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Videos de Trios HMH La Pasión Desatada

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Videos de Trios HMH La Pasión Desatada

Era una noche calurosa en la Ciudad de México, de esas que te pegan el cuerpo a la sábana y te hacen sudar sin mover un dedo. Tú, Ana, estabas recostada en la cama king size de tu departamento en Polanco, con el aire acondicionado zumbando bajito como un secreto. Tu novio, Marco, un morro alto y atlético con tatuajes que le subían por los brazos, se acercó con su laptop en la mano. Neta, wey, le dijiste riendo, ¿qué traes ahí? Él sonrió con esa picardía que te derretía, y te mostró la pantalla.

Videos de trios HMH. Las palabras parpadearon en la página web que había encontrado. HMH, hombre-mujer-hombre, el combo perfecto para fantasies prohibidas. Tú sentiste un cosquilleo en el estómago, como mariposas locas volando directo a tu entrepierna. Habías visto porno antes, pero esto era diferente: cuerpos morenos entrelazados, gemidos roncos en español, el brillo del sudor en pieles mexicanas. Marco te jaló más cerca, su aliento cálido en tu oreja. ¿Qué tal si lo intentamos, ricura? susurró. Tu corazón latió fuerte, el pulso retumbando en tus sienes. ¿En serio? Era una idea loca, pero el calor entre tus piernas ya respondía por ti.

Al día siguiente, en la oficina de diseño gráfico donde trabajabas en Reforma, no podías concentrarte. Cada clic en tu mouse te recordaba esos videos de trios HMH, las mujeres en el centro, rodeadas de dos machos que las devoraban con las manos y la boca. Te imaginabas ahí, tus pechos grandes apretados contra un torso firme, una verga dura rozando tu muslo mientras otra lengua te lamía el cuello.

¿Y si invito a Luis?
pensaste, recordando al carnal de Marco, ese pendejo guapo con ojos verdes y sonrisa de galán que siempre te coqueteaba inocentemente en las carnitas del domingo. Luis era soltero, neta un chulo, y sabías que no diría que no a una propuesta así.

La tensión crecía como el tráfico en Insurgentes a las seis. Esa tarde, les mandaste un mensaje al grupo de WhatsApp: Fiesta en mi depa esta noche ¿vienen cabrones? Marco y Luis respondieron con emojis de fuego. Te duchaste con agua tibia, el vapor llenando el baño con olor a jabón de lavanda. Te pusiste un vestido negro ceñido que marcaba tus curvas, sin bra ni calzón, solo para sentir el roce de la tela contra tu piel sensible. El espejo te devolvió una mirada ardiente: labios rojos, pelo suelto negro como la noche.

Llegaron juntos, oliendo a colonia cara y cerveza fría de la tiendita de la esquina. Marco te abrazó primero, sus manos grandes bajando por tu espalda hasta apretar tu culo con fuerza juguetona. Estás cañona, mami, murmuró. Luis se acercó, su barba recortada rozando tu mejilla al darte un beso que duró un segundo de más. El aire se cargó de electricidad, como antes de una tormenta en el Zócalo. Se sentaron en el sofá de cuero, abrieron chelas, y Marco sacó la laptop de nuevo. Mira esto, carnal, dijo, reproduciendo uno de esos videos de trios HMH. La pantalla mostró a una morra gritando de placer, un hombre chupándole las tetas mientras el otro le metía dedos en la panocha empapada.

Tú sentiste tu coño palpitar, húmedo y ansioso. ¿Quieren que sea como eso? preguntaste con voz ronca, el corazón martillando. Los dos te miraron, ojos brillantes de deseo. Marco asintió, Luis tragó saliva. Te pusiste de pie, el vestido subiendo por tus muslos. Marco te jaló a su regazo, sus labios capturando los tuyos en un beso salvaje, lengua invadiendo tu boca con sabor a cerveza y menta. Sus manos subieron por tus piernas, encontrando tu sorpresa sin ropa interior. ¡Puta madre, Ana! ¿Lista para nosotros? gruñó.

Luis no se quedó atrás. Se arrodilló frente a ti, besando tu cuello, bajando por tu clavícula hasta morder suavemente un pezón a través del vestido. El sonido de la tela rasgándose fue como música, riiiiip, y tus tetas saltaron libres, duras y oscuras los pezones. Olías su sudor masculino mezclado con tu aroma dulce de excitación. Marco te levantó el vestido del todo, exponiéndote desnuda ante ellos. Tus manos temblaban de anticipación mientras desabrochabas sus jeans. La verga de Marco salió primero, gruesa y venosa, latiendo en tu palma. La de Luis era más larga, curva perfecta, goteando precum que lamiste con la lengua plana, salado y caliente.

La habitación se llenó de jadeos y el plaf plaf de piel contra piel. Te recostaron en el sofá, Marco abriéndote las piernas como un banquete. Su boca se hundió en tu panocha, lengua girando en tu clítoris hinchado, chupando tus jugos que sabían a miel y sal. Sabes a gloria, pinche diosa, masculló entre lamidas. Luis te besaba la boca, sus dedos pellizcando tus pezones, tirando hasta que gritaste de placer. El calor subía, tu cuerpo arqueándose, el cuero del sofá pegajoso bajo tu espalda sudada.

No puedo más, cabrones, métanmela ya
, suplicaste, la voz quebrada. Marco se posicionó primero, su verga empujando lento, estirándote deliciosamente. Cada centímetro era fuego puro, llenándote hasta el fondo. Empezó a bombear, pum pum pum, el sonido húmedo ecoando. Luis se arrodilló sobre tu pecho, metiendo su pija en tu boca. La chupaste ansiosa, garganta profunda, saliva goteando por tu barbilla. El sabor de su piel, el olor almizclado de sus bolas contra tu nariz... todo te volvía loca.

Cambiaron posiciones como en esos videos de trios HMH que los habían inspirado. Ahora Luis te follaba desde atrás, a cuatro patas en la alfombra mullida, sus manos agarrando tus caderas con fuerza, nalgueándote hasta dejar marcas rojas. ¡Qué rico culo, Ana! Tan apretadito, jadeaba. Marco debajo de ti, chupando tu clítoris mientras Luis entraba y salía, sus vergas rozándose a través de la delgada pared de tu coño. Sentías cada vena, cada pulso, el sudor chorreando por sus pechos contra tu espalda.

La intensidad crecía, tus uñas clavándose en los hombros de Marco, mordiendo el labio hasta sangrar un poquito. Vámonos juntos, weyes, ordenaste, empoderada en el centro de su adoración. Luis aceleró, sus bolas golpeando tu clítoris, Marco frotando tu punto G con los dedos. El orgasmo te golpeó como un camión, olas de placer explotando desde tu vientre, gritando su nombre mientras tu panocha se contraía, ordeñando sus vergas. Ellos se corrieron segundos después: Marco llenándote la boca con chorros calientes y espesos que tragaste gimiendo, Luis explotando dentro de ti, semen caliente goteando por tus muslos.

Colapsaron los tres en un enredo de miembros sudorosos, el aire pesado con olor a sexo crudo, semen y perfume. Respiraban agitados, risas ahogadas entre jadeos. Marco te besó la frente, Eres lo máximo, mi amor. Luis acarició tu pelo, Neta, la mejor noche de mi vida. Tú sonreíste, el cuerpo lánguido y satisfecho, un glow post-orgásmico envolviéndote como una manta tibia.

Mientras el amanecer teñía las cortinas de rosa, pensaste en esos videos de trios HMH que lo habían empezado todo. No eran solo porno; eran el catalizador de tu propia película privada. Te sentías poderosa, deseada, completa. ¿Repetirían? Pinche sí, murmuraste para ti misma, sabiendo que esta era solo la primera de muchas noches calientes. El corazón latiendo aún acelerado, cerraste los ojos, soñando con más piel, más gemidos, más placer infinito.

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