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Has Hecho Un Trío Inolvidable

7163 palabras

Has Hecho Un Trío Inolvidable

La noche en Polanco estaba caliente como el chile en nogada, con esa brisa ligera que traía olor a tacos de la calle y perfume caro de las morras que desfilaban por las banquetas. Tú, wey, acababas de llegar a ese antro de lujo donde la música reggaetón retumbaba en tus huesos, y el sudor ya empezaba a perlar tu frente. Habías salido con tu carnala virtual, la Lupe, esa chava de ojos verdes y curvas que te volvían loco desde el Tinder. Pero lo que no esperabas era que ella viniera con su amiga, la Carla, una culona de esas que hacen que se te pare la verga con solo una mirada.

Entraron las dos riendo, con vestidos ceñidos que dejaban poco a la imaginación. Lupe te abrazó fuerte, su tetas rozando tu pecho, y olía a vainilla y algo más, como a deseo fresco. "¡Órale, carnal! Ya llegaste, ¿verdad que sí?", te dijo con esa voz ronca mexicana que te erizaba la piel. Carla, a su lado, te escaneó de arriba abajo, mordiéndose el labio. "Él es el wey del que me platicaste, ¿no? Neta se ve chido." Tú sentiste el pulso acelerarse, el corazón latiéndote como tamborazo zacatecano. ¿Qué pedo? Dos morras así, pegadas a ti en la barra, pidiendo tequilas reposados.

La plática fluyó como el mezcal, entre chistes pendejos y roces "accidentales". Lupe te contaba de su chamba en una agencia de modelaje, mientras Carla, que era DJ en fiestas privadas, te rozaba la pierna con la suya. El aire se cargaba de tensión, ese cosquilleo en el estómago que sabes que va pa'l lado caliente.

¿Y si pasa algo? Neta, dos como ellas... ¿has hecho un trío alguna vez?
pensaste, mientras veías cómo Lupe le susurraba algo al oído a Carla y las dos reían, mirándote fijo.

El antro se llenó más, cuerpos bailando pegados, luces neón parpadeando en rojo y morado sobre piel morena sudorosa. Te invitaron a la pista, y ahí empezó lo bueno. Lupe se pegó a tu frente, moviendo las caderas al ritmo de "Despacito", su aliento caliente en tu cuello, sabroso a tequila y menta. Carla por detrás, sus manos en tu cintura, apretando tu culo. Sentías sus tetas contra tu espalda, firmes y calientes, y el roce de sus muslos contra los tuyos. El olor a perfume mezclado con sudor te mareaba, y tu verga ya estaba dura como piedra, presionando contra el pantalón.

"¿Te late, wey?", te murmuró Lupe al oído, lamiéndote el lóbulo. "Carla y yo hemos platicado de ti... queremos verte sudar." Tú solo pudiste asentir, la garganta seca, el deseo quemándote las venas. Salieron del antro los tres, riendo como pendejos, subiendo a un Uber hacia el depa de Lupe en Lomas. En el camino, las manos no paraban: Carla te besaba el cuello, mordisqueando suave, mientras Lupe te metía la mano por el pantalón, acariciando tu verga con dedos expertos. "Mira cómo está de dura, amiga. Este carnal nos va a chingar rico."

El depa era chido, con vista a la Reforma, luces tenues y una cama king size que gritaba trío. Apenas cerraron la puerta, Lupe te empujó contra la pared, besándote con hambre, su lengua danzando en tu boca, sabrosa como tamarindo dulce. Carla se quitó el vestido de un jalón, quedando en tanga negra y nada más, sus tetas grandes rebotando libres. Tú las mirabas, hipnotizado por esas curvas perfectas, piel olivácea brillando bajo la luz.

Neta, esto es real. Vas a hacer un trío con estas diosas mexicanas.

Te desvestiste rápido, tu verga saltando libre, venosa y lista. Lupe se arrodilló primero, lamiendo la punta con lengua juguetona, mientras Carla te besaba el pecho, chupando tus pezones hasta que gemiste. El sonido de sus succiones llenaba la habitación, mezclado con sus risitas cachondas. "¡Qué rica verga, wey! Más grande de lo que imaginé." Olía a sexo ya, ese aroma almizclado de panochas húmedas y piel caliente. Lupe te la tragaba entera, garganta profunda, mientras Carla te masajeaba las bolas, suave pero firme.

Cambiaron posiciones en la cama, tú en medio como rey. Lupe se subió a tu cara, su panocha depilada rozando tus labios, jugosa y salada al gusto. La lamiste con ganas, sintiendo sus jugos correr por tu barbilla, mientras ella gemía "¡Sí, carnal, así! Come mi concha." Carla montó tu verga, bajando despacio, centímetro a centímetro, su calor apretado envolviéndote. "¡Ay, pinche verga gruesa! Me estira rico." El slap-slap de su culo contra tus muslos resonaba, sudor goteando de sus cuerpos al tuyo.

La tensión subía como volcán, sus cuerpos moviéndose en sincronía. Tú las tocabas everywhere: las nalgas redondas de Carla, duras como melón; las tetas pesadas de Lupe, pezones duros como piedras. Intercambiaron, Carla en tu boca ahora, su sabor más intenso, terroso y dulce, mientras Lupe cabalgaba tu verga con furia, sus paredes contrayéndose.

Esto es el paraíso, wey. Sus gemidos, su piel resbalosa, todo te lleva al borde.
Ellas se besaban encima de ti, lenguas enredadas, manos en tetas ajenas, y tú sentías el clímax acercándose, ese nudo en el estómago apretándose.

Escalaron más: Lupe se puso a cuatro, pidiéndote "Chíngame duro, papi." Tú embestiste, profundo y rápido, el sonido húmedo de carne contra carne. Carla debajo de ella, lamiendo donde se unían, su lengua rozando tu verga y las bolas. Gemidos en stereo, "¡Más! ¡Sí, joder!" El cuarto apestaba a sexo puro, sudor, jugos, y ese olor animal que enloquece. Cambiaron otra vez, tú de pie, Lupe y Carla arrodilladas chupándote a dúo: una las bolas, otra la verga, mirándote con ojos de perra en celo.

El pico llegó como tsunami. Tú las pusiste a las dos a cuatro, alternando embestidas: cinco en Lupe, cinco en Carla, sus culos rebotando, manos apretando sábanas. "¡Me vengo, cabrón! ¡Dame leche!" gritó Lupe primero, temblando, su panocha ordeñándote. Carla la siguió, arqueando la espalda, "¡Sí, en mi cara, wey!" Tú explotaste, sacándola y rociando chorros calientes en sus caras abiertas, lenguas fuera, tragando y lamiendo mutuamente.

Colapsaron los tres en la cama, cuerpos enredados, respiraciones jadeantes calmándose. Sudor enfriándose en la piel, besos suaves ahora, caricias perezosas. Lupe te limpió la verga con la lengua, pícara, mientras Carla te abrazaba por detrás. "Neta, has hecho un trío de puta madre. ¿Vienes seguido?" te dijo Lupe, riendo bajito. Tú solo sonreíste, el cuerpo pesado de placer, el corazón lleno.

La madrugada entró por las cortinas, con olor a café que Carla preparó después. Se quedaron platicando en la cama, desnudos y sin pudor, compartiendo anécdotas pendejas de la noche.

Esto no fue solo sexo, wey. Fue conexión, risas, deseo compartido. Un trío que te marcó el alma.
Lupe te dio su número otra vez, "Pa' la próxima, carnal. Con más amigas si quieres." Saliste al amanecer, piernas flojas, pero con una sonrisa que no se borraba. Polanco despertaba, y tú sabías que habías vivido algo épico, inolvidable, mexicano hasta los huevos.

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