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La Aplicacion Para Buscar Trios Que Desato Mi Fuego

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La Aplicacion Para Buscar Trios Que Desato Mi Fuego

Estaba en mi depa en la Condesa, con el calor de la noche de verano pegándome en la piel como una caricia insistente. El ventilador zumbaba pendejamente en el techo, moviendo el aire caliente sin refrescar nada. Yo, Ana, soltera hace meses, sentía ese vacío en el pecho que solo el deseo podía llenar. ¿Y si pruebo algo nuevo? pensé mientras scrolleaba el cel sin rumbo. Ahí lo vi en un anuncio: la aplicacion para buscar trios. No mames, qué chingón. Descargué esa madre sin pensarlo dos veces, el corazón latiéndome como tambor de cumbia.

Creé mi perfil con fotos mías en bikini de la playa en Cancún, curvas al aire, sonrisa pícara. "Busco aventura con pareja liberal, sin compromisos, puro placer", escribí. En minutos, notificaciones explotando. Uno me llamó la atención: Marco y Lupe, una pareja de Polanco, él moreno alto con ojos que prometían travesuras, ella rubia teñida con tetas que desafiaban la gravedad. Su chat: "

¿Lista para unirte a nuestro juego, preciosa? Somos calientes y discretos.
" Mi coño se humedeció solo de leerlo. Respondí: "Órale, cuéntenme más". Horas de mensajitos calientes, fotos suaves al principio, luego más explícitas. Acordamos vernos en un bar de la Zona Rosa esa misma noche. El pulso me aceleraba, el olor de mi perfume mezclado con anticipación sudada.

Llegué al bar con un vestido negro ceñido que marcaba mis caderas anchas, tacones resonando en el piso como un reto. El lugar olía a tequila y cigarros, música electrónica retumbando en el pecho. Los vi en una mesa al fondo: Marco con camisa abierta mostrando pecho velludo, Lupe con escote profundo, labios rojos brillando bajo las luces neón. Me acerqué, el aire cargado de electricidad. "Hola, guapa", dijo Marco con voz grave, ronca como grava. Su mano rozó la mía al saludar, piel cálida, áspera. Lupe me abrazó, sus tetas suaves presionando contra las mías, perfume floral invadiendo mis fosas nasales. Nos sentamos, shots de tequila bajando ardientes por la garganta, risas fluidas como el alcohol.

La plática fluyó chida: ellos casados abiertos, yo la aventurera soltera. "

La aplicacion para buscar trios nos ha dado noches inolvidables
", confesó Lupe, su mano en mi muslo subiendo despacio, uñas rozando la tela del vestido. Sentí el calor subir desde mi entrepierna, pezones endureciéndose contra el bra. Marco se inclinó, aliento mentolado en mi oreja: "Ven con nosotros a nuestro hotel, Ana. Te vamos a hacer volar". Mi mente gritaba sí, carajo, el deseo un nudo apretado en el vientre. Pagamos y salimos, el viento nocturno fresco lamiendo mi piel expuesta, sus cuerpos pegados a mí en el taxi.

En el elevador del hotel W, silencio cargado, solo el zumbido de la máquina y nuestras respiraciones agitadas. Lupe me besó primero, labios suaves, lengua dulce de tequila explorando mi boca. Gemí bajito, manos en su cintura carnosa. Marco nos observaba, verga ya abultando en los pantalones. La puerta se abrió, entramos a la suite con vista a Reforma iluminada. Luces tenues, cama king size invitando. Se quitaron la ropa despacio, cuerpos desnudos brillando: Marco con verga gruesa venosa, Lupe con concha depilada reluciente de jugos.

Yo me desvestí temblando de excitación, mis tetas medianas firmes, culo redondo mexicano. "Eres una diosa", murmuró Marco, acercándose. Sus labios capturaron un pezón, succionando fuerte, lengua girando, enviando chispas a mi clítoris hinchado. Lupe se arrodilló entre mis piernas, aliento caliente en mi monte de Venus. Olía a mi propia excitación, almizclada, salada. Su lengua lamió mis labios mayores, abriéndolos, saboreando mi miel. Qué rico, wey, pensé, caderas moviéndose solas. Marco me besaba el cuello, barba raspando deliciosamente, manos amasando mis nalgas.

Nos tumbamos en la cama, sábanas frescas contra pieles calientes. Lupe montó mi cara, concha jugosa presionando mi boca. La chupé ansiosa, lengua hurgando su entrada, saboreando su sal dulce, clítoris duro como perlita. Ella gemía ronco, "¡Ay, sí, mami!", jugos corriéndome por la barbilla. Marco se posicionó detrás de mí, verga frotando mi entrada, lubricada al cien. Empujó lento, centímetro a centímetro, estirándome plena. El dolor placer inicial se volvió éxtasis puro, su grosor llenándome, bolas peludas golpeando mi culo.

El ritmo creció, cuerpos sudados chocando con palmadas húmedas. Olía a sexo crudo, sudor, feromonas mexicanas calientes. Marco embestía fuerte, gruñendo "¡Qué apretada, pinche rica!", mientras Lupe rebotaba en mi lengua, tetas meneándose hipnóticas. Cambiamos: yo encima de Marco, verga clavada profundo, caderas girando como en salsa. Lupe se pegó a mi espalda, dedos en mi clítoris frotando círculos rápidos, pezón en mi boca para morder.

No aguanto, me vengo
, chillé interno, el orgasmo rompiéndome en olas, coño contrayéndose alrededor de su pija, jugos chorreando.

Marco no paró, volteándome a perrito, Lupe debajo lamiendo donde nos uníamos. Su lengua en mis bolas y su verga, en mi ano rozando tentador. "¡Córrete adentro!", supliqué, voz ahogada en almohada. Él aceleró, jadeos animales, pieles resbalosas. Se corrió con rugido, semen caliente inundándome, desbordando por muslos. Lupe me volteó, dedos metiendo su corrida en mi boca para probar, sal amarga deliciosa. Nos corrimos las tres juntas otra vez, cuerpos entrelazados temblando, ecos de gemidos en la habitación.

Después, tumbados jadeantes, pieles pegajosas enfriándose. Marco trajo agua fría, bebimos sorbos lentos, risas suaves. Lupe acarició mi pelo: "Fue chingón, gracias por la aplicacion para buscar trios". Yo sonreí, cuerpo saciado, alma plena. Esto era lo que necesitaba, un trío que me recordara mi poder. Nos duchamos juntos, jabón espumoso deslizándose por curvas, besos tiernos finales. Me vestí con piernas flojas, taxi de regreso oliendo aún a ellos.

En mi depa, cama revuelta por sueños solos, revisé la app. Más matches, pero esta noche bastaba. El fuego desatado ardía quieto, promesa de más aventuras. México nocturno brillaba afuera, lleno de placeres esperando.

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