Relatos Salvajes
Inicio Sexo en Grupo Trío Hot Wife Ardiente Trío Hot Wife Ardiente

Trío Hot Wife Ardiente

6291 palabras

Trío Hot Wife Ardiente

Me llamo Ana, y desde que mi carnal Carlos y yo nos casamos hace cinco años, hemos jugado con la idea de un trío hot wife. Neta, siempre ha sido mi fantasía más cabrona: ser la reina del momento, con mi viejo viéndome gozar como loca mientras otro wey me da lo que quiere. Pero nunca lo habíamos hecho realidad. Hasta esa noche en nuestra villa en Playa del Carmen, con el mar Caribe rugiendo afuera como si supiera lo que se avecinaba.

El sol se había puesto hace rato, dejando el cielo todo morado y naranja. Carlos y yo estábamos en la terraza, con unos tequilas reposados en la mano, el olor salado del océano mezclándose con el humo de los cigarros puros que fumábamos. Llevábamos meses platicando de esto. "¿Y si buscamos a alguien, mi amor? Un tipo chulo, que sepa complacer a una hot wife como tú", me decía él, con esa mirada pícara que me moja al instante. Yo reía, nerviosa pero caliente por dentro. "Neta, Carlos, ¿y si nos arrepentimos? ¿Y si es muy pendejo?" Pero él insistía: "Va a ser épico, vas a ver".

Entonces llegó Marco. Lo conocimos en el bar de la playa esa tarde. Alto, moreno, con músculos que se marcaban bajo la camisa guayabera y una sonrisa que gritaba voy a comerte entera. Charlamos un rato, coqueteamos sin vergüenza. Carlos le soltó la indirecta: "Mi jefa aquí es una hot wife de campeonato, ¿sabes?". Marco se rio, pero sus ojos se clavaron en mis chichis, que asomaban juguetones por el escote de mi vestido playero. "Órale, carnal, pues avísenme si necesitan refuerzos". Y así, sin más, lo invitamos a la villa esa noche. El corazón me latía como tamborazo zacatecano mientras lo esperábamos.

¿De veras voy a hacer esto? Dios, mi panocha ya está palpitando solo de pensarlo. Carlos me mira como si yo fuera su diosa, y Marco... ay, wey, ese cuate promete.

La puerta sonó a las once. Marco entró con una botella de mezcal en la mano, oliendo a colonia fresca y sal marina. Nos sentamos en los sillones de mimbre, con velas parpadeando y música de cumbia rebajada sonando bajito. El aire estaba cargado, espeso como el calor de la noche. Brindamos: "Por las hot wives y sus tríos locos", dijo Marco, guiñándome el ojo. Carlos rio y me jaló para un beso profundo, su lengua saboreando a tequila en mi boca. Sentí su mano bajando por mi espalda, hasta mi nalga, apretándola firme.

La tensión crecía chinga chinga. Marco se acercó, su rodilla rozando la mía. "¿Puedo?", murmuró, y sin esperar, su mano grande cubrió mi muslo desnudo. La piel se me erizó al toque, áspero y caliente. Carlos asintió, excitado como nunca: "Dale, hermano, hazla gozar". Yo gemí bajito cuando Marco me besó el cuello, su barba raspándome delicioso, mientras Carlos me quitaba el vestido de un tirón. Quedé en tanguita roja y nada más, mis tetas al aire, pezones duros como piedras.

Acto dos: la escalada. Nos movimos al cuarto principal, con la cama king size cubierta de sábanas de algodón egipcio y vista al mar. El sonido de las olas chocando era como un pulso constante, sincronizándose con mi respiración agitada. Marco me tumbó suave, sus labios devorando mis chichis. Chupaba un pezón mientras pellizcaba el otro, y yo arqueaba la espalda, oliendo su sudor mezclado con mi aroma de mujer en celo. "¡Qué rica estás, hot wife!", gruñó él, y Carlos, ya desnudo, se paró al lado, su verga tiesa palpitando.

Yo tomé la de mi marido en la boca primero, saboreando esa sal familiar, mientras Marco me bajaba la tanga y metía la lengua en mi panocha empapada. ¡Madre santa, qué lengua más chingona! Lamía mi clítoris con vueltas expertas, chupando mis jugos como si fueran el mejor mezcal. Gemía contra mí, el vibrar mandándome chispas por todo el cuerpo. Carlos me follaba la boca despacio, sus manos enredadas en mi pelo: "Mírala, Marco, es la hot wife perfecta".

Esto es el paraíso. Dos hombres adorándome, mis sentidos explotando. El olor a sexo llena la habitación, piel contra piel resbalosa de sudor.

La intensidad subía. Cambiamos posiciones: yo de rodillas en la cama, Marco detrás, frotando su verga gruesa contra mis nalgas. Era enorme, caliente como hierro forjado. "Dime si quieres, reina", susurró, y yo, jadeando, grité: "¡Sí, cabrón, métemela ya!". Empujó despacio, centímetro a centímetro, estirándome delicioso. Dolor y placer puro, mi panocha apretándolo como guante. Carlos enfrente, yo mamándolo mientras Marco me daba estocadas profundas, sus bolas chocando contra mí con un plaf plaf rítmico.

Sudor goteaba por sus pechos, salado en mi lengua cuando lamí el de Marco. El cuarto apestaba a deseo: almizcle, tequila, mar. Gemidos everywhere – míos agudos, de ellos roncos. Carlos se unió, frotando su verga contra mi cara mientras Marco me aceleraba. Me voy a venir, no aguanto. "¡Ya, weyes, fóllenme duro!", supliqué. Marco me agarró las caderas, clavándome hasta el fondo, y Carlos metió dos dedos en mi boca, luego bajó a mi clítoris, frotándolo en círculos.

El clímax me pegó como ola gigante. Grité, temblando entera, mi panocha contrayéndose alrededor de Marco, ordeñándolo. Él rugió y se corrió adentro, chorros calientes llenándome. Carlos, viendo todo, explotó en mi tetas, semen tibio salpicando mi piel. Colapsamos los tres, enredados, pulsos latiendo al unísono con el mar.

En el afterglow, yacíamos jadeando. Marco me besó la frente: "Eres una diosa, hot wife". Carlos me abrazó por detrás, su mano en mi vientre: "Te amo, mi amor. Esto fue chingón". Yo sonreí, satisfecha hasta los huesos, el cuerpo pesado y liviano a la vez. Olía a nosotros tres, un perfume único de pasión compartida.

¿Repetimos? Neta, este trío hot wife nos cambió. Ahora sé que mi deseo no tiene límites, y Carlos es el mejor compañero para explorarlos.

Marco se fue al amanecer, prometiendo volver. Nosotros nos quedamos en la cama, el sol filtrándose por las cortinas, besándonos lento. La villa parecía más viva, el mar cantando victoria. Fue más que sexo: fue liberación, confianza, un lazo más fuerte. Y yo, la hot wife, me sentía invencible.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a relatossalvajes.cc.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.