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El Tri Wallpaper que Enciende Pasiones

6894 palabras

El Tri Wallpaper que Enciende Pasiones

Estaba en mi depa en Polanco, con el sol de la tarde colándose por las cortinas blancas, haciendo que todo oliera a café recién molido y a mi perfume de vainilla. Agarré mi cel y me puse a buscar wallpapers nuevos, porque el mío ya estaba más quemado que taquero en hora pico. De repente, di con uno que se llamaba Tri Wallpaper. Neta, la imagen me dejó con la boca abierta: tres cuerpos entrelazados en una danza de pieles bronceadas, curvas perfectas rozándose, labios entreabiertos en un gemido silencioso. Las sombras jugaban en sus músculos tensos, y el brillo del sudor hacía que pareciera que podías lamer la pantalla. Mi pulso se aceleró, sentí un calor subiendo por mis muslos, y sin pensarlo, lo puse de fondo.

¿Qué carajos me pasa? Este Tri Wallpaper me tiene imaginando cosas que ni en mis sueños más locos.

Me recosté en el sofá de terciopelo gris, mis dedos rozando la tela suave mientras mi mente volaba. Recordé a mis compas de toda la vida, Carla y Diego. Carla, con su melena negra salvaje y esas tetas que siempre asoman juguetones en sus blusas escotadas; Diego, alto, moreno, con esa sonrisa pícara que dice "te como con los ojos". Habíamos coqueteado mil veces, pero nunca cruzamos la línea. ¿Y si hoy era el día? Les mandé un whatss: "Wey, vengan al depa, traigan chelas y ganas de fiesta. Tengo algo chido que ver". Minutos después, el timbre sonó como un latido ansioso.

Carla entró primero, oliendo a jazmín y tequila, abrazándome fuerte, sus pechos presionando contra los míos en un roce eléctrico. "¡Qué onda, Ana! ¿Qué traes?", dijo riendo, mientras Diego la seguía, cargando una six de coronas frías, su camisa ajustada marcando el pecho firme. Nos sentamos en la terraza, con vista al skyline de la Ciudad, el viento cálido trayendo ecos de la avenida. Abrí mi cel y les mostré el Tri Wallpaper. "Miren esto, neta está cañón". Carla se acercó, su aliento caliente en mi cuello. "¡No mames, qué caliente! Esos tres se la están pasando bomba". Diego soltó una carcajada ronca: "Parece que nos invitan a unirnos, ¿no?". Nuestras miradas se cruzaron, cargadas de promesas, y el aire se espesó como miel caliente.

Las chelas corrían frías por nuestras gargantas, el sabor amargo mezclándose con la sal de las botanas. Hablábamos de todo y nada, pero el elefante en la habitación era ese wallpaper. Carla rozó mi pierna con la suya, un toque casual que no lo era. "Tri Wallpaper, ¿eh? Tres es mejor que dos, ¿verdad, Ana?". Su voz era un ronroneo, y sentí mi piel erizarse, pezones endureciéndose bajo la blusa de encaje. Diego se inclinó, su mano grande posándose en mi rodilla. "Si quieres, podemos hacer realidad esa imagen". Mi corazón tronaba como tambores en una fiesta de pueblo. Sí, quíero. Asentí, y el mundo se volvió tacto y deseo.

Nos movimos al cuarto, la luz tenue de las velas de lavanda parpadeando en las paredes. Carla me besó primero, sus labios suaves y húmedos saboreando a fresa de su gloss, lengua danzando con la mía en un duelo juguetón. Diego nos observaba, su respiración pesada, mientras se quitaba la camisa revelando abdominales duros como piedra. "Son unas diosas", murmuró, uniéndose. Sus manos ásperas bajaron por mi espalda, desabrochando mi bra, liberando mis tetas al aire fresco. Carla las lamió, su lengua caliente trazando círculos, enviando chispas directo a mi entrepierna. Gemí bajito, el sonido ahogado por el beso de Diego, que sabía a cerveza y hombre.

Esto es mejor que cualquier sueño. Sus cuerpos contra el mío, piel con piel, el olor a sexo empezando a llenar la habitación.

Me tendieron en la cama king size, sábanas de algodón egipcio crujiendo bajo nosotros. Diego se arrodilló entre mis piernas, besando mi vientre, bajando lento hasta mi tanga empapada. La quitó con dientes, el roce enviando ondas de placer. "Estás chorreando, preciosa", dijo con voz grave, y hundió la cara en mi panocha. Su lengua experta lamía mi clítoris, succionando suave, mientras sus dedos gruesos entraban y salían, curvándose justo ahí, en el punto que me hace ver estrellas. Carla se sentó en mi cara, su concha rosada y jugosa rozando mis labios. La probé, salada y dulce, lamiendo con hambre mientras ella gemía "¡Así, Ana, chúpame rico!". Sus caderas se mecían, jugos corriendo por mi barbilla.

El ritmo crecía, sudores mezclándose, el slap slap de pieles chocando, gemidos subiendo como una sinfonía. Cambiamos posiciones: yo encima de Diego, su verga dura como fierro entrando en mí de un empujón lento, llenándome hasta el fondo. "¡Qué apretadita, wey!", gruñó él, manos en mis nalgas guiándome arriba-abajo. Carla se pegó a mi espalda, tetas presionando, dedos jugando mi ano mientras besaba mi cuello. Mordisqueaba suave, susurrando "Tri Wallpaper en vivo, ¿eh? Te sientes increíble". El placer se acumulaba, tenso como cuerda de guitarra, cada embestida mandando ondas por mi cuerpo.

Diego me volteó, ahora de perrito, su verga martillando profundo, bolas golpeando mi clítoris. Carla debajo, lamiendo donde nos uníamos, lengua en mi botón y en sus huevos. "¡No pares, cabrones!", grité, voz ronca. El olor a sexo era espeso, almizcle y sudor, pieles resbalosas. Sentí el orgasmo venir, un tsunami building. "¡Me vengo!", aullé, cuerpo convulsionando, paredes apretando su verga como puño. Diego rugió, llenándome con chorros calientes, mientras Carla se frotaba contra mi muslo, viniéndose con un grito agudo, jugos empapando todo.

Colapsamos en un enredo de miembros, pechos agitados, risas jadeantes rompiendo el silencio. El aire olía a nosotros, satisfechos y pegajosos. Carla trazó círculos en mi piel con uñas pintadas rojo. "Neta, ese Tri Wallpaper fue el detonante perfecto". Diego besó mi frente, su barba raspando suave. "Repetimos cuando quieran, mis reinas". Me acurruqué entre ellos, el calor de sus cuerpos envolviéndome como manta viva. Afuera, la ciudad zumbaba indiferente, pero adentro, todo era paz y promesas.

Quién iba a decir que un simple wallpaper cambiaría todo. Ahora, cada vez que lo veo, sonrío sabiendo lo que desató.

Nos duchamos juntos después, agua caliente cayendo como lluvia tropical, jabón de coco esparciéndose en espuma resbalosa. Manos explorando sin prisa, besos lánguidos bajo el chorro. Salimos envueltos en toallas, pidiendo unos tacos de suadero por app, riendo de tonterías. Esa noche, durmió conmigo los dos, piernas entrelazadas, sueños dulces teñidos de pasión. Al día siguiente, el Tri Wallpaper seguía en mi cel, pero ahora era más que una imagen: era el inicio de algo chingón, un lazo de deseo mutuo que nos unía más fuerte que nunca.

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