Relatos Salvajes
Inicio Sexo en Grupo La Esposa Swinger en Trio Ardiente La Esposa Swinger en Trio Ardiente

La Esposa Swinger en Trio Ardiente

6213 palabras

La Esposa Swinger en Trio Ardiente

La noche en Polanco estaba cargada de promesas. Ana, con su vestido rojo ceñido que acentuaba sus curvas generosas, caminaba del brazo de Marco, su esposo de diez años. El aire olía a jazmín y a las parrillas de los taqueros callejeros, mezclado con el perfume caro de los transeúntes. ¿Por qué carajos estoy tan nerviosa? pensó Ana, sintiendo el pulso acelerado en su cuello. Habían hablado mil veces de esto: la fantasía de un esposa swinger trio, algo que los encendía en la cama. Marco, con su sonrisa pícara, le apretó la mano.

"Órale, mi amor, relájate. Va a estar chido", le susurró al oído, su aliento cálido rozándole la oreja. Entraron al bar lounge, luces tenues, jazz suave flotando en el ambiente. Pidieron tequilas reposados, el cristal frío contra sus labios, el líquido ahumado bajando ardiente por la garganta. Ahí estaba Luis, el amigo de Marco del gym, alto, moreno, con ojos que devoraban. Se acercó con una cerveza en mano, su colonia masculina invadiendo el espacio.

"¡Qué onda, wey! Ana, estás riquísima esta noche", dijo Luis, besándole la mejilla. Su barba incipiente raspó suave su piel, enviando un escalofrío directo a su entrepierna. Ana rió, coqueta, sintiendo ya la humedad crecer entre sus muslos. Marco observaba, excitado, su verga endureciéndose bajo los pantalones. Charlaron de tonterías: el tráfico infernal de la CDMX, el pinche clima loco, pero el aire crepitaba con tensión sexual. Las miradas se cruzaban, las risas se volvían roncas.

Esto es lo que quiero, neta. Sentirme deseada por dos machos que me van a partir en dos.

Ana se recargó en la barra, su escote profundo invitando vistas. Luis rozó accidentalmente su cadera al pasar, y ella no se apartó. Marco guiñó un ojo. "¿Y si nos vamos a la casa? Tengo un mezcal padre que probar", propuso. Nadie dudó. En el Uber, las manos ya jugaban: la de Marco en su rodilla subiendo lento, la de Luis rozando su brazo. El motor ronroneaba, el tráfico los mecía, y Ana jadeaba bajito, el olor a cuero nuevo mezclándose con su excitación.

En el departamento de Insurgentes, con vistas al skyline iluminado, pusieron música ranchera suave, Alejandro Fernández croando pasiones. Sacaron el mezcal, vasos tintineando. Ana se sentó entre ellos en el sofá de piel, el tacto fresco contra sus piernas desnudas. "Cuéntenme, ¿siempre han jugado así?", preguntó Luis, su mano posándose en su muslo. Marco negó, besando el cuello de Ana. "Es la primera vez que mi esposa swinger se lanza al trio. Pero neta, la veo lista pa'l desmadre".

Ana giró la cabeza, capturando los labios de Marco en un beso profundo, lenguas danzando con sabor a agave. Luis observaba, palmeándose la entrepierna. Ella extendió la mano, palpando la dureza a través del jeans. Chingón, qué gorda está, pensó, lamiéndose los labios. Se levantó, contoneando las caderas, y se quitó el vestido lento, revelando lencería negra de encaje. Sus pechos turgentes se liberaron al desabrochar el bra, pezones duros como piedras bajo la luz ámbar.

"Vengan, cabrones", murmuró con voz ronca, mexicana y juguetona. Los jaló al cuarto, la cama king size esperando. El aire olía a sábanas frescas y a su perfume floral. Marco la tumbó primero, besando su vientre, bajando a su coño ya empapado. La lengua de él lamía clítoris, succionando jugos dulces, mientras Luis se desnudaba, su verga saltando libre, venosa y gruesa. Ana gimió alto, "¡Ay, wey, no pares!", sus uñas clavándose en la cabeza de Marco.

Esto es el paraíso. Dos vergas pa'mí, mi esposo viéndome gozar como puta consentida.

Luis se arrodilló junto a su rostro, ofreciéndole su miembro. Ana lo engulló ansiosa, saboreando el precum salado, la piel suave sobre acero. Chupaba con hambre, labios estirados, saliva goteando. Marco metió dos dedos en su chatito resbaloso, curvándolos contra el punto G, haciendo que sus caderas se arquearan. El sonido era obsceno: succiones húmedas, gemidos ahogados, la cama crujiendo. Sudor perlaba sus cuerpos, el olor almizclado de sexo llenando la habitación.

Cambiaron posiciones. Ana montó a Marco, su verga familiar llenándola hasta el fondo, estirándola delicioso. Rebotaba, tetas saltando, mientras Luis se ponía detrás, untando lubricante en su ano virgen para tríos. "Despacio, carnal", pidió ella, excitada y vulnerable. Él presionó lento, la punta abriéndose paso. Dolor placentero la invadió, luego plenitud total. Dios mío, estoy llena como nunca. Dos vergas partiéndome, soy la reina del esposa swinger trio.

Se movían en ritmo, Marco embistiendo desde abajo, Luis desde atrás, sus pelvis chocando contra sus nalgas suaves. Piel contra piel, slap slap slap, eco en la noche. Ana gritaba, "¡Más duro, pendejos! ¡Chínguenme rico!", su clítoris frotándose contra el pubis de Marco. El orgasmo la golpeó como tsunami: músculos contrayéndose, chorros calientes salpicando, visión borrosa. Ellos gruñían, sudando, oliendo a hombre puro.

Luis salió primero, eyaculando en su espalda, semen tibio resbalando por su espinazo. Marco la volteó, follándola misionero feroz, sus ojos locked en los de ella. "Te amo, mi puta caliente", jadeó. Ella clavó piernas en su cintura, "Cómetela toda, amor". Él explotó dentro, llenándola de leche espesa, pulsos interminables. Colapsaron, jadeos entrecortados, cuerpos entrelazados pegajosos.

Después, en la ducha, agua caliente lavando fluidos, risas y besos tiernos. Ana se sentía empoderada, mujer total. Marco la abrazó, "¿Repetimos, mi esposa swinger?". Luis sonrió, "Cuando quieran, banda". Secos, en la cama fresca, Ana reflexionaba en silencio.

Nada como esta noche. El trio nos unió más, despertó la bestia en mí. Mañana, ¿quién sabe? Pero hoy, soy invencible.

El amanecer tiñó las cortinas de rosa, y ellos durmieron, satisfechos, el eco de gemidos aún vibrando en el aire.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a relatossalvajes.cc.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.