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El Tri Clásico de Hoy en Carne Viva

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El Tri Clásico de Hoy en Carne Viva

El estadio virtual del televisor rugía con la afición, pero en tu sala el verdadero clásico apenas comenzaba. Tú, con la playera verde de El Tri pegada al pecho por el sudor del día caluroso en la Ciudad de México, te dejas caer en el sofá junto a ella. Karla, tu carnala del alma desde la prepa, pero ahora algo más que eso: una morra con curvas que te vuelven loco, ojos café que brillan como luces del Azteca y un culo que parece hecho para provocarte. Lleva una falda corta de las que suben solitas y una blusa ajustada que deja ver el encaje negro de su brasier. Órale, carnal, ya empezó el Tri clásico de hoy, ¡contra los gringos! dice con esa voz ronca que te eriza la piel, pasándote una chela fría que chorrea condensación en tu mano caliente.

El aire huele a nachos con queso derretido que trajeron de la taquería de la esquina, mezclado con su perfume dulzón de vainilla y algo más, un aroma femenino que ya te tiene la verga medio parada. Sientes el fresco del ventilador golpeando tus muslos desnudos bajo los shorts, y cada vez que ella se mueve, su pierna roza la tuya, suave como seda, enviando chispas directas a tu entrepierna. En la pantalla, Chicharito patea y el portero ataja; gritas ¡No mames! y ella se ríe, inclinándose hacia ti, su pecho rozando tu brazo.

Su calor me quema, cabrón, ¿por qué siempre me pasa esto con ella durante los partidos?
piensas, mientras tu pulso se acelera como el de los jugadores en el midfield.

Minuto veinte, México presiona. Tú sientes su mano en tu rodilla, casual al principio, como si nada. ¿Ves cómo juegan, wey? Así de intensos, murmura ella, y sus dedos suben un centímetro, trazando círculos lentos. El sonido del comentarista gritando ¡Gol de El Tri! explota en los bocinas, y Karla salta sobre ti, abrazándote fuerte, sus tetas aplastadas contra tu pecho, su boca cerca de tu oreja susurrando ¡Sí, cabrón, así se hace! Su aliento huele a limón de la chela y a deseo puro. Cuando se separa, su falda se sube lo justo para que veas el borde de sus calzones rojos, húmedos ya. Tu verga late dura contra el short, pidiendo salida.

La tensión del partido sube como tu calentura. Ella se acomoda a horcajadas en tus piernas durante el medio tiempo, fingiendo que es para ver mejor el análisis. ¿Qué pedo, Karla? El Tri clásico de hoy está chingón, pero tú... balbuceas, y ella te calla con un beso, lengua adentro, saboreando sal de sudor y chela. Sus caderas se mueven despacio, frotándose contra tu erección, el roce áspero de la tela volviéndote loco. Hueles su arousal, ese olor almizclado que sale de entre sus piernas, mezclado con el popote de los nachos olvidado en la mesa. Tus manos suben por sus muslos firmos, tocando piel caliente, suave, hasta meterse bajo la falda. Está empapada, la puta, piensas, mientras tus dedos rozan la tela mojada de sus calzones.

¿Quieres que pare el partido? pregunta ella, mordiéndote el labio inferior, su voz entrecortada por la respiración agitada. Tú niegas con la cabeza, gruñendo Ni madres, sigue el Tri clásico de hoy, pero fóllame ya. Ella ríe bajito, ese sonido que te deshace, y baja la mano a tu short, liberando tu verga gruesa y venosa que salta al aire fresco de la sala. La acaricia lento, arriba y abajo, su palma cálida y ligeramente áspera por el día, untando el pre-semen que ya chorrea.

Cada jalón es como un tiro al arco, directo al clímax que se arma
. En la tele, reinicia el segundo tiempo, el público corea, pero tú solo oyes su gemido cuando metes dos dedos dentro de ella, resbalosos, apretados, su concha chupándotelos como si no quisiera soltarlos.

La besas en el cuello, lamiendo sudor salado, mordiendo suave esa piel que sabe a ella, a México en verano. Karla arquea la espalda, empujando contra tu mano, sus uñas clavándose en tus hombros. ¡Ay, wey, más adentro! suplica, y tú obedeces, curvando los dedos para tocar ese punto que la hace temblar. El olor de sexo llena la sala, pesado, excitante, cubriendo el de la comida. Afuera, cláxones de la colonia festejan un avance de El Tri, pero aquí dentro el ritmo es otro: tus dedos entrando y saliendo con sonidos chapoteantes, su clítoris hinchado bajo tu pulgar frotando círculos rápidos.

De pronto, ella se desliza al suelo, de rodillas entre tus piernas abiertas. Mi turno, pendejo, dice con picardía mexicana, y engulle tu verga de un trago, labios suaves envolviéndote, lengua girando alrededor del glande sensible. Sientes el calor húmedo de su boca, el vacío cuando succiona fuerte, el roce de sus dientes apenas rozando. Gimes alto, agarrando su cabello negro largo, oliendo a shampoo de coco. En la pantalla, un penal: ¡Guarda! grita el locutor, y tú sientes que revientas cuando ella traga profundo, garganta apretando tu punta. No aguanto, su boca es un pinche paraíso.

La jala arriba, la volteas en el sofá, falda arremangada, calzones a un lado. Su panocha depilada brilla de jugos, labios rosados hinchados invitándote. Te posicionas, verga palpitante en su entrada, y empujas lento, centímetro a centímetro, sintiendo cada vena estirando sus paredes calientes, apretadas. ¡Chingado, qué rica estás! gruñes, y ella responde ¡Métemela toda, carnal, como El Tri al arco!. Empiezas a bombear, piel contra piel chocando con palmadas húmedas, sus tetas botando libres ahora que le quitaste la blusa. Sudor perla en su vientre plano, gotea entre sus pechos que chupas, mamando pezones duros como piedras, sabor salado y dulce.

El partido llega al clímax: minuto 85, México contraataca. Tú aceleras, follándola duro, profundo, sus piernas envolviéndote la cintura, talones clavándose en tu culo empujándote más adentro. ¡Voy a venirme! jadea ella, uñas rastrillando tu espalda, dejando marcas rojas que arden delicioso. Su concha se contrae, ordeñándote, chorros calientes mojando tus bolas. Tú resistes, mordiendo su hombro, oliendo su cabello revuelto. ¡Gol! explota la tele, confeti virtual, y tú no aguantas: vergas hinchándose, chorros de leche caliente llenándola, saliendo por los lados mientras sigues empujando, gruñendo como bestia.

Colapsan juntos, jadeando, el televisor ahora en pospartido. Su cabeza en tu pecho, escuchas su corazón galopando al ritmo del tuyo, piel pegajosa de sudor y semen. El Tri clásico de hoy fue épico, pero esto... chingón de verdad, murmura ella, besándote el pecho. Tú acaricias su espalda, sintiendo las curvas que conoces de memoria, el aroma de sexo y victoria flotando. Afuera, la colonia festeja con cohetes, pero aquí el afterglow es tuyo: paz caliente, conexión profunda, sabiendo que la próxima revancha será igual de intensa.

Se levantan despacio, ella camina desnuda a la cocina por más chelas, culo meneándose provocador. Tú la miras, verga twitchando de nuevo, pensando

Pinche Karla, me tienes enganchado como fanático del Tri
. El partido terminó, pero su clásico apenas empieza.

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