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La Ardiente Cogida en Trío

6556 palabras

La Ardiente Cogida en Trío

El sol de Puerto Vallarta caía como una caricia caliente sobre mi piel morena mientras caminaba por la playa tomada de la mano de Alex, mi novio desde hace dos años. El mar Caribe lamía la arena con un shhh constante, salado y fresco, y el aire olía a coco y piña de los vendedores ambulantes. Llevábamos una semana de vacaciones, desconectados del pinche tráfico de la CDMX, y cada día sentía que el deseo entre nosotros crecía como la marea. Alex, con su torso tatuado brillando de sudor y protector solar, me guiñaba el ojo cada vez que una ola nos mojaría los pies.

Órale, nena, ¿lista para la fiesta esta noche? me dijo con esa voz ronca que me eriza la piel. Asentí, mordiéndome el labio, imaginando cómo terminaría la velada. En el hotel, un chiringuito playero con luces de neón y cumbia retumbando, nos encontramos con Marco, el carnal de Alex desde la uni. Alto, moreno, con ojos verdes que perforaban como dagas y una sonrisa pícara que gritaba problemas. ¡Wey, qué buena onda verlos! exclamó abrazándonos, su cuerpo duro rozando el mío un segundo de más. Sentí un cosquilleo traicionero en el estómago.

La noche avanzó con chelas frías que saboreaban a limón y chile, risas y bailes pegados al ritmo de Grupo Niche. Marco contaba anécdotas de sus viajes por la Riviera Maya, y yo no podía evitar mirarlo. Alex lo notaba y, en vez de celos, vi en sus ojos un brillo juguetón.

¿Qué carajos pasa conmigo? ¿Por qué imagino sus manos en mí mientras Alex me besa el cuello?
pensé, apretando los muslos bajo la mesa. La tensión era como un elástico estirándose, lista para romperse.

Volvimos al hotel en un taxi destartalado, el viento nocturno trayendo olor a jazmín y marisma. En la suite con vista al océano, las luces tenues pintaban sombras danzantes en las paredes blancas. Alex sacó una botella de tequila reposado, el aroma ahumado llenando el aire. Truth or dare, carnales, propuso Marco con una ceja arqueada. Jugamos, las preguntas subiendo de tono: ¿cuál es tu fantasía más loca? La mía salió sin filtro: Una cogida en trío, neta, con dos morros que me vuelvan loca. Silencio cargado, luego risas nerviosas. Alex me miró fijo: ¿En serio, mi reina?

El juego escaló. Marco tuvo que quitarse la camisa, revelando abdominales marcados que olían a sal y hombre. Alex me besó primero, su lengua dulce de tequila invadiendo mi boca, manos grandes amasando mis tetas por encima del vestido. ¿Quieres que lo hagamos realidad? murmuró en mi oído, su aliento caliente erizándome los vellos. Asentí, el corazón latiéndome como tambor. Marco se acercó, su mano rozando mi muslo desnudo, piel contra piel suave como terciopelo.

Esto es una locura, pero qué chingón se siente el deseo quemándome por dentro
.

Me recargué en la cama king size, las sábanas frescas oliendo a lavanda del hotel. Alex me desvistió despacio, besando cada centímetro de mi piel expuesta: el valle entre mis pechos, el ombligo, hasta llegar a mi tanga empapada. Mira qué rica estás, mojada por nosotros, dijo Marco, su voz grave vibrando en el aire. Se arrodilló, lamiendo mi interior de muslos, lengua áspera y caliente dejando rastros húmedos. Gemí, el sonido ahogado por la boca de Alex en la mía. Sus vergas ya duras presionaban contra mis piernas, gruesas y palpitantes, oliendo a masculinidad pura.

La intensidad subió cuando Marco chupó mi clítoris, succionando con maestría mientras Alex me metía dos dedos, curvándolos justo ahí, en ese punto que me hace arquear la espalda. ¡Ay, cabrones, no paren! supliqué, uñas clavándose en sus hombros. El cuarto se llenó de jadeos, el slap slap de dedos en mi panocha chorreante, y el sabor salado de sus pieles cuando los besé a ambos. Rotamos: yo a cuatro patas, Alex embistiéndome por atrás con fuerza controlada, su verga llenándome hasta el fondo, cada cogida enviando ondas de placer que me nublaban la vista. Marco delante, su pija en mi boca, gruesa y venosa, saboreando a pre-semen salado mientras la mamaba profunda.

Qué rico te ves así, mi amor, cogida en trío como siempre soñaste, gruñó Alex, palmadas en mis nalgas resonando como aplausos. Sudor corría por sus pechos, goteando en mi espalda, caliente y pegajoso. Marco enredó sus dedos en mi pelo, guiando mi cabeza: Chúpala más hondo, nena, ¡así! Eres una diosa. El olor a sexo impregnaba todo: almizcle, sudor, jugos míos. Mi cuerpo temblaba, orgasmos construyéndose como olas gigantes. Primero uno pequeño cuando Alex aceleró, su verga rozando mi G-spot sin piedad.

Neta, esto es el paraíso, dos vergas me vuelven loca, no quiero que acabe nunca
.

Cambié de posición, montando a Marco boca arriba, su polla dura entrando en mí con un pop jugoso. Reboté, tetas saltando, sintiendo cada vena palpitar dentro. Alex detrás, lubricando mi ano con saliva y mis propios fluidos, dedo primero, luego dos, estirándome con cuidado. Relájate, reina, te vamos a llenar. Cuando su verga entró despacio en mi culo, grité de placer puro, el estirón ardiente convirtiéndose en éxtasis. Doblemente penetrada, cogida en trío de la forma más intensa, sus caderas chocando contra mí en ritmo perfecto. El sonido era obsceno: carne contra carne, gemidos roncos, mi panocha chorreando por sus bolas.

Marco pellizcaba mis pezones, duros como piedras, enviando chispas directas a mi clítoris. Alex mordía mi hombro, dejando marcas rojas que dolían rico. ¡Me vengo, pinches cabrones! chillé, el orgasmo explotando como volcán, paredes vaginales apretando a Marco, esfínter ordeñando a Alex. Ellos gruñeron, corriéndose casi al unísono: chorros calientes inundándome, semen goteando por mis muslos, olor espeso y pecaminoso. Colapsamos en un enredo de miembros sudorosos, pechos subiendo y bajando al unísono, el ventilador zumbando sobre nosotros.

En el afterglow, Alex me besó la frente, Marco acariciando mi pelo revuelto. ¿Fue tan bueno como imaginabas? preguntó Alex, voz suave ahora. Sonreí, cuerpo lánguido y satisfecho, piel aún hormigueando. Mejor, wey. La cogida en trío perfecta. Nos quedamos así, escuchando las olas romper afuera, el corazón latiendo en paz. Mañana sería otro día de sol y deseo, pero esta noche nos había unido más, explorando límites con confianza y amor. El tequila olvidado en la mesa brillaba bajo la luna, testigo de nuestra pasión desatada.

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