Pruébame Letra en Español
El antro en Polanco estaba a reventar esa noche, con luces neón parpadeando como estrellas locas y el bajo del reggaetón retumbando en el pecho de todos. Tú, con tu camisa ajustada sudando un poco por el calor del cuerpo a cuerpo, pediste un chela fría en la barra. Ahí la viste: Karla, una morra de curvas que quitaban el hipo, cabello negro largo cayéndole por la espalda como una cascada de medianoche, labios rojos brillando bajo las luces. Llevaba un vestido rojo ceñido que dejaba poco a la imaginación, y sus ojos cafés te clavaron cuando se acercó bailando al ritmo de la música.
Órale, esta chava está cañona, pensaste, mientras ella se pegaba a ti sin pedir permiso, pero con una sonrisa que gritaba consígueme. El DJ soltó "Try Me" de Jason Derulo, y Karla se rio bajito, su aliento cálido rozándote la oreja.
—
Wey, ¿sabes la letra? Búscame try me letra en español en tu cel —te dijo, con esa voz ronca que erizaba la piel.
Tú sacaste el teléfono rápido, el corazón latiéndote como tambor. Las palabras aparecieron: "Pruébame, ve lo que pasa... si quieres guerra, yo te doy". Ella te quitó el cel, leyó en voz alta pegadita a ti, su cadera frotándose contra la tuya al ritmo. El olor de su perfume, vainilla y algo picante, te invadió las fosas nasales. Sus manos subieron por tus brazos, uñas pintadas de rojo arañando suave.
—Pruébame entonces —susurró, mordiéndose el labio inferior, sus pechos presionando tu torso.
La tensión creció como fuego lento. Bailaron así media hora, cuerpos enredados, sudor mezclándose. Cada roce era eléctrico: su nalga firme contra tu entrepierna endureciéndose, tus manos en su cintura de avispa. Neta, esta morra me va a volver loco, martilleaba en tu cabeza. Al final de la canción, ella te jaló de la mano hacia la salida, el aire fresco de la noche golpeándolos como un bálsamo.
—Vamos a mi depa, está cerca. Quiero que me pruebes de verdad —dijo, subiéndose a un Uber, su muslo pegado al tuyo en el asiento trasero.
En el trayecto, no pararon de besarse. Sus labios sabían a tequila y cereza, lengua juguetona explorando tu boca con hambre. Tus dedos se colaron bajo el vestido, sintiendo la piel suave y caliente de sus muslos, el encaje de su tanga húmeda ya. Ella gimió bajito, ay wey, apretando tu paquete por encima del pantalón. El chofer miró por el retrovisor, pero ¿quién chingados se fijaba?
Llegaron al edificio moderno en Lomas, elevador subiendo con ellos besándose contra las paredes de espejo. Su depa era chido: luces tenues, cama king size con sábanas de satén negro, velas aromáticas a jazmín encendidas. Karla te empujó suave contra la puerta, quitándote la camisa con dientes, lamiendo tu pecho mientras desabrochaba tu cinturón.
—
A ver si aguantas mi letra en español, pendejo sexy—rió, arrodillándose para bajarte el pantalón.
Acto dos, la cosa se puso intensa. Tú la levantaste en brazos, sus piernas envolviéndote la cintura, caminando a la cama mientras se devoraban. La tiraste suave, el colchón hundiéndose bajo su peso. Le subiste el vestido, exponiendo tetas perfectas, pezones duros como piedras preciosas. Los chupaste, succionando fuerte, ella arqueando la espalda con un ¡órale, sí!, uñas clavadas en tu nuca. Olía a sexo ya, ese aroma almizclado de excitación mezclándose con el jazmín.
Pero no era solo físico. En su mirada había algo más: quiero que me conozcas, que me pruebes hasta el fondo. Tú bajaste lento, besando su ombligo, el hueso de la cadera, hasta llegar al centro. Su coño depilado brillaba húmedo, labios hinchados invitándote. Lamiste despacio, lengua plana saboreando su salado dulce, clítoris palpitando bajo tus labios. Ella se retorcía, caderas levantándose, gemidos subiendo de tono: ¡No pares, cabrón, así!. Metiste dos dedos, curvándolos adentro, sintiendo sus paredes contraerse, jugos chorreando por tu mano.
—
Try me, try me... pruébame más—jadeaba, recitando la letra entre espasmos, su voz quebrada por el placer.
La pusiste boca abajo, nalga en pompa, y entraste de una. Su calor te envolvió como guante de terciopelo mojado, apretándote fuerte. Embestidas lentas al principio, sintiendo cada centímetro, piel chocando con palmadas resonantes. Sudor goteando, el sonido húmedo de follada llenando la habitación. Ella volteó la cara, ojos vidriosos: te quiero adentro todo, wey. Aceleraste, bolas golpeando su clítoris, ella gritando en mexicano puro: ¡Chíngame duro, pendejo!.
Internamente, luchabas:
Esta morra es fuego puro, no quiero acabar ya, pero su coño me aprieta como nunca. Cambiaron posiciones, ella encima, cabalgando como amazona, tetas rebotando, cabello azotando tu cara. Sus manos en tu pecho, uñas marcando, mientras recitaba pedazos de try me letra en español entre jadeos: "Si quieres mi amor, toma todo". El ritmo subió, pulsos acelerados sincronizados, olor a sexo denso en el aire.
La tensión llegó al pico. Tú debajo, embistiendo arriba, ella temblando. Voy a venirme, pensaste, y ella lo sintió:
—
¡Dame todo, pruébame!—gritó.
El orgasmo la sacudió primero, coño convulsionando ordeñándote, chorros calientes mojando sábanas. Tú explotaste segundos después, semen caliente llenándola, pulsos interminables. Cayeron enredados, respiraciones agitadas, piel pegajosa de sudor y fluidos. Besos suaves ahora, lenguas perezosas.
En el afterglow, Karla se acurrucó en tu pecho, dedo trazando círculos en tu piel. El cuarto olía a ellos, a pasión consumada. Afuera, la ciudad zumbaba lejana.
—Neta, wey, me probaste chido. Esa letra en español nos prendió —murmuró, riendo bajito.
Tú sonreíste, acariciando su cabello húmedo. Esto no acaba aquí, supiste. La noche se estiró en caricias, promesas mudas, el eco de "pruébame" resonando en vuestras mentes. Mañana sería otro día, pero esta conexión, carnal y profunda, quedaría grabada como tatuaje invisible.