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Los Tres Regalos del Trio Ardiente

7036 palabras

Los Tres Regalos del Trio Ardiente

Tú llegas a tu departamento en la Condesa, el corazón latiéndote fuerte porque hoy es tu aniversario con Marco. El aire huele a jazmín del jardín de abajo y a algo más, como velas de vainilla quemándose. Abres la puerta y ahí está él, guapísimo con esa camisa blanca ajustada que marca sus pectorales, sonriendo con picardía. Neta, qué chido se ve el wey, piensas mientras el calor te sube por las mejillas.

—¡Mamacita! Bienvenida —te dice con esa voz ronca que te eriza la piel. Te jala hacia él y te da un beso que sabe a tequila reposado, suave pero intenso, con su lengua rozando la tuya como prometiendo más. Sus manos grandes te aprietan la cintura, y sientes su verga ya medio dura contra tu vientre. ¿Qué traes entre manos, pendejo? te preguntas, pero no dices nada, solo gimes bajito.

Te lleva a la recámara, iluminada con luces tenues y pétalos de rosa esparcidos en la cama king size. Sobre la mesita, tres paquetes envueltos en papel rojo brillante, con moños dorados. —Son los tres regalos del trio ardiente —anuncia Marco, guiñándote el ojo—. Pero ábrelos uno por uno, y hazlo despacio, como te gusta.

El primero es un conjunto de lencería negra de encaje, diminuto, con ligueros y medias de seda. Lo desdoblas y el tacto suave te hace imaginarlo en tu piel. —Ponte eso ahora mismo —te ordena juguetón, y tú obedeces, quitándote el vestido ajustado frente a él. Sientes sus ojos devorándote, el roce del encaje contra tus pezones que se endurecen al instante, y el espejo te devuelve la imagen de tus curvas perfectas, la tanguita apenas cubriendo tu concha ya húmeda.

El segundo regalo es una caja de aceites esenciales y una venda de satén negro. El aroma a sándalo y ylang-ylang invade la habitación, embriagador, haciendo que tu pulso se acelere. Marco te venda los ojos con delicadeza, sus dedos rozando tus párpados, y de pronto sientes sus manos untadas en aceite masajeando tus hombros. El calor se desliza por tu espalda, bajando lento hasta tus nalgas, donde aprieta fuerte, separándolas un poquito. Gimes, el sonido ecoa en la penumbra, y el mundo se reduce a sus toques, al crujir de la cama, al olor de tu propia excitación mezclándose con el aceite.

—¿Lista para el tercero? —susurra Marco al oído, su aliento caliente como fuego. Asientes, mordiéndote el labio, el corazón retumbando como tambor. Escuchas pasos, una puerta que se abre, y una voz nueva, grave y sexy: —Hola, preciosa. Soy Luis, el carnal de tu hombre. Marco me platicó todo, y neta, qué rica estás.

Te quitas la venda despacio, y ahí está Luis, alto, moreno, con tatuajes en los brazos y una sonrisa lobuna. Los dos te miran como si fueras el postre más chingón del mundo. Marco se acerca, te besa el cuello mientras Luis te roza la mano. —Este es el tres regalos trio, mi amor —explica Marco—. Yo, Luis y todo lo que te vamos a dar esta noche. ¿Quieres?

¡Claro que sí, cabrones! piensas, el deseo ardiendo en tu vientre. Asientes, y ellos ríen bajito, complacidos. Acto seguido, te tumban en la cama con cuidado, sus cuatro manos explorando tu cuerpo como si fuera territorio nuevo. Marco lame tus pezones, succionándolos con fuerza, el sonido húmedo y chuposo llenando el aire, mientras Luis besa tu interior de muslos, su barba raspando delicioso tu piel sensible.

El middle de la noche se enciende como pólvora. Primero, te ponen de rodillas entre ellos. Marco te mete su verga gruesa en la boca, saboreas el precum salado, el pulso de sus venas contra tu lengua, mientras Luis te come la concha desde atrás, su lengua plana lamiendo tu clítoris hinchado. ¡Qué rico, wey! No pares, gimes alrededor de la polla de Marco, las vibraciones haciéndolo gruñir. El cuarto huele a sexo puro: sudor masculino, tu jugo dulce, el aceite resbaloso.

Cambian posiciones, el ritmo subiendo como fiebre. Luis se acuesta y tú te sientas en su cara, frotando tu coño mojado contra su boca ansiosa, sus manos amasando tus tetas. Marco se para frente a ti, cogiéndote la garganta suave mientras te besa, su verga rozando tu mejilla. Sientes cada lamida de Luis, chup chup chup, el vacío en tu interior pidiendo más. Los quiero adentro, pendejos, suplicas en tu mente, el cuerpo temblando.

Marco te penetra primero, despacio, su verga abriéndote centímetro a centímetro, el estirón ardiente pero placentero. Gritas de gusto, el sonido ahogado por la boca de Luis que ahora besa la tuya, probando tu sabor en su lengua. Marco bombea fuerte, sus bolas golpeando tu culo, piel contra piel en palmadas rítmicas. Luis se unta aceite en su verga enorme y se posiciona detrás, rozando tu ano con la punta. —¿Puedo, reina? —pregunta, y tú asientes frenética, empoderada en tu lujuria.

Entra lento, el doble estirón te hace ver estrellas, dolor placer mezclado en olas. Los dos dentro, moviéndose alternos, uno entra el otro sale, el roce interno insano. Sientes cada vena, cada pulso, el sudor goteando de sus pechos a tu espalda. Gimes alto, ¡Chínguenme más fuerte, cabrones!, y ellos obedecen, el colchón crujiendo, las sábanas enredadas. Tus uñas clavan en los brazos de Luis, el olor a macho invadiendo tus fosas nasales, el sabor de sus besos salados.

La tensión crece, tu orgasmo acechando como tormenta. Cambian otra vez: tú encima de Marco, cabalgándolo como amazona, sus manos en tus caderas guiándote, mientras Luis te coge la boca desde arriba, sus gemidos roncos como música. El slap slap de carne, los jadeos, el squelch de tu concha empapada. Voy a venirme, no aguanto, piensas, y explotas primero, el clímax sacudiéndote entera, chorros de placer mojando a Marco, tu concha contrayéndose alrededor de su verga.

Ellos no paran, prolongando tu éxtasis con toques suaves en tu clítoris sensible. Marco gruñe primero, llenándote de leche caliente, pulsos y pulsos que sientes chorrear. Luis se sale de tu boca y se pajea rápido, eyaculando en tus tetas, chorros blancos calientes escurriendo por tu piel. Colapsan a tu lado, los tres jadeando, cuerpos enredados en sudor y semen.

En el afterglow, yacen quietos, el cuarto ahora perfumado a sexo satisfecho y velas apagándose. Marco te besa la frente, —¿Te gustaron los tres regalos trio, mi reina? —. Luis acaricia tu muslo, —Neta, eres una diosa. — Tú sonríes, el cuerpo lánguido pero lleno, el corazón rebosando amor y picardía. El mejor aniversario ever, weyes, piensas mientras te acurrucas entre ellos, sabiendo que esto solo es el principio de noches inolvidables.

Duermes así, piel con piel, el latido de sus corazones sincronizándose con el tuyo, un eco de placer que lingera en cada roce, prometiendo más tres regalos trio en el futuro.

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