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El Trio Prohibido de Ariana Marie

6527 palabras

El Trio Prohibido de Ariana Marie

La noche en Playa del Carmen ardía como un chile habanero fresco del mercado. Tú, un wey de treinta y tantos con ganas de aventura, habías llegado a esa villa lujosa regentada por unos cuates gringos que organizaban fiestas privadas. El aire olía a sal marina mezclada con el humo dulce de la fogata en la playa y el perfume caro de las chavas que bailaban al ritmo de cumbia rebajada. Tus ojos se clavaron en ella de inmediato: Ariana Marie, o al menos así se presentó, con ese cuerpo de diosa tatuada que parecía sacado de un sueño húmedo. Su piel morena brillaba bajo las luces LED, el cabello negro cayéndole en ondas salvajes sobre los hombros, y unos ojos verdes que te miraban como si ya supiera lo que te traía entre las piernas.

¿Ariana Marie? Neta, la del ariana marie trio que vi en un video la otra noche. No mames, ¿será ella de verdad?
pensaste, mientras tu pulso se aceleraba como motor de Vocho tuneado.

A su lado, Sofia, su amiga inseparable, una culona de curvas imposibles con labios carnosos pintados de rojo fuego. Las dos reían, sorbiendo margaritas heladas, y tú sentiste ese cosquilleo en el estómago, esa tensión que te hace sudar las palmas. Ariana te guiñó un ojo y se acercó contoneándose, su vestido corto rozando sus muslos firmes. "Órale, guapo, ¿vienes a jugar o nomás a ver?" te dijo con voz ronca, su aliento cálido oliendo a tequila y limón. Sofia soltó una carcajada juguetona, "Mi Ariana es experta en tríos, ¿sabes? Como en esos videos del ariana marie trio, pero en vivo y a todo color."

El deseo te golpeó como ola en la playa. Aceptaste su invitación a subir a la terraza privada, donde el viento del mar susurraba promesas. Las tres subieron las escaleras de madera, tus manos rozando accidentalmente las nalgas de Sofia, suaves como mango maduro. Ariana te tomó de la mano, sus dedos entrelazándose con los tuyos, enviando chispas por tu espina dorsal.

En la terraza, bajo un cielo estrellado y el rumor constante de las olas, se sentaron en un sofá de mimbre mullido. Ariana se recargó en ti, su cabeza en tu hombro, el calor de su cuerpo filtrándose a través de la tela fina. "Cuéntame, pendejo sexy, ¿qué te prende?" murmuró, mientras Sofia se arrodillaba frente a ustedes, sus manos subiendo por tus muslos. El corazón te latía en los oídos, un tambor de guerra. Olías su aroma: vainilla y algo más primitivo, el olor de la excitación que moja entre las piernas.

El beso empezó suave, los labios de Ariana probando los tuyos como tequila añejo, dulce y ardiente. Su lengua danzó con la tuya, saboreando el salado de tu piel. Sofia no se quedó atrás; sus dedos desabotonaron tu camisa, rozando tus pezones endurecidos, enviando descargas eléctricas directo a tu verga, que ya palpitaba dura como fierro.

Esto es real, cabrón. Dos reinas mexicanas listas para devorarte.

La escalada fue gradual, como el calor que sube en un atardecer caribeño. Ariana se quitó el vestido, revelando tetas perfectas, pezones oscuros erguidos como botones de cacao. Tú las lamiste, sintiendo su textura aterciopelada contra tu lengua, el sabor salado de su sudor mezclado con loción de coco. Sofia gimió bajito, "Sí, chúpale, hazla mojar como a mí." Se desvistió también, su coño depilado brillando húmedo bajo la luna. Te bajaron los pantalones, y tus huevos se contrajeron al sentir sus manos frías envolviendo tu polla tiesa.

Ariana se posicionó a horcajadas sobre ti, frotando su clítoris hinchado contra tu tronco, lubricándote con sus jugos calientes que chorreaban como miel de abeja. El sonido era obsceno: chap chap de carne mojada contra carne. Sofia se unió, besando el cuello de Ariana mientras sus dedos exploraban tu culo, masajeando tu próstata con maestría. "¿Te late el ariana marie trio, verdad? Esto es mejor que cualquier porno." jadeó Ariana, su voz entrecortada por el placer.

La tensión crecía como tormenta en el Golfo. Internamente luchabas:

No quiero acabar ya, quiero saborear cada segundo de estas nenas.
Cambiaron posiciones; tú de pie, Ariana de rodillas chupándote la verga con labios que succionaban como vacío, su saliva goteando por tus bolas. Sofia lamía tus huevos desde abajo, su lengua ágil como serpiente. El olor a sexo impregnaba el aire: almizcle, sudor, el leve dulzor de sus coños ansiosos. Gemías sin control, "¡No mames, qué ricas son!"

La subiste a la mesa de vidrio, Ariana abriendo las piernas como invitación al paraíso. Su coño rosado palpitaba, invitándote. Entraste despacio, centímetro a centímetro, sintiendo sus paredes vaginales apretarte como guante de látex caliente. Sofia se montó en su cara, y Ariana la lamió con avidez, los gemidos vibrando contra tu pija. El ritmo se aceleró: embestidas profundas, piel chocando con plaf plaf, jugos salpicando tus muslos. Tocaste las tetas de Sofia, pellizcando pezones, mientras ella se retorcía encima de Ariana.

El clímax se acercaba como tsunami. Cambiaron otra vez: tú detrás de Sofia, clavándotela doggy style, su culo rebotando contra tu pubis, mientras Ariana se acostaba debajo lamiendo vuestras uniones. "¡Cógeme más duro, cabrón!" gritó Sofia, su voz ahogada en placer. Ariana metía dedos en tu culo, masajeando, empujándote al borde. Sentías cada pulso: venas hinchadas en tu verga, contracciones en sus coños, el sudor chorreando por espaldas arqueadas.

Explotaste primero, chorros calientes llenando a Sofia, quien se corrió gritando "¡Ay, Diosito, me vengo!", su coño ordeñándote hasta la última gota. Ariana se unió, frotándose el clítoris hasta squirtear un chorro tibio que mojó las piernas de todos. Colapsaron en un enredo de cuerpos jadeantes, piel pegajosa, respiraciones entrecortadas. El mar rugía abajo, como aplaudiendo.

En el afterglow, Ariana te besó suave, "Eso fue un ariana marie trio de antología, guapo." Sofia rio, acurrucándose. Tú, exhausto y pleno, olías el sexo en sus cabellos, sentías el latido compartido.

Neta, esto supera cualquier fantasía. México y sus sorpresas.

Se quedaron así hasta el amanecer, con promesas de más noches locas. La villa despertaba, pero su mundo era puro éxtasis residual, un calor que perduraba en la piel y el alma.

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