Imágenes de Tríos que Desatan la Pasión
Todo empezó una noche calurosa en nuestro depa de la Roma, con el ventilador zumbando como loco y el olor a tacos de la esquina colándose por la ventana. Yo, Ana, estaba recargada en el pecho de Luis, mi viejo de años, mientras él scrolleaba el celular con esa mano morena y fuerte que tanto me gustaba. Habíamos cenado unas chelas frías y unos guisados que yo misma preparé, y el ambiente ya traía esa vibra pícara, de esas que te ponen la piel chinita sin razón aparente.
¿Qué chingados estamos viendo? pensé cuando vi que Luis se detuvo en una página de imágenes de tríos. Eran fotos ardientes, cuerpos entrelazados en posiciones que me aceleraron el pulso de inmediato. Tres personas, sudadas, con miradas de puro fuego, tocándose como si el mundo se acabara ahí mismo. El flash de una mujer entre dos hombres, sus curvas brillando bajo luces tenues, y otro de un hombre rodeado de dos chavas que lo devoraban con la boca. Luis soltó un órale bajito, y sentí su verga endurecerse contra mi nalga.
— Míralas, carnala —me dijo con esa voz ronca que me deshace—. Neta, qué rico se ven esos tríos. ¿Tú qué piensas?
Yo me mordí el labio, el calor subiéndome por el cuello. Nunca habíamos hablado de eso, pero siempre fantaseábamos con algo más salvaje.
¿Y si lo hacemos real? ¿Y si invito a Carla, esa amiga mía que siempre me mira con ojos de querer comerme?El pensamiento me mojó entre las piernas al instante. Carla era una morra chingona, con tetas firmes y un culo que volvía loco a cualquiera, y la neta, siempre había sentido una chispa entre nosotras.
Luis apagó el celular y me volteó boca arriba en el sofá, su boca cayendo sobre la mía como un hambre acumulada. Sus labios sabían a chela y a picante, ásperos contra los míos suaves. Me quitó la blusa con urgencia, lamiendo mi cuello mientras sus manos amasaban mis chichis. Pinche Luis, siempre sabe dónde tocar para volverme loca, pensé, arqueándome contra él. El sonido de su respiración agitada llenaba la habitación, mezclado con el tráfico lejano de Insurgentes.
Pero esa noche no paramos ahí. Le conté de Carla mientras me chupaba los pezones, endurecidos como piedras. — ¿Y si la llamamos? —le propuse, jadeando. Él levantó la vista, ojos brillantes. — Neta, güey? Hazla venir. Quiero verte gozar con ella.
Acto seguido, le mandé un whats con una de esas imágenes de tríos que habíamos visto. ¿Te animas a algo así esta noche? Su respuesta fue un emoji de fuego y un Ya voy, pinche caliente. Media hora después, el timbre sonó y ahí estaba Carla, con un vestido negro ceñido que marcaba cada curva, el perfume de vainilla invadiendo el aire.
Nos sentamos en la sala, con chelas en mano, el ambiente cargado de electricidad. Hablamos pendejadas al principio, riéndonos de la vida, pero las miradas se cruzaban como chispas. Luis se paró a poner música, algo de cumbia rebajada que nos ponía a mover las caderas sin querer. Yo me acerqué a Carla, rozando su muslo con el mío. Su piel es tan suave, como seda caliente, sentí al tocarla.
— ¿Viste las fotos que te mandé? —le pregunté bajito, mi aliento en su oreja. Ella asintió, mordiéndose el labio inferior, hinchado y rosado. — Me pusieron bien mojada, Ana. Neta, quiero probar.
Luis volvió y nos encontró así, casi besándonos. Sonrió como el diablo y se sentó entre nosotras, una mano en cada muslo. El calor de sus palmas se filtraba por la tela, haciendo que mi coño palpitara. Empezamos con besos suaves, exploratorios. Primero Luis besó a Carla, sus lenguas chocando con un sonido húmedo que me erizó la piel. Yo los veía, el olor a excitación empezando a flotar: sudor fresco, perfume mezclado con feromonas.
Me uní, besando el cuello de Luis mientras Carla me acariciaba la espalda. Esto es mejor que cualquier imagen, pensé, el corazón latiéndome en la garganta. Nos quitamos la ropa despacio, saboreando cada revelación. El cuerpo de Carla era una obra de arte: pechos medianos con pezones oscuros y duros, vientre plano, y entre las piernas un triángulo negro que invitaba a perderme. Luis, mi rey, con su pecho velludo y esa verga gruesa ya tiesa, goteando pre-semen.
Nos movimos al cuarto, la cama king size crujiendo bajo nuestro peso. Yo me arrodillé primero, tomando la verga de Luis en la boca mientras Carla lamía mis chichis desde atrás. El sabor salado de él en mi lengua, el roce húmedo de la boca de ella en mi piel... Qué chingón, neta voy a explotar. Luis gemía, ¡ah, cabronas, no paren!, su voz grave retumbando en las paredes.
Cambiamos posiciones como en esas imágenes de tríos, pero vivo, real, con el sudor pegándonos la piel. Carla se recostó y yo me subí a su cara, su lengua hurgando mi clítoris con maestría. Sabía a miel y sal, mi jugo chorreando en su boca. Luis se puso detrás de mí, embistiéndome despacio al principio, su verga abriéndome como un guante caliente. El slap-slap de su pelvis contra mi culo resonaba, mezclado con mis gritos ahogados y los mugidos de Carla debajo.
Esto es puro éxtasis, pinche paraíso, pensé mientras el placer subía en olas. Sentía cada vena de la verga de Luis pulsando dentro, el aliento caliente de Carla en mi coño, sus dedos clavándose en mis nalgas. Nos volteamos, ahora Luis cogiendo a Carla mientras yo la besaba, probando mi propio sabor en sus labios. Ella arqueaba la espalda, ¡más duro, Luis, rómpeme!, y él obedecía, el cuarto oliendo a sexo crudo, a cuerpos en combustión.
La tensión crecía como una tormenta. Yo me masturbaba viéndolos, dedos hundidos en mi humedad, hasta que Luis me jaló para que me sentara en su cara. Su barba raspándome el interior de los muslos, lengua experta lamiendo mi ano mientras Carla lo montaba como una amazona. El ritmo se aceleraba, gemidos convirtiéndose en alaridos. No aguanto más, sentí el orgasmo venir, un tren de fuego.
Explotamos casi juntos. Carla primero, convulsionando sobre Luis con un grito que debió oírse en la calle. Yo seguí, mi coño contrayéndose alrededor de sus dedos, chorros calientes salpicando su pecho. Luis rugió al final, sacando su verga y corriéndose en arcos blancos sobre nosotras, pintando nuestras tetas y vientres. El semen tibio goteando, el aire espeso con nuestro aroma compartido.
Nos quedamos tirados, jadeando, pieles pegajosas entrelazadas. Luis nos abrazaba a las dos, besándonos las frentes. Carla sonrió perezosa, Pinches pervertidos, estuvo de lujo. Yo asentí, el cuerpo flotando en esa paz post-orgásmica, el corazón lleno.
Desde esa noche, esas imágenes de tríos cobraron vida en nuestra mente, pero nada se compara con el tacto real, los sabores, los sonidos de esa conexión. Nos miramos en el espejo después, marcados por la pasión, y supe que esto era solo el principio. La vida es para gozar así, sin pendejadas, pensé, mientras el sol salía tiñendo el cuarto de oro.