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Chica Busca Chico Para Trío Prohibido

7341 palabras

Chica Busca Chico Para Trío Prohibido

En el bullicio de la Condesa, Sofia se recargaba en la barra del bar con un michelada helada en la mano. El aire olía a limón fresco y chile piquín, mezclado con el perfume dulce de las flores que adornaban las mesas. Hacía semanas que había colgado ese anuncio en la app: "chica busca chico para trío". Neta, la idea le revolvía las tripas de emoción. Quería algo salvaje, algo que la sacara de la rutina de su curro en la agencia de diseño. Sus ojos cafés escaneaban la entrada, el corazón latiéndole como tambor en fiesta.

Entonces lo vio. Carlos, alto, moreno, con esa sonrisa pícara que gritaba chulo. Vestía una camisa ajustada que marcaba sus hombros anchos, y unos jeans que le quedaban como pintados. Se acercó con paso seguro, el sonido de sus botas resonando sobre el piso de madera.

Órale, este wey es perfecto. Me late su vibe, neta que sí, pensó Sofia, sintiendo un cosquilleo entre las piernas.

—¿Tú eres la de "chica busca chico para trío"? —preguntó él, su voz grave como ronca de tequila.

Sofia sonrió, lamiendo el sal de su vaso. —La misma, carnal. ¿Listo para la aventura?

Charlaron un rato, el hielo rompiéndose con anécdotas de fiestas locas en Polanco y viajes a la playa de Puerto Vallarta. Carlos era ingeniero, soltero, con esa confianza que no rayaba en arrogancia. Sofia le platicó de Ana, su amiga de la uni, la morra más caliente que conocía. —Ella se apunta al trío. Vive a unas cuadras, en una depa chida con jacuzzi.

El deseo crecía como fuego lento. Sus rodillas se rozaban bajo la mesa, enviando chispas eléctricas por su piel. Sofia inhalaba su colonia, madera y cítricos, que le hacía imaginar sus manos fuertes explorándola.

Salieron del bar, el viento nocturno fresco acariciando sus caras. Caminaron hasta el depa de Ana, riendo de tonterías, la tensión sexual vibrando en el aire como guitarra eléctrica.

Acto uno completo: la chispa encendida.

Adentro, Ana los recibió con un vestido rojo ceñido que acentuaba sus curvas generosas. Su pelo negro caía en ondas salvajes, y el aroma a vainilla de su piel llenó la sala. —¡Qué onda, carnales! Pasen, ya pedí unas chelas y unos tacos de suadero para entrar en calor.

Se sentaron en el sofá de cuero suave, la música de Natalia Lafourcade sonando bajito, creando un ambiente íntimo. Las luces tenues pintaban sombras juguetonas en las paredes. Sofia sentía el pulso acelerado, el calor subiendo por su pecho. Esto va a estar cañón, se dijo, mordiéndose el labio.

Carlos, en el centro, extendió los brazos por el respaldo. Sus dedos rozaron el hombro desnudo de Sofia, luego el de Ana. Un jadeo suave escapó de Ana cuando él trazó círculos lentos con las yemas. —¿Seguras de esto, reinas? —preguntó, su aliento cálido contra el cuello de Sofia.

—Neta que sí —respondió ella, girando para besarlo. Sus labios se encontraron suaves al principio, probando, saboreando el toque salado de la michelada. La lengua de él invadió su boca, profunda, demandante. Ana observaba, sus ojos brillando de lujuria, tocándose el muslo distraídamente.

La beso se intensificó, manos vagando. Carlos deslizó la suya por la espalda de Sofia, bajando hasta apretar su nalga firme bajo la falda. Ella gimió en su boca, el sonido vibrando como eco en la habitación. Ana se acercó, besando el cuello de Carlos, sus uñas arañando suavemente su pecho.

Sofia se apartó un segundo, jadeante. —Quítate la camisa, pendejo —le ordenó juguetona. Él obedeció, revelando un torso esculpido, piel morena reluciente bajo la luz. Olía a sudor limpio y deseo puro. Ana y Sofia lo devoraron con los ojos, luego con las manos, lamiendo sus pezones duros, saboreando la sal de su piel.

El calor escalaba. Sofia sintió su calzón empapado, el roce de la tela contra su clítoris hinchado enviando ondas de placer. Ana la besó entonces, lenguas danzando húmedas, mientras Carlos observaba, su erección presionando los jeans.

Pinche trío soñado. Sus tetas contra las mías, su lengua dulce como mango maduro, pensó Sofia, el mundo reduciéndose a tactos y gemidos.

Se quitaron la ropa en un torbellino de risas y susurros. Cuerpos desnudos chocando: piel suave de Ana contra la áspera de Carlos, el vello de su pubis rozando muslos depilados. Cayó al suelo mullido de la alfombra, Sofia debajo, Carlos arrodillado entre sus piernas.

Él besó su interior de muslos, inhalando su aroma almizclado de excitación. —Estás mojadísima, preciosa —gruñó, su lengua lamiendo despacio su entrada, saboreando sus jugos dulces y salados. Sofia arqueó la espalda, gimiendo alto, el sonido crudo rebotando en las paredes. Ana se sentó en su cara, sus labios hinchados rozando la boca de Sofia.

¡Qué delicia! Lengua de Sofia hundida en Ana, chupando su clítoris palpitante, mientras Carlos la penetraba con dos dedos gruesos, curvándolos contra su punto G. El aire se llenó de jadeos, de ay, sí, chíngame, de pieles chocando húmedas.

El medio acto: la hoguera rugiente.

Cambiaron posiciones como en un baile erótico. Carlos se recostó, su verga gruesa y venosa erguida como bandera. Sofia la montó despacio, sintiendo cada centímetro estirándola, llenándola. Qué rico, tan duro, tan caliente. Subía y bajaba, sus tetas rebotando, sudor perlando su frente.

Ana se arrodilló detrás, lamiendo donde se unían, lengua rozando el ano de Carlos y los labios de Sofia. Él gemía ronco, manos apretando caderas. —¡Cabrónas, me van a matar!

Sofia aceleró, el slap-slap de carne contra carne mezclándose con sus gritos. El olor a sexo impregnaba todo: sudor, fluidos, esencia pura de lujuria. Tocó su clítoris, círculos rápidos, mientras Ana chupaba sus pezones, mordisqueando suave.

El orgasmo la golpeó como ola en Acapulco. Gritó, cuerpo convulsionando, paredes internas apretando la polla de Carlos. Él resistió, volteándola para penetrar a Ana con fuerza animal. Sofia besó a su amiga, tragando sus gemidos, dedos en su clítoris.

Ana explotó primero, uñas clavadas en la espalda de Carlos, ¡Sí, wey, no pares!. Luego él, gruñendo como fiera, llenando a Ana con chorros calientes, semen goteando por sus muslos.

Colapsaron en un enredo sudoroso, pechos agitados, risas entre jadeos. Sofia besó a Carlos, luego a Ana, saboreando la mezcla de ellos en sus labios.

En la afterglow, se bañaron en el jacuzzi burbujeante. Agua caliente lamiendo pieles sensibles, burbujas estallando suaves. Carlos masajeaba hombros de Sofia, Ana apoyada en su pecho.

Esto fue más que sexo. Conexión chida, neta. ¿Repetimos? reflexionó Sofia, el corazón pleno.

—¿Qué tal si planeamos otro "chica busca chico para trío"? —bromeó Carlos, ojos pícaros.

Las risas llenaron la noche, promesa de más placeres. Sofia se durmió entre ellos, pieles entrelazadas, el sueño dulce de satisfacción total.

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