Relatos Salvajes
Inicio Sexo en Grupo Mi Trio de Mujeres Porno Inolvidable Mi Trio de Mujeres Porno Inolvidable

Mi Trio de Mujeres Porno Inolvidable

6728 palabras

Mi Trio de Mujeres Porno Inolvidable

Era una noche de esas que no se olvidan en la Condesa, wey. La música reggaetón retumbaba en el bar, luces neón parpadeando sobre cuerpos sudados que se movían al ritmo. Yo, Alex, acababa de llegar de un pinche día eterno en la oficina, con ganas de soltar el estrés. Pedí un tequila reposado con limón y sal, y mientras lo saboreaba, mis ojos se clavaron en ellas. Tres morras que parecían sacadas de un trio de mujeres porno: curvas perfectas, piel morena brillando bajo las luces, vestidos ajustados que dejaban poco a la imaginación.

La primera, Karla, tenía el pelo negro largo hasta la cintura, tetas firmes que rebotaban con cada paso, y una sonrisa pícara que gritaba ven y atrévete. Al lado, Sofía, rubia teñida con raíces oscuras bien chidas, culo redondo que hipnotizaba, y ojos verdes que te desnudaban con la mirada. Y la tercera, Daniela, chaparrita pero con un cuerpo de infarto, labios carnosos pintados de rojo fuego, y un tatuaje de una rosa en el muslo que asomaba juguetón. Bailaban pegaditas, frotándose entre sí como si el mundo no existiera, manos recorriendo caderas, risas roncas mezclándose con el bajo del DJ.

¿Qué chingados? ¿Esto es real o nomás estoy bien pedo?
pensé, sintiendo un calor subiendo por mi entrepierna. Ellas me cacharon mirando, y en lugar de hacerla de tos, Karla levantó su copa hacia mí, guiñándome un ojo. Mi corazón latió como tamborazo en una fiesta de pueblo. Me acerqué, neta nervioso pero con la verga ya medio parada.

—Oye, guapo, ¿vienes a ver o a jugar? —dijo Karla, su voz ronca como miel caliente, oliendo a perfume vainilla y sudor fresco.

—A jugar, mamacita —respondí, sintiendo su aliento en mi oreja mientras Sofía se pegaba por detrás, su mano rozando mi culo disimuladamente.

Daniela soltó una carcajada. —Pues vente con nosotras, pendejo. Vamos a hacer que esta noche valga la pena.

Acto uno hecho. Salimos del bar riendo, el aire fresco de la noche mexicana golpeándonos la cara, olor a tacos al pastor flotando en la calle. Subimos a un Uber rumbo a su depa en Polanco, un penthouse chingón con vista a la ciudad. En el camino, las manos no paraban: Karla en mi muslo, apretando suave, Sofía besándome el cuello, mordisqueando la piel hasta erizarme, Daniela mandándome fotos suyas en el celular, topless con caritas de porno star.

Llegamos y la puerta se cerró con un clic que sonó como promesa. El lugar olía a incienso de sándalo y algo más, aroma femenino, a piel caliente y loción hidratante. Luces tenues, música suave de Bad Bunny de fondo. Karla me empujó al sofá de cuero negro, suave contra mi espalda.

—Quítate la camisa, carnal —ordenó Sofía, lamiéndose los labios.

Me la arranqué, y ellas tres se pararon frente a mí, balanceando caderas como en un video de Pornhub. Lentamente, se desabrocharon los vestidos. Karla dejó caer el suyo primero, revelando unas tangas de encaje rojo que apenas cubrían su coñito depilado. Sus tetas, grandes y naturales, con pezones oscuros ya duros como piedras. Sofía siguió, su cuerpo atlético brillando, areolas rosadas invitando a morder. Daniela, la más juguetona, giró para mostrar su culo perfecto, dándome una nalgada que resonó en la habitación.

Me levanté, besando a Karla primero. Sus labios sabían a tequila y gloss de fresa, lengua danzando con la mía, húmeda y ansiosa. Sofía se pegó a mi lado, chupándome el lóbulo de la oreja, sus uñas arañando mi pecho bajando hasta mi cinturón. Daniela se arrodilló, desabrochándolo con dientes, liberando mi verga tiesa que saltó como resorte.

Neta, esto es un sueño. Tres diosas listas para devorarme.

El medio acto explotó en intensidad. Daniela la tomó en su boca primero, chupando la cabeza con labios suaves, lengua girando alrededor del glande, saliva caliente goteando. Olía a su excitación, ese musk dulce de coño mojado. Karla y Sofía se besaban encima de mí, tetas frotándose, gemidos bajos como ronroneos de gata en celo. Las manos de Karla bajaron a mis bolas, masajeando suave mientras Daniela mamaba más profundo, garganta apretando hasta hacerme jadear.

Cambiaron posiciones como pros de un trio de mujeres porno. Sofía se sentó en mi cara, su coñito rosado y empapado rozando mi nariz, sabor salado y dulce invadiendo mi lengua mientras la lamía, succionando el clítoris hinchado. Ella se retorcía, gritando ¡Sí, wey, así!, jugos chorreando por mi barbilla. Karla montó mi verga, deslizándola adentro centímetro a centímetro, su calor vaginal envolviéndome como guante de terciopelo mojado. Rebotaba lento al principio, tetas saltando, sudor perlando su piel morena que brillaba como aceite.

Daniela no se quedaba atrás. Se masturbaba viéndonos, dedos hundiéndose en su raja lampiña, luego los metía en mi boca para que probara su esencia agria y adictiva. El sonido era puro porno: chapoteos húmedos, piel chocando piel, gemidos escalando. ¡Ay, cabrón, me vengo! gritó Karla primero, su coño contrayéndose alrededor de mi pija, ordeñándome mientras temblaba.

Las intercambiamos. Sofía ahora cabalgándome, su culo rebotando con fuerza, nalgas cacheteando mis muslos. Karla y Daniela se lamían mutuamente en 69 encima, lenguas hurgando coños, dedos en culitos, un festival de fluidos y alaridos. Toqué todo: piel suave como seda, pezones duros entre mis dedos, clítoris pulsantes bajo mi pulgar. El olor era embriagador, mezcla de sudor, pussy y mi propio precum.

La tensión crecía, mis bolas apretadas listas para estallar.

No aguanto más, pinche paraíso.
Las puse de rodillas las tres, verga en mano. Ellas abrieron bocas ansiosas, lenguas extendidas. Me pajeé furioso, el placer subiendo como ola, hasta que exploté. Chorros calientes salpicando caras, tetas, lenguas lamiendo cada gota, riendo entre jadeos.

El final fue puro afterglow. Nos derrumbamos en la cama king size, cuerpos entrelazados, piel pegajosa de sudor y semen enfriándose. Karla me besó la frente. —Eres un animal, Alex. Vuelve cuando quieras.

Sofía acurrucada en mi pecho, dedo trazando mi abdomen. —Neta, el mejor trio de mujeres porno que hemos armado.

Daniela trajo tequila en vasos helados, brindamos riendo, el ardor bajando por gargantas secas. La ciudad brillaba afuera, pero adentro, el calor de sus cuerpos me envolvía. Me quedé pensando en sus curvas, sus sabores, esa conexión salvaje y tierna a la vez. Salí al amanecer con promesas de más noches locas, la verga satisfecha y el alma en paz. Pinche vida chida.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a relatossalvajes.cc.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.