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Canciones del Tri Soul en Mi Mente

7257 palabras

Canciones del Tri Soul en Mi Mente

La noche en mi depa de la Roma se sentía pesada, como si el calor del Distrito Federal se hubiera colado por las ventanas entreabiertas. Tenía el ventilador zumbando flojito, pero no ayudaba mucho contra esa humedad pegajosa que me hacía sudar bajo el camisón de algodón ligero. Me serví un caballito de tequila reposado, el aroma fuerte y terroso subiendo hasta mi nariz, y lo choqué contra el vaso imaginario antes de bajármelo de un trago. Qué rico, pensé, mientras el fuego bajaba por mi garganta y se extendía por el pecho.

Encendí el tocadiscos viejo que heredé de mi abuelito, y puse el vinilo de El Tri, ese que tiene todas las rolas que me prenden el alma. La guitarra rasposa de Alex Lora empezó a llenar el aire, y de repente, las canciones del Tri soul in my mind se apoderaron de todo. "Triste canción" retumbaba en los parlantes, con ese blues mexicano que me eriza la piel. Cerré los ojos y me mecí sola en la sala, sintiendo el ritmo en las caderas, el bajo vibrando en mi pecho como un latido extra. Mi mente se nubló con imágenes de cuerpos entrelazados, sudados, moviéndose al compás de esa música cruda y honesta.

Estas rolas me tienen bien caliente, wey. ¿Por qué carajos las canciones del Tri siempre me ponen así de cachonda? Como si el soul de esas letras me metiera mano directo en el alma.

Estaba a punto de tocarme cuando sonó el interfón. Era él, Marco, mi carnal del alma, el que siempre llega sin avisar pero justo cuando lo necesito. Le abrí la puerta y ahí estaba, con su playera negra ajustada marcando los músculos del gym, jeans gastados y esa sonrisa pícara que dice neta te voy a chingar rico. Traía una bolsa con chelas frías y unos tacos de suadero que olían a gloria, a carne asada con cebolla y cilantro fresco.

—Órale, mami, ¿ya andas en tu rollo musical? —dijo mientras me jalaba de la cintura y me plantaba un beso que sabía a menta y cerveza.

Nos sentamos en el sofá de piel sintética que crujía bajo nuestro peso, y mientras devorábamos los tacos —el jugo chorreando por mis dedos, el picor del chile en la lengua—, la música seguía. "Abuso" ahora, con esa letra que habla de pasiones prohibidas pero que a nosotros nos sonaba a invitación. Marco me miró con ojos brillantes, el sudor perlándole la frente.

—Estas canciones del Tri siempre me recuerdan lo chingón que es estar contigo —murmuró, su mano subiendo por mi muslo desnudo.

El deseo empezó a bullir lento, como el tequila en las venas. Acto uno de nuestra noche: la tensión que se acumula con miradas y roces casuales. Yo sentía su calor irradiando, el olor de su colonia mezclándose con el humo de la ciudad que entraba por la ventana. Mi piel se erizaba cada vez que su dedo rozaba el borde de mi camisón.

La canción cambió a "Piedras contra el vidrio", y Marco se paró, me tendió la mano. Bailamos pegaditos, mis tetas presionadas contra su pecho duro, sus manos en mi culo apretándome con esa fuerza que me hace gemir bajito. El ritmo soul de la guitarra me invadía la mente otra vez, canciones del Tri soul in my mind, haciendo que mi clítoris palpitara al compás. Su aliento caliente en mi cuello, el roce de su barba incipiente raspando mi piel sensible.

Te sientes tan rica, Ana —ronroneó, mordisqueándome la oreja.

Mi mano bajó a su entrepierna, sintiendo la verga ya dura bajo el denim, gruesa y lista. Chin güey, cómo me prende. Lo besé con hambre, lenguas enredándose, saboreando el salado de su boca, el dulzor del tequila residual. Nos fuimos desvistiendo sin parar el baile: su playera voló, revelando el torso tatuado con un águila rockera; mi camisón cayó al piso, dejando mis pezones erectos al aire fresco.

Acto dos, la escalada: lo empujé al sofá, me subí a horcajadas. Sus manos amasaron mis nalgas, dedos hurgando entre ellas hasta rozar mi panocha ya empapada. Qué mojada estás, puta hermosa, dijo riendo, y yo le contesté con un calladito y chúpame. Bajé y le desabroché los jeans, liberando esa verga venosa que tanto me gusta. La tomé en la boca, saboreando el precum salado, la lengua girando en la cabeza mientras él gemía y enredaba sus dedos en mi pelo.

El soul de estas rolas me tiene perdida. Siento la música en cada lamida, en cada pulso de su polla en mi garganta.

Marco no se quedó atrás. Me volteó, me abrió las piernas y hundió la cara entre mis muslos. Su lengua experta lamió mi clítoris hinchado, chupando con succiones que me hacían arquear la espalda. Olía a mi propia excitación, almizclada y dulce, mezclada con su sudor masculino. Metió dos dedos gruesos, curvándolos para darme en el punto G, y yo grité ¡más, cabrón, no pares!. El orgasmo menor me sacudió, jugos corriendo por sus dedos, el cuerpo temblando como si la batería de El Tri retumbara en mis venas.

Pero queríamos más. La intensidad subía con "Niño sin amor", esa balada soul que nos ponía románticos y salvajes a la vez. Me levantó en brazos —sus bíceps flexionándose, mi peso nada para él— y me llevó a la cama. Caímos enredados, sábanas frescas contra pieles ardientes. Él encima, verga rozando mi entrada húmeda, pidiéndome permiso con los ojos. Sí, métemela ya, supliqué.

Entró despacio, centímetro a centímetro, estirándome deliciosamente. Sentí cada vena, el calor pulsante llenándome. Empezamos a movernos, lento al principio, sincronizados con la guitarra sollozando en los parlantes. Sus embestidas se aceleraron, pelotas golpeando mi culo, pechos rebotando contra su pecho. Sudor goteando, mezclándose, el olor a sexo crudo impregnando la habitación. Yo clavaba uñas en su espalda, arañando, gritando ¡chinga más duro, amor!.

Internamente, la lucha: No quiero que acabe nunca, estas canciones del Tri soul in my mind me elevan, me hacen suya a él y a la música. Él me volteó a cuatro patas, entró por atrás, mano en mi pelo jalando suave, la otra en mi clítoris frotando. El placer se acumulaba, olas y olas, hasta que exploté. Mi coño se contrajo alrededor de su verga, ordeñándola, un grito gutural saliendo de mi garganta mientras el mundo se volvía blanco.

Marco se corrió segundos después, gruñendo ¡me vengo, nena!, chorros calientes inundándome, goteando por mis muslos. Colapsamos, jadeantes, cuerpos pegajosos en afterglow. La música seguía bajita ahora, "Todo me sale mal" sonando irónica y perfecta.

Acto tres: el cierre. Nos abrazamos, su cabeza en mis tetas, mi mano acariciando su pelo revuelto. El aroma de nuestros fluidos, el tequila olvidado en la mesa, el zumbido del ventilador. Reflexioné en silencio, el soul de esas rolas aún resonando en mi mente.

Canciones del Tri soul in my mind... siempre serán el preludio perfecto a noches como esta. Con Marco, todo fluye chingón, consensual y puro fuego mexicano.

Nos quedamos así hasta que el sueño nos venció, envueltos en el eco de la música que nos unió una vez más.

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