Trio de Admiracion Poblana
Estaba en Puebla por unos días de trabajo pero con ganas de desconectarme del pinche estrés. La ciudad me había atrapado desde el primer momento con sus calles empedradas y el aroma del mole flotando en el aire como una promesa de placeres intensos. Caminaba por el centro histórico esa noche de viernes cuando las vi: dos morras espectaculares sentadas en la terraza de un bar chido con luces tenues y música de mariachi suave de fondo. La primera era Ana una poblana de esas que te dejan con la boca abierta alta curvilínea con piel morena que brillaba bajo la luz de las velas y un vestido rojo ajustado que marcaba sus chichis perfectas y su culo redondo. Al lado suyo Sofia su amiga igual de cañón pero con un toque más juguetón ojos verdes penetrantes y labios carnosos que invitaban a pecar.
Me acerqué con una cerveza en la mano fingiendo casualidad pero el corazón me latía como tambor. Estas weyas están para comérselas pensé mientras me sentaba. "Buenas noches reina" le dije a Ana sonriéndole con esa confianza que me sale natural. Ella me miró de arriba abajo y soltó una risa ronca que me erizó la piel. "Uy qué galán ¿vienes a conquistarnos o qué?" respondió con ese acento poblano dulce y picante. Sofia se unió al juego guiñándome el ojo. "Mira Ana este wey nos va a hacer sudar la gota gorda". Hablamos de todo un rato el volcán de Popocatépetl las cemitas más ricas del mundo y cómo la noche poblana siempre termina en fiesta. Sentía su admiración en cada mirada en cómo se mordían los labios al escucharme contar mis aventuras. Yo no me quedaba atrás admirando sus curvas el olor de su perfume mezclado con el jazmín del ambiente y el roce accidental de sus rodillas contra las mías bajo la mesa.
¿Será que esta noche se arma el desmadre? Pienso mientras su aliento cálido me roza el cuello. No puedo dejar pasar esta oportunidad estas dos son puro fuego poblano.
La tensión crecía con cada trago de mezcal. Ana se inclinó hacia mí su escote generoso a centímetros de mi cara y susurró "Oye guapo ¿has probado un trio de admiración poblana? Es cuando dos reinas como nosotras admiran a un macho alfa como tú hasta que explota el volcán". Sus palabras me pusieron la verga dura al instante. Sofia asintió lamiéndose los labios "Sí carnal y tú nos admiras a nosotras con todo el respeto que merecemos". No pude resistir más. "Chingaos vámonos de aquí" propuse y ellas sonrieron como lobas en celo. Tomamos un taxi hasta el depa de Ana en el Angelópolis un lugar moderno con vistas a la ciudad y una cama king size que gritaba pecado.
Adentro el aire se cargó de electricidad. Cerré la puerta y Ana me empujó contra la pared besándome con hambre sus labios suaves y calientes saboreando a tequila y deseo. Sofia se pegó por detrás sus manos explorando mi pecho bajando hasta mi cinturón. Olía a vainilla y sudor fresco ese aroma que enloquece. "Desnúdate wey" murmuró Sofia en mi oído mientras Ana me quitaba la camisa mordisqueándome el cuello. Sentí sus tetas presionando contra mí firmes y pesadas el calor de su piel contra la mía. Me quité el pantalón y ahí estaba mi verga parada como soldado lista para la acción. "¡Mira qué pedazo de verga!" exclamó Ana arrodillándose admirándola con los ojos brillantes. Sofia se unió lamiendo el glande despacio su lengua caliente y húmeda haciendo que gemiera bajito.
Las ayudé a quitarse los vestidos revelando cuerpos perfectos sin un gramo de sobra. Ana tenía las chichis grandes con pezones oscuros duros como piedras y un coño depilado que brillaba de humedad. Sofia era más delgada pero con un culo que pedía nalgadas y un piercing en el ombligo que me volvía loco. Las besé a las dos alternando lenguas jugosas y gemidos suaves el sabor salado de su piel mezclándose con el mío. Las llevé a la cama tumbándolas boca arriba admirando el paisaje. "Son unas diosas poblanas" les dije metiendo los dedos en sus coños ya empapados. Ana jadeaba "¡Sí cabrón métemela ya!" mientras Sofia se retorcía "No pares wey me tienes loca". El sonido de sus jugos chorreando mis dedos entrando y saliendo era música pura húmedo y obsceno.
Esto es el paraíso pienso con el pulso acelerado. Sus cuerpos se arquean hacia mí pidiendo más y yo soy el rey de esta noche poblana.
Empecé con Ana montándome a horcajadas su coño apretado tragándose mi verga centímetro a centímetro. "¡Ay pinche verga dura!" gritó mientras rebotaba sus chichis saltando hipnóticas el sudor perlando su piel morena. Sofia no se quedaba atrás sentándose en mi cara su coño dulce y salado en mi boca lamiéndola con ganas chupando su clítoris hinchado. Oía sus gemidos mezclados "¡Más fuerte!" "¡No pares mami!" el colchón crujiendo bajo nosotros el olor a sexo invadiendo la habitación espeso y adictivo. Cambiamos posiciones Sofia ahora cabalgándome con furia su culo chocando contra mis huevos chap chap chap mientras Ana me besaba y me pellizcaba los pezones. Sentía sus paredes contrayéndose ordeñándome la verga el calor intenso subiendo por mi espina.
La intensidad escalaba. Las puse a las dos de rodillas yo de pie detrás alternando embestidas profundas en sus coños. Ana primero "¡Sí así cabrón rómpeme!" su culo rebotando suave y firme. Luego Sofia "¡Dame verga wey estoy por venirme!" sus gemidos agudos como sirenas. El tacto de sus nalgas en mis manos resbalosas de sudor el sabor de sus besos entre embestida y embestida. Sudábamos como locos el aire cargado de nuestros olores almizclados y jadeos roncos. "Voy a explotar" avisé y ellas se voltearon abriendo la boca listas. Me pajeé furioso viendo sus lenguas extendidas y vine como volcán chorros calientes en sus caras y tetas. Ellas se lamieron mutuamente limpiándose gemían de placer compartido "Qué rico wey".
Caímos exhaustos en la cama un enredo de cuerpos sudorosos y satisfechos. Ana acurrucada en mi pecho su respiración calmándose "Eso fue un trio de admiración poblana inolvidable" murmuró. Sofia besándome la mejilla "Vuelve cuando quieras carnal nos tienes enganchadas". Reí bajito acariciando sus espaldas suaves el corazón aún latiendo fuerte pero en paz. Afuera la ciudad dormía bajo las estrellas de Puebla pero adentro habíamos encendido nuestro propio fuego. Me quedé pensando en lo chingón que es la vida cuando te topas con dos poblanas que admiran y se dejan admirar sin tabúes. Esa noche soñé con más tríos con su piel su sabor eterno en mi memoria.