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Probando Ropa Porno en el Vestidor

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Probando Ropa Porno en el Vestidor

Entras a la boutique en Polanco, el aire acondicionado te roza la piel como una caricia fresca contra el bochorno de la Ciudad de México. Neta, wey, piensas mientras miras los maniquíes con vestidos ceñidos que gritan sexo. Tu novio, Marco, te sigue con esa sonrisa pícara, sus ojos café devorándote ya desde la entrada. Llevan meses juntos, pero hoy sientes esa chispa extra, como si el calor del verano les hubiera inyectado testosterona al doble. "Órale, mami, prueba ese rojo que te va a hacer ver como diosa", te dice él, su voz grave rozándote el oído mientras te pasa el vestido por la espalda. Su aliento huele a café con canela del desayuno, y sientes un cosquilleo en la nuca.

Te metes al vestidor amplio, con espejo de cuerpo entero y una sillita para él. Cierras la cortina, pero no del todo, dejando una rendija juguetona. Te quitas la blusa sudada, el sostén negro ajustado liberando tus tetas con un plop suave. El espejo te devuelve la imagen: pezones endurecidos por el aire frío, piel morena brillando un poco de sudor.

¿Y si esto se pone como ese trying on clothes porn que vimos anoche? Neta, me muero por ver si él se anima.
Piensas en el video, esa morra probándose lencería mientras el vato la comía con los ojos hasta que la cortina voló y terminaron enredados.

Te pones el vestido rojo, ceñido como segunda piel, el escote profundo mostrando el valle de tus senos. Sale hasta medio muslo, rozando tus nalgas firmes. Girando, sientes la tela suave contra tus muslos, un roce que ya te humedece la entrepierna. "¡Marco, ven a ver!", llamas con voz ronca. Él entra rápido, la cortina susurra al cerrarse. Sus ojos se agrandan, pupila dilatada como en trance. "¡Carajo, amor! Estás riquísima, pareces salida de un sueño sucio". Se acerca, sus manos grandes posándose en tus caderas, el calor de sus palmas traspasando la tela delgada.

El espacio es chiquito, sus cuerpos pegados inevitablemente. Huele a su colonia cítrica mezclada con tu perfume vainillado, un aroma que te enciende el vientre. Sus dedos aprietan suave, bajando por tus muslos. Touch: la aspereza de sus callos de gym contra tu piel tersa. "Prueba el negro ahora, wey, a ver si me convences más", murmuras juguetona, girándote para que te baje el zipper. El sonido metálico del cierre es como un susurro prometedor. Baja lento, rozando tu espinazo, erizándote la piel. El vestido cae a tus pies con un shhh sedoso, dejándote en tanga y sostén.

Marco traga saliva, su pecho subiendo y bajando rápido. Ves el bulto en sus jeans, duro como piedra.

Mierda, esto es puro trying on clothes porn en vivo, pero mejor porque es neta mi vato.
Te volteas, presionas tus tetas contra su torso, sintiendo los latidos de su corazón galopando. "Ayúdame con el otro, pendejo", le dices riendo bajito, pasándole la falda negra corta. Él la desliza por tus piernas, arrodillándose. Su aliento caliente en tu monte de Venus, el roce de sus labios contra la tela de la tanga. Sientes tu clítoris hincharse, humedad empapando el encaje.

Se levanta despacio, su verga presionando contra tu vientre a través de la tela. "No mames, estás mojadísima ya", gruñe, su mano colándose entre tus piernas. Dedos gruesos rozan tu raja, resbalosos por tus jugos. Gimes bajito, el sonido ahogado en su boca cuando te besa. Lenguas enredadas, sabor a menta y deseo, succionando como si quisieran devorarse. Sus caderas se mueven instintivas, frotándose contra ti. El vestidor huele a sexo incipiente, ese almizcle dulce de tu excitación mezclándose con su sudor masculino.

La falda queda a medio poner, enrollada en tu cintura como cinturón erótico. Lo empujas a la sillita, te subes a horcajadas. "Esto es lo que querías, ¿verdad? Probar ropa hasta que nos calienten como en ese porno", le susurras al oído, mordisqueando su lóbulo. Él gime, manos amasando tus nalgas, separándolas. Sientes el aire fresco en tu ano expuesto, un escalofrío delicioso. Desabrochas sus jeans, liberas su verga gruesa, venosa, goteando precum. La piel caliente, aterciopelada bajo tus dedos. La acaricias lento, sintiendo el pulso acelerado, el olor salado subiendo a tu nariz.

Escalada: bajas la cabeza, lengua lamiendo la punta, sabor salobre y adictivo. Él echa la cabeza atrás, "¡Chíngame la boca, mami!", jadea, dedos enredados en tu pelo. Chupas profundo, garganta relajada, saliva chorreando por su tronco. El sonido obsceno de succión llena el vestidor, mezclado con sus gruñidos roncos. Tus tetas rozan sus muslos, pezones duros como piedritas. Tu chucha palpita vacía, necesitando llenarse. Te levantas, quitas la tanga de un jalón, jugos filando desde tu raja.

Te sientas en su verga de un golpe, empalándote. ¡Aaaah! El estiramiento quema rico, paredes vaginales abrazándolo como guante. Cabalgas lento al principio, sintiendo cada vena rozando tu interior. Sus manos en tus caderas guían el ritmo, subiendo a pellizcar tus pezones. Dolor-placer que te hace arquear. "¡Más duro, wey! Fóllame como en ese trying on clothes porn, pero con huevos", le exiges, uñas clavándose en su pecho. Él obedece, embiste desde abajo, plaf plaf de carne contra carne, sudor perlando sus abdominales.

El espejo refleja todo: tu cara de puta en éxtasis, tetas rebotando, su verga entrando y saliendo brillosa de tus jugos. El olor es intenso, sexo puro, pieles resbalosas. Gimes más alto, mordiéndote el labio para no alertar a la vendedora.

Esto es chido, puro fuego mexicano, nadie nos para.
Cambian posición: él te pone de espaldas al espejo, piernas abiertas. Entra de nuevo, profundo, golpeando tu punto G. Sus bolas azotan tu clítoris, chispas de placer subiendo por tu espina. "¡Te voy a llenar, amor! ¿Quieres mi leche?", jadea. "¡Sí, cabrón, córrete adentro!", respondes, contrayendo tu coño alrededor de él.

El clímax te golpea como ola: contracciones violentas, jugos chorreando por sus muslos, grito ahogado en su hombro. Él ruge bajito, verga hinchándose, chorros calientes pintando tus paredes. Sienten los espasmos mutuos, cuerpos temblando pegados. Sudor goteando, respiraciones entrecortadas. Se desliza fuera, semen escurriendo por tu muslo, tacto tibio y pegajoso.

Afterglow: te sientas en su regazo, besos suaves ahora, lenguas perezosas. "Neta, eso fue mejor que cualquier trying on clothes porn", murmura él, acariciando tu espalda. Ríes bajito, pieles aún sensibles, el vestidor un sauna de placer compartido. Te limpian mutuamente con toallitas de la bolsa, risas cómplices. Sales del vestidor, ropa nueva en mano, miradas cargadas de promesas. La vendedora sonríe sospechosa, pero ¿quién chingados se queja? Caminan a la caja, manos entrelazadas, el pulso aún acelerado recordando cada roce, cada gemido. Esa tarde, la boutique se convierte en su templo privado, y tú, en la reina del deseo.

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