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Juego de Palabras con Tra Tre Tri

7273 palabras

Juego de Palabras con Tra Tre Tri

La fiesta en el roof top de un depa en la Condesa bullía con esa vibra mexicana que te hace sentir vivo. El sol ya se había escondido detrás de los edificios, dejando un cielo morado salpicado de luces de la ciudad. Olía a mezcal ahumado, a carne asada de los taqueros ambulantes abajo y a las gardenias que decoraban las mesas. Tú, con tu camisa guayabera entreabierta por el calor pegajoso de la noche, tomas un trago de tu chela helada cuando la ves. Ella, Karla, con su falda plisada negra que rozaba sus muslos morenos, blusa escotada que dejaba ver el valle entre sus pechos firmes. Su risa era como un cascabel, cortando el ruido de la cumbia sonidera.

Te acercas, casual, con esa confianza que traes de nacido en el DF. Qué chingona, neta, piensas mientras le extiendes la mano. "Qué onda, soy Alex", dices, y ella te sonríe con labios carnosos pintados de rojo. "Karla, güey. ¿Vienes seguido a estas desmadres?". Charlan de pendejadas: el tráfico infernal de Insurgentes, el último partido del América, cómo el mezcal quema rico en la garganta. Pero hay algo en su mirada, un brillo juguetón, como si te midiera, te oliera el deseo que ya te picaba en la piel.

De pronto, en un rincón apartado con cojines mullidos y luces tenues de faroles, ella saca un shot de tequila y te reta. "Órale, juguemos algo. ¿Conoces las palabras con tra tre tri? Es como un trago verdad o reto, pero con palabras que lleven esas sílabas. La que no diga, se avienta el trago doble". Su voz baja un tono, ronca, y sientes el calor de su aliento con olor a limón y sal cerca de tu oreja. Esto se va a poner bueno, internalizas, mientras el pulso te late fuerte en las sienes.

¿Qué carajos son palabras con tra tre tri? Suena inocente, pero en su boca todo parece promesa de placer.

Empiezas tú. "Tractor", dices, y ella se ríe, echando la cabeza atrás, dejando ver el cuello suave que quieres morder. "Trae", responde ella, mirándote fijo. "Traes una mirada que me trae loca". El juego fluye, risas mezcladas con miradas que queman. "Tremendo", sueltas, y ella arquea una ceja. "Tremendo verga traes, ¿no?". El aire se espesa, el sonido de la fiesta se aleja como un eco. Sientes el roce accidental de su rodilla contra la tuya, piel cálida, suave como seda bajo el vestido.

El mezcal hace su magia, afloja lenguas y cuerpos. "Tragar", dices bajito, y ella se lame los labios, el sabor imaginario de tu piel ya en su mente. "Yo trago todo lo que me des", murmura, su mano posándose en tu muslo, dedos trazando círculos lentos que suben peligrosamente. El olor de su perfume, jazmín mezclado con su sudor ligero, te invade las fosas nasales. Tu verga ya despierta, dura contra los jeans, palpitando con cada palabra. "Trio", ella susurra, y tú sientes el tirón en el estómago. "¿Quieres un trio conmigo y mis palabras con tra tre tri prohibidas?".

La tensión crece como una tormenta de verano. Sus dedos aprietan tu pierna, y tú deslizas la mano por su espalda, sintiendo el calor irradiar de su cuerpo. El mundo se reduce a eso: su respiración acelerada rozando tu cuello, el sabor salado cuando roza tus labios en un beso tentativo. "Vamos adentro", dice ella, voz temblorosa de anticipación. Te levantan, el corazón tronando como tambores en una conga. Caminan por el pasillo oscuro del depa, risas lejanas, hasta un cuarto con cama king size, sábanas blancas oliendo a lavanda fresca.

La puerta se cierra con clic suave, y ahí estalla el medio. Ella te empuja contra la pared, labios chocando con hambre. Su boca sabe a tequila dulce y deseo puro, lengua danzando con la tuya en un torbellino húmedo. Manos por todos lados: las tuyas amasando sus nalgas redondas, firmes bajo la falda, sintiendo la tanga de encaje que apenas las cubre. Ella gime bajito, un sonido gutural que vibra en tu pecho. "Tratame como puta tuya", susurra contra tu boca, y tú obedeces, levantándola para cargarla a la cama.

Le arrancas la blusa, pechos perfectos saltando libres, pezones oscuros endurecidos como chocolate. Los chupas, saboreando la piel salada, el olor almizclado de su excitación subiendo desde entre sus piernas. Ella arquea la espalda, uñas clavándose en tus hombros, dejando marcas rojas que arden delicioso. " Tremenda chúpala", jadea, y tú bajas, besando el vientre plano, lamiendo el ombligo, hasta llegar a la falda. Se la quitas de un tirón, tanga empapada pegada a su panocha hinchada, labios mayores relucientes de jugos.

La pruebas, lengua hundiéndose en su calor líquido, sabor ácido dulce como tamarindo maduro. Ella grita, caderas moviéndose contra tu cara, manos enredadas en tu pelo tirando fuerte. "¡Trilla mi clítoris, cabrón!", ordena, y tú lo haces, chupando el botón hinchado hasta que tiembla entera, orgasmos rodando uno tras otro como olas en Acapulco. Su cuerpo convulsiona, jugos bañándote la barbilla, olor intenso de sexo llenando la habitación.

Neta, esta morra es fuego puro. Cada palabra con tra tre tri sale de su boca como un conjuro que me enciende más.

Te desnudas rápido, verga saltando libre, tremenda y venosa, goteando pre-semen. Ella la agarra, mano suave pero firme, masturbándote lento mientras lame la cabeza, sabor salado en su lengua. "La voy a tragar hasta el fondo", promete, y lo hace, garganta profunda envolviéndote en calor húmedo, arcadas suaves que vibran delicioso. Tú gimes, caderas empujando, el sonido chapoteante de su boca chupando ecoando.

No aguantas más. La volteas a cuatro patas, nalgas empinadas invitándote. Empujas lento, sintiendo su coño apretado tragándote centímetro a centímetro, paredes aterciopeladas masajeando tu verga. "¡Qué triste si no me rompes!", ruega ella, y acelera el ritmo, pellizcos en sus caderas, piel chocando con palmadas sonoras. Sudor perlando vuestros cuerpos, mezclándose en riachuelos salados. El cuarto huele a sexo crudo, gemidos mezclados con el zumbido lejano de la fiesta.

Cambian posiciones: ella encima, cabalgándote como amazona, pechos rebotando hipnóticos. Tú aprietas sus tetas, pellizcas pezones, mientras ella gira las caderas, coño apretando en espiral. "¡Trae tu leche, lléname!", grita, y el clímax te golpea como rayo. Eyaculas dentro, chorros calientes llenándola, ella viniéndose otra vez, paredes ordeñándote hasta la última gota. Colapsan juntos, cuerpos pegajosos, respiraciones jadeantes calmándose poco a poco.

En el afterglow, yacen enredados, sábanas revueltas oliendo a vosotros. Su cabeza en tu pecho, dedo trazando patrones en tu piel. "Ese juego de palabras con tra tre tri fue lo máximo", murmura con risa perezosa. Tú besas su frente, sabor salado. "Repetimos cuando quieras, nena". El mundo afuera sigue girando, pero aquí, en este nido de placer, queda el eco de susurros ardientes, promesas de más noches locas. Mañana, números intercambiados, pero esta noche, el deseo satisfecho deja un calor que dura.

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