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Tricat Trio en Calor

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Tricat Trio en Calor

La noche en Polanco estaba viva, con el aire cargado de ese olor a jazmín y tequila premium que solo se huele en los antros chidos de la colonia. Tú, un carnal de veintiocho años que labora en marketing y que se sabe el perreo de memoria, entras al Club Felino, un lugar exclusivo donde la crema y nata de la Ciudad de México se suelta el pelo. Las luces neón parpadean como gatas juguetones, y el DJ pone un remix de cumbia rebajada que te hace vibrar los huesos.

De repente, el show principal arranca. Tres morras salen al escenario, y órale, qué chingonería. Son el Tricat Trio, las reinas del burlesque felino: Ana, con su melena negra como medianoche y curvas que hipnotizan; Luisa, rubia oxigenada con ojos verdes que te clavan como uñas; y Carla, la morocha tetona con labios carnosos que prometen pecados. Vestidas con trajes de gato ajustados —orejas puntiagudas, colas que se menean, y tacones que chasquean contra la tarima—, empiezan a bailar. Sus cuerpos se rozan, se arquean, y el sudor brilla bajo las luces como rocío en piel ardiente.

Tú sientes un cosquilleo en la verga solo de verlas. Neta, estas pendejas son puro fuego, piensas, mientras tomas un trago de tu paloma. Ana se lame los labios pintados de rojo, Luisa araña el aire con guantes de terciopelo negro, y Carla se contonea bajito, rozando su culo contra las de sus carnalas. El público ruge, pero tus ojos no se despegan. Ellas te miran directo, como si supieran que estás ahí, listo para caer en su trampa gatuna.

¿Y si me invitan? No mames, sería el tiro de mi vida con el Tricat Trio.

El acto termina en un clímax de gemidos fingidos y confeti plateado que huele a vainilla y deseo. Tú aplaudes como loco, y cuando bajas la mano, Ana te guiña el ojo desde el escenario. ¿Coincidencia? Ni madres.

Acto dos: la escalada. Te vas al bar por otro trago, y de pronto, un roce suave en la espalda. "Ey, guapo, ¿te late nuestro show?", susurra Luisa en tu oído, su aliento cálido oliendo a menta y ron. Te volteas y ahí están las tres, aún con restos de maquillaje felino, sudadas y radiantes. "Soy Ana, ella Luisa, y esta es Carla. ¿Vienes a la after en nuestra casa? Es aquí cerquita, en una penthouse chida".

No lo piensas dos veces. "¡Claro, nenas! Me muero por ver más del Tricat Trio de cerca". Suben a un Uber contigo, apretujadas en el asiento trasero. Sus muslos rozan el tuyo, calientes como brasas. Carla pone su mano en tu rodilla, subiendo despacito. "Nos traes bien puestas, wey. ¿Listo para ronronear?". Ríes nervioso, el corazón latiéndote como tambor en fiesta patronal. El taxi huele a sus perfumes mezclados: flores exóticas, piel salada, y ese aroma inconfundible de panochas húmedas anticipando joda.

Llegan a la penthouse en Reforma, un depa de lujo con vistas al Ángel y terraza infinita. Luces tenues, velas de vainilla encendidas, y una playlist de reggaetón suave. "Quítate la playera, carnal", ordena Ana juguetona, mientras Luisa te sirve un shot de tequila reposado. Te la quitas, y ellas tres se acercan como gatas en celo. Carla te besa primero, sus labios suaves y jugosos, saboreando a fresa y picardía. "Mmm, qué rico sabes", murmura.

Luisa se pega por detrás, sus tetas firmes presionando tu espalda, lamiéndote el cuello. "Siente cómo estamos de calientes por ti". Ana se arrodilla despacito, desabrochándote el cinturón con dientes. Tu verga salta libre, dura como piedra, palpitando al aire fresco. Chin güey, esto es real. El tacto de sus manos es eléctrico: uñas rozando tu piel, lenguas explorando cada centímetro.

Quiero comérmelas enteras, neta no aguanto más.

Las llevas a la recámara king size, con sábanas de satén negro que crujen bajo los cuerpos. Se quitan los trajes de gata, revelando pieles perfectas, depiladas, brillando de sudor. Ana te empuja a la cama, montándote a horcajadas. Su panocha resbalosa roza tu verga, caliente y empapada. "Métemela ya, pendejo", gime, guiándote adentro. Entras despacio, sintiendo cada pliegue apretarte, su calor envolviéndote como terciopelo mojado.

Luisa se sube a tu cara, su chochito depilado oliendo a miel y deseo, jugos chorreando. "Chúpame, wey, hazme ronronear". Tu lengua se hunde, saboreando su salado dulce, lamiendo el clítoris hinchado mientras ella se menea, gimiendo "¡Ay, sí, qué chido!". Carla se une, chupando tus bolas, lamiendo donde Ana te cabalga. Los sonidos llenan la habitación: chapoteos húmedos, jadeos roncos, piel contra piel plaf plaf.

Cambian posiciones como en su show, fluidas y expertas. Tú de perrito con Luisa, su culo redondo rebotando mientras la chingas fuerte, sus nalgas abofeteándote. "¡Más duro, carnal, rómpeme!". Ana y Carla se besan encima, tetas rozándose, dedos metiéndose mutuamente. El olor a sexo es espeso, sudor goteando, pulsos acelerados latiendo en oídos. Sientes la tensión crecer, bolas apretadas, verga hinchándose más.

Luisa grita primero, su panocha contrayéndose en orgasmos que te aprietan como puño. "¡Me vengo, wey, no pares!". Ana toma el relevo, abriéndose de piernas para que la penetres profundo, sus ojos verdes clavados en ti. "Dame todo, hazme tu gatita". Carla te masturba la base, lamiendo donde entras y sales, su lengua juguetona.

La intensidad sube: gemidos se convierten en alaridos, "¡Chíngame! ¡Qué rico tu verga! ¡Tricat Trio te va a ordeñar!". Tu mente es niebla de placer, cada nervio encendido, el sabor de sus jugos en tu boca, el tacto resbaloso de pieles entrelazadas.

Acto tres: la liberación. No aguantas más. "Me vengo, nenas", ruges, y Ana aprieta las caderas. Explosiones de placer te sacuden, semen caliente llenándola mientras ella se corre otra vez, uñas clavándose en tu pecho. Luisa y Carla se turnan lamiendo el desborde, besándote con bocas llenas de tu leche, compartiendo sabores en un beso tríplice que tú te unes.

Colapsan a tu lado, cuerpos entrelazados, respiraciones agitadas calmándose. El aire huele a sexo consumado, pieles pegajosas de sudor y fluidos. Ana acaricia tu pecho. "Eres el carnal perfecto para el Tricat Trio, ¿regresarás?". Luisa ronronea: "Neta, fue épico". Carla besa tu hombro: "Nuestro gatito favorito".

Tú sonríes, exhausto y pleno, mirando el amanecer por la ventana. Esta noche con el Tricat Trio cambió todo. No hay arrepentimientos, solo promesas de más noches felinas, deseo satisfecho pero ya latiendo de nuevo.

¿Quién diría que tres gatas me harían volar así? Mañana pido revancha.

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