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Esperanza Gomez Trio Anal Inolvidable

7103 palabras

Esperanza Gomez Trio Anal Inolvidable

La noche en la playa de Cancún estaba cargada de ese calor húmedo que se pega a la piel como una promesa. Yo, Ricardo, había llegado con mi carnal Javier, los dos bien vestidos con camisas de lino blanco y pantalones ajustados que marcaban lo que traíamos. La fiesta en esa villa privada era de las buenas: luces tenues, música reggaetón retumbando suave, olor a sal marina mezclado con el humo de cigarros cubanos y el dulzor de los cocteles de tequila reposado. Javier y yo éramos compas de toda la vida, siempre listos para una aventura, pero esa noche todo cambió cuando la vi.

Esperanza Gómez. Sí, la Esperanza Gómez, la reina del cine para adultos mexicana, con ese cuerpo escultural que parecía tallado por los dioses aztecas: curvas generosas, tetas firmes que desafiaban la gravedad bajo un vestido rojo ceñido, y un culo que se movía como olas en el mar Caribe. Estaba bailando sola cerca de la barra, su piel morena brillando bajo las luces, el sudor perlando su escote. Olía a vainilla y algo más salvaje, como jazmín en flor. Me acerqué con una chela en la mano, el corazón latiéndome como tambor de mariachi.

¿Qué pedo, guapa? ¿Te puedo invitar un trago?
le dije, con esa sonrisa pícara que siempre me funciona.

Ella volteó, sus ojos cafés profundos clavándose en mí como dagas calientes. Ricardo, murmuró, como si ya me conociera. Soy fan de tus... trabajos, confesé, sintiendo el calor subir por mi cuello. Javier se acercó, alto y moreno como yo, y los tres empezamos a platicar. Ella reía con esa voz ronca, contándonos anécdotas de sets de filmación, pero sus manos rozaban mis brazos, luego los de Javier. El aire se cargaba de electricidad, de ese deseo que huele a piel caliente y promesas sucias.

La tensión crecía con cada shot de tequila. Bailamos los tres pegaditos, sus caderas frotándose contra mi verga que ya se ponía dura como piedra, y contra la de Javier que no se quedaba atrás. Chingón, pensé, esto va pa'l trio. Ella nos miró con picardía:

¿Quieren ver algo más privado? Mi suite está arriba.
No lo pensamos dos veces. Subimos las escaleras de caracol, el sonido de la fiesta quedando atrás, solo nuestros pasos y respiraciones agitadas.

En la suite, king size bed con sábanas de satén negro, velas aromáticas a coco y ron. Esperanza se despojó del vestido en un movimiento fluido, quedando en tanga roja y nada más. Sus tetas saltaron libres, pezones oscuros endurecidos. Javier y yo nos quitamos la ropa rápido, nuestras vergas paradas como soldados, gruesas y venosas. Ella se arrodilló entre nosotros, el olor de su excitación subiendo como niebla: dulce, almizclado, con toques de su perfume.

Primero me chupó a mí, labios carnosos envolviéndome la cabeza, lengua girando como tornado. ¡Qué rica boca, cabrona! gemí, mis manos enredadas en su cabello negro largo. Javier la veía, pajeándose lento, hasta que ella lo jaló y lo metió hasta la garganta, gorgoteando suave. El sonido era obsceno, húmedo, saliva chorreando por su barbilla. Nuestras vergas se rozaban contra sus mejillas, piel contra piel caliente, pulsos latiendo al unísono.

La acostamos en la cama, Javier lamiéndole las tetas mientras yo bajaba a su panocha depilada, labios hinchados y mojados. La probé: salada, dulce como mango maduro, clítoris endurecido bajo mi lengua. Ella arqueaba la espalda, gimiendo ¡Sí, así, pinches machos! Sus jugos me empapaban la cara, olor a sexo puro invadiendo la habitación. Javier se movió atrás, besándole el cuello, sus dedos explorando su culo redondo y prieto.

La tensión subía como volcán. Queríamos su culo, ese que la había hecho famosa.

Esperanza Gómez trio anal, ¿eh? Eso es lo que andan buscando estos pendejos, ¿verdad?
dijo ella riendo, juguetona, mientras se ponía a cuatro patas. Sus palabras me prendieron fuego: sí, carnal, esto es el sueño hecho realidad. Javier untó lubricante en su ano rosado, dedo adentro despacio, ella jadeando, culo moviéndose invitador.

Yo me puse debajo, ella cabalgándome la verga en su panocha primero, paredes calientes apretándome como guante. ¡Qué chingadera! grité, sintiendo cada contracción. Javier se posicionó atrás, su verga gruesa presionando su culo. Ella respiraba hondo:

Despacio, mis amores, métanmela rica.
Entró centímetro a centímetro, el sonido de carne abriéndose, lubricante chasqueando. Esperanza gritó de placer, ¡Ay, sí, lléname!, su cuerpo temblando entre nosotros.

El ritmo empezó lento, mis embestidas desde abajo sincronizadas con las de Javier por atrás. Su culo se tragaba su verga entera, prieto y hambriento, mientras su panocha me ordeñaba. Sudor nos unía, piel resbalosa, olores mezclados: sexo, lubricante, tequila en aliento. Sus tetas rebotaban contra mi pecho, pezones rozando duros. Esto es el paraíso, pinche Esperanza, pensé, mientras ella gemía en mi oído, uñas clavándose en mi espalda.

La intensidad creció. Javier aceleró, palmadas en su culo resonando como aplausos, rojo marcado. Yo la pellizcaba los pezones, chupándole el cuello salado. Ella se retorcía,

¡Más fuerte, cabrones, rómpanme el culo!
Orgasmos la sacudían en olas: primero vaginal, chorros mojándome las bolas; luego anal, esfínter apretando a Javier hasta hacerlo gemir. Nuestros pensamientos eran puro instinto: verga latiendo, culo caliente, placer infinito.

Cambiaron posiciones. Ahora Javier debajo en su panocha, yo en su culo. El switch fue eléctrico: su ano aún dilatado, lubricado con nuestros jugos, me succionó adentro fácil. ¡Qué delicia, tan suave y apretado! Empujé profundo, sintiendo la verga de Javier a través de la delgada pared, frotándonos mutuamente. Esperanza aullaba, perdida en éxtasis, cabello pegado a la frente sudorosa, labios mordidos.

El clímax se acercaba como tormenta. Javier se corrió primero, rugiendo, llenándole la panocha de leche caliente que chorreaba. Eso me empujó al borde: embestí salvaje, su culo ordeñándome, hasta que exploté, chorros espesos pintando sus paredes internas. Ella colapsó sobre Javier, yo encima, los tres un enredo de miembros temblorosos, respiraciones jadeantes. El olor a semen fresco, sudor y victoria llenaba el aire.

En el afterglow, nos quedamos así, acariciándonos perezosos. Esperanza besó mi pecho, luego el de Javier:

Pinches sementales, me hicieron volar.
Reímos bajito, bebiendo agua fría de la mesita, el mar susurrando afuera. Esto no era solo sexo, era conexión, pensé, mientras el sol empezaba a asomarse, tiñendo la habitación de rosa. Javier y yo nos miramos, cómplices eternos. Esperanza se acurrucó entre nosotros, su calor envolviéndonos como manta. La noche había sido inolvidable, un trio anal con la diosa misma, grabado en nuestra piel y almas.

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