, mordisqueando su cuello. Él rió, volteándola para lamerle las tetas, pezones endureciéndose al roce húmedo de su lengua. El sonido de sus respiraciones jadeantes llenaba la habitación, mezclado con el tráfico lejano de la ciudad. Sus dedos bajaron, explorando su coño ya mojado, resbaloso de ganas. Ella arqueó la espalda, gimiendo "¡Sí, wey, así!", el placer construyéndose como tormenta.
El medio acto ardía. Marco se arrodilló, besando su vientre, muslos internos temblando. Su boca llegó al clítoris, chupando suave al principio, luego con hambre. Ana gritó, manos apretando las sábanas, el sabor de su propia excitación en el aire. "¡No pares, pendejo chingón!", suplicó, caderas moviéndose contra su cara barbuda. Él metió dos dedos, curvándolos justo ahí, frotando ese punto que la hacía ver estrellas. El orgasmo la golpeó en olas, cuerpo convulsionando, jugos empapando su barbilla.
Pero no pararon. Ella lo jaló arriba, montándolo. Su verga entró despacio, llenándola centímetro a centímetro, estirándola delicioso. "¡Qué chingadera, Marco!", exclamó, sintiendo cada vena, cada pulso. Cabalgó fuerte, tetas rebotando, sudor perlando sus pieles. Él la agarró las nalgas, guiándola, embistiendo desde abajo con fuerza controlada. El slap-slap de carne contra carne, gemidos roncos, olor a sexo crudo: todo era sinfonía erótica.
Este try hard del urban dictionary me está volviendo loca. Neta, nunca había sentido tanto fuego.
La tensión crecía, picos y valles. Cambiaron posiciones: él atrás, penetrándola profundo, mano en su clítoris frotando en círculos. Ana empujaba contra él, anoideces contra su pelvis, el placer rayando en éxtasis. "Vente conmigo, morra", gruñó Marco, voz quebrada. Ella asintió, gritando su nombre cuando el segundo orgasmo la destrozó, paredes contrayéndose alrededor de su verga. Él se corrió segundos después, chorros calientes llenándola, cuerpo colapsando sobre el suyo.
El final llegó suave. Yacían enredados, respiraciones calmándose, pieles pegajosas de sudor y fluidos. Marco la besó la frente, suave. "¿Sigues pensando que soy try hard?", preguntó con sonrisa pícara. Ana rió, trazando círculos en su pecho. "Sí, pero del bueno. El que me hace querer más".
Se quedaron así, escuchando la ciudad ronronear afuera, el afterglow envolviéndolos como manta tibia. Ana pensó en cómo un término del urban dictionary había llevado a esta noche perfecta. Try hard o no, este wey es oro puro. Mañana quién sabe, pero esa noche, el deseo se había cumplido, dejando eco de placer en cada fibra.