Try Catch de Placer
La luz tenue del atardecer se colaba por las ventanas altas de mi departamento en la Roma, tiñendo todo de un naranja cálido que hacía que el aire oliera a jazmín del jardín de abajo. Yo, Alex, programador freelance de treinta y tantos, acababa de cerrar un proyecto pesado lleno de bugs. Pero esa noche no pensaba en código. Pensaba en ella, en Lupe, mi carnala del equipo de desarrollo, la morra que me traía loco desde hace meses con su risa escandalosa y esas curvas que se marcaban bajo sus blusas ajustadas.
Nos habíamos visto en la oficina esa tarde, rodeados de laptops y tazas de café de olla. Ella, con el pelo negro suelto cayéndole por la espalda, se acercó a mi escritorio y susurró: "Try catch este error, wey", mientras rozaba mi hombro con la yema de sus dedos. Su aliento olía a menta y a algo dulce, como chicle de tamarindo. Sentí un chispazo en la piel, el corazón latiéndome como si estuviera en un loop infinito. Neta, esa morra sabía cómo debuguear mis defensas.
La invité a unas chelas en mi terraza. "Órale, carnal, vamos a ver si tu try catch aguanta mi intensidad", dijo ella con esa sonrisa pícara, ojos cafés brillando como estrellas en el skyline de la CDMX. Llegamos y el viento fresco de la noche nos envolvió, trayendo ecos de música de un antro lejano y el aroma de tacos al pastor de la esquina.
¿Será que esta vez logro catch su fuego de una vez?
Empezamos con unas Indias frías, sentados en las sillas de mimbre, platicando de código y de la vida. Sus piernas morenas cruzadas, la falda corta subiéndose un poco, dejando ver la suavidad de sus muslos. Cada vez que reía, su pecho subía y bajaba, hipnotizándome. El deseo crecía como un stack overflow en mi mente: lento al principio, pero a punto de reventar.
De repente, ella se paró, se quitó los zapatos y bailó al ritmo de una rola de Natalia Lafourcade que sonaba bajito en mis bocinas. "Try to catch me if you can, pendejo", gritó juguetona, girando sobre la terraza. Su piel brillaba bajo las luces de neón de los edificios cercanos, oliendo a su perfume de vainilla y sudor ligero. Corrí tras ella, riendo como güey, mis manos rozando su cintura pero ella escapaba, rápida como un puntero astuto.
La acorralé contra la barandilla. Nuestras respiraciones se mezclaban, jadeantes, el pulso acelerado latiéndome en las sienes. La tomé de la nuca y la besé. Sus labios eran suaves, calientes, sabían a cerveza y a deseo puro. Su lengua danzó con la mía, explorando, probando. "Neta, tu try catch es perfecto", murmuró contra mi boca, sus manos bajando por mi pecho, desabotonando mi camisa con dedos temblorosos de anticipación.
La cargué adentro, al cuarto, donde la cama king size nos esperaba con sábanas blancas crujientes. El aire estaba cargado de nuestro calor, el olor a su excitación empezando a filtrarse, dulce y almizclado. La tumbé despacio, admirando su cuerpo: pechos firmes escapando del bra negro de encaje, caderas anchas invitando a ser tocadas. Ella arqueó la espalda, gimiendo bajito cuando le quité la falda, revelando unas panties húmedas que se pegaban a su piel.
¡Carajo, qué chingona se ve así, abierta para mí!
Mis manos temblaban en el try inicial: acaricié sus muslos internos, sintiendo la piel de gallina erizarse bajo mis palmas ásperas. Ella jadeó, "Catch ahí, wey, justo ahí", guiándome a su chochito hinchado. Lamí sus labios mayores despacio, saboreando el salado dulce de su humedad, el clítoris palpitando contra mi lengua. Sus gemidos subían de volumen, como un build-up en una función recursiva, cada lamida un paso más cerca del peak.
Pero Lupe no era de rendirse fácil. Se incorporó, me empujó a la cama y se montó a horcajadas. "Mi turno en el try catch", dijo con voz ronca, desabrochándome el pantalón. Mi verga saltó libre, dura como acero, venosa y palpitante. Ella la miró con hambre, oliendo mi aroma masculino mezclado con el jabón de mi ducha matutina. La tomó en su mano suave, masturbándome lento, el prepucio deslizándose con un sonido húmedo que me volvía loco.
Su boca descendió, caliente y húmeda, envolviéndome hasta la garganta. Sentí el vacío succionando, su lengua girando alrededor de la cabeza sensible, saboreando el pre-semen salado. "¡Órale, qué rica verga tienes, carnal!", gruñó entre chupadas, las vibraciones enviando ondas de placer por mi espina. Intenté no correrme pronto –un catch mental para controlar el flujo– pero neta, era un challenge extremo.
La tensión escalaba. La volteé boca abajo, besando su espalda sudada, oliendo el sudor fresco de sus axilas. Mis dedos exploraron su entrada, resbaladiza y caliente, preparándola. Ella empujó contra mí, "Ya métesela, no mames, try it now". Empujé despacio, centímetro a centímetro, su concha apretándome como un guante vivo, pulsando alrededor de mi verga. El sonido de piel contra piel empezó, chapoteante, rítmico, mezclado con sus "¡Ay, sí, cabrón!".
La embestí más fuerte, el sudor goteando de mi frente a su espalda, el cuarto lleno de nuestro olor a sexo crudo: almizcle, saliva, fluidos. Sus paredes internas se contraían en un catch perfecto, ordeñándome. Cambiamos posiciones –ella encima, cabalgándome salvaje, pechos rebotando, uñas clavándose en mi pecho dejando marcas rojas ardientes. Yo desde abajo, chupando sus tetas duras, mordisqueando pezones cafés que sabían a sal y a ella.
Esto es el ultimate try catch, fallar no es opción, solo release total.
El clímax se acercaba como un deadline quemado. Sus gemidos se volvieron gritos ahogados, "¡Me vengo, wey, atrápame!", su cuerpo temblando, chochito inundándome en chorros calientes. Eso me lanzó al borde: empujé profundo una última vez, explotando dentro de ella, semen caliente llenándola en pulsos interminables. El mundo se volvió blanco, solo sensaciones: su calor apretándome, nuestros corazones tronando al unísono, el aire espeso de placer.
Colapsamos juntos, enredados en sábanas empapadas, respiraciones entrecortadas calmándose poco a poco. Su cabeza en mi pecho, escuchando mi corazón volver a normal. El viento de la noche entraba por la ventana, fresco contra nuestra piel pegajosa, trayendo olor a lluvia lejana. La besé en la frente, oliendo su cabello revuelto.
"Try catch perfecto, carnal", susurró ella, riendo bajito, trazando círculos en mi abdomen con el dedo. Yo sonreí, sintiendo una paz profunda, como después de un deploy exitoso. No era solo sexo; era conexión, dos devs encontrando el bug fix en los brazos del otro. Afuera, la ciudad zumbaba indiferente, pero en ese momento, nuestro mundo era completo, resonando con promesas de más noches así.