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Tríos X Videos que Encienden la Pasion

6944 palabras

Tríos X Videos que Encienden la Pasion

Era una noche calurosa en el depa de Polanco, con el aire cargado de ese olor a ciudad que se cuela por las ventanas abiertas. Carlos y yo, Ana, llevábamos rato tirados en el sillón de cuero negro, con una chela fría en la mano y la tele prendida en modo privado. Tríos x videos, eso era lo que buscábamos esa noche. No cualquier porno, no, sino esos clips caseros donde tres cuerpos se enredan como si el mundo se acabara ahí mismo. Carlos, mi carnal de tres años, siempre había sido el que proponía estas chingaderas. "Mira, mi amor, neta que se ve chido", me dijo mientras el video empezaba.

En la pantalla, una morra güera con curvas de infarto gemía mientras dos vatos la tocaban por todos lados. El sonido de sus respiraciones agitadas llenaba la sala, mezclado con el zumbido del ventilador de techo. Sentí un cosquilleo en el estómago, ese calor que sube desde el vientre y te hace apretar las piernas. Carlos me miró de reojo, su mano ya descansando en mi muslo, subiendo despacito bajo mi falda corta. Olía a su colonia favorita, esa que siempre me pone cachonda, mezclada con el sudor ligero de la noche.

¿Por qué carajos me excita tanto ver esto? ¿Será que siempre he querido probarlo? Carlos es todo para mí, pero... joder, la idea de más manos, más bocas...

"¿Qué dices, Ana? ¿Te late?", murmuró él, su aliento caliente en mi oreja. Asentí, mordiéndome el labio. "Simón, wey, pero en la vida real". Él se rio bajito, ese sonido ronco que me derrite. "Órale, entonces llamo a Diego". Diego, el cuate de Carlos del gym, alto, moreno, con esa sonrisa pícara y cuerpo de escalador. Lo habíamos visto en fiestas, siempre coqueteando inofensivo. Todo consensual, todo chido. Nadie forzado, pura química.

Media hora después, Diego tocaba la puerta. Entró con una botella de tequila en la mano, oliendo a fresco, como a jabón y aventura. "Qué onda, carnales. ¿Ya listos pa' la fiestecita?". Nos reímos, sirviendo shots en vasos helados. La sala se llenó de su presencia, el aire más denso, cargado de expectativa. Pusimos música de fondo, algo suave de Natalia Lafourcade para no espantar el mood. Charlamos de pendejadas: el tráfico en Insurgentes, el pinche calor, hasta que Carlos sacó el tema. "Mira, Diego, andábamos viendo tríos x videos y... pues, neta que nos picó el ojo".

Diego arqueó la ceja, sonriendo. "Ah, ¿sí? ¿Y qué, me invitan al juego?". Lo miré fijo, mi pulso acelerándose. Sentí mis pezones endurecerse bajo la blusa ligera. "Si te late, simón. Pero todo en confianza, ¿eh?". Él asintió, sus ojos oscuros recorriéndome como una caricia. Nos acercamos en el sillón, yo en medio, flanqueada por los dos. Carlos me besó primero, suave, su lengua saboreando la mía con gusto a tequila y deseo. Diego observaba, su mano en mi rodilla, subiendo lento.

El tacto de sus pieles era distinto: Carlos áspero por el trabajo, Diego suave y firme como atleta. Gemí bajito cuando Diego me besó el cuello, su barba raspando delicioso. Olía a su loción, cítrica y masculina, chocando con el aroma almizclado de Carlos. Mis manos exploraban, una en el pecho peludo de mi novio, la otra en los abdominales marcados de Diego. Esto es real, pensé, el corazón latiéndome en la garganta.

No mames, dos vergas duras pa' mí. Me siento como reina, poderosa, deseada como nunca.

La cosa escaló rápido pero con calma, como buena escalada. Carlos me quitó la blusa, exponiendo mis tetas al aire fresco. Diego chupó un pezón, succionando con hambre, mientras Carlos lamía el otro. El sonido húmedo de sus bocas, mis jadeos, todo se mezclaba en una sinfonía erótica. Bajaron mis manos a sus pantalones, sintiendo las pollas tiesas palpitando. "Qué rica estás, Ana", gruñó Diego, su voz grave vibrando en mi piel. Saqué sus vergas, una gruesa y venosa la de Carlos, la de Diego más larga, curvada perfecto.

Me puse de rodillas en la alfombra suave, el olor a deseo subiendo fuerte: sudor, precum salado. Las mamé alternando, saboreando la diferencia. Carlos salado y espeso, Diego con un toque dulce. Ellos gemían, manos en mi pelo, guiándome sin forzar. "Así, mi amor, qué chingona", dijo Carlos. La saliva corría por mi barbilla, el sonido de chupadas obscenas llenando el cuarto. Me sentía empoderada, controlando el ritmo, viendo cómo se retorcían por mí.

Me levantaron al sillón, yo a cuatro patas. Carlos se puso atrás, frotando su verga en mi concha ya empapada. El roce era eléctrico, mi clítoris hinchado pidiendo más. "Métemela, carnal", supliqué. Entró despacio, llenándome hasta el fondo, su pelvis chocando contra mis nalgas con un plaf rítmico. Diego delante, yo mamándolo mientras Carlos me cogía. El vaivén era hipnótico: embestidas profundas, garganta llena, olores intensos de sexo puro.

Esto es mejor que cualquier trío x video. Siento cada vena, cada pulso. Soy fuego vivo.

Cambiaron posiciones, escalando la intensidad. Diego me tumbó de espaldas, abriéndome las piernas. Su verga entró suave, estirándome delicioso. Carlos a un lado, yo pajeándolo mientras Diego me taladraba. Sudor goteaba de sus frentes al mío, salado en mis labios. Gemidos subían de tono: "¡Ay, cabrón!", "¡Más duro!", "¡Qué panocha tan rica!". Mis uñas clavadas en sus espaldas, dejando marcas rojas.

El clímax se acercaba como tormenta. Me subieron encima de Diego, cabalgándolo reversa, su verga golpeando mi punto G. Carlos detrás, untando lubricante en mi culo. "Relájate, mi reina", susurró. Entró lento, doble penetración por fin. Sentí plenitud total, estirada al límite pero en éxtasis. Dos vergas frotándose dentro, separadas por una delgada pared. El sonido era brutal: piel contra piel, jugos chorreando, mis gritos ahogados.

"¡Me vengo, weyes!", chillé. El orgasmo explotó, olas de placer sacudiéndome, concha contrayéndose alrededor de Diego, culo apretando a Carlos. Ellos gruñeron, corriéndose casi juntos: chorros calientes llenándome, semen escurriendo por mis muslos. Colapsamos en un enredo sudoroso, respiraciones entrecortadas, el aire pesado de sexo y satisfacción.

Después, en la afterglow, nos quedamos así, pieles pegajosas, besos suaves. Diego se vistió primero, abrazándonos. "Gracias, carnales. Neta inolvidable". Se fue, dejando el depa en calma. Carlos y yo nos metimos a la regadera, agua caliente lavando restos, manos tiernas explorando de nuevo.

Esto nos unió más. No fue solo sexo, fue confianza pura. ¿Repetimos? Pinche sí.

Secos en la cama, con sábanas frescas oliendo a lavanda, nos acurrucamos. "Te amo, Ana. Eres mi todo". "Y tú el mío, con tríos x videos y todo". Reímos bajito, el corazón pleno, sabiendo que habíamos cruzado un umbral chingón, más fuertes que nunca.

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