Relatos Salvajes
Inicio Sexo en Grupo El Serviporno del Trío Lesvico Ardiente El Serviporno del Trío Lesvico Ardiente

El Serviporno del Trío Lesvico Ardiente

5988 palabras

El Serviporno del Trío Lesvico Ardiente

Era una de esas noches calurosas en mi depa de Polanco, con el aire cargado de ese olor a jazmín que sube desde el jardín de abajo y el zumbido lejano de los coches en Reforma. Yo, Sofía, acababa de cumplir veintiocho y había invitado a mis cuates María y Daniela para una pijamada de adultos, neta, sin pendejadas. Las tres éramos solteras, mamacitas independientes con chamba en agencias de publicidad, y siempre que nos juntábamos salían chispas. María, la morra de curvas asesinas y pelo negro como la noche, traía una botella de tequila Don Julio. Daniela, flaca pero con unas chichis firmes que te hacen babear, cargaba con las chelas artesanales.

Nos echamos en el sillón de terciopelo rojo, con las luces bajas y el ventilador girando perezoso arriba. Órale, qué rico estar así, sin estrés, pensé mientras servía los shots. La piel se me erizaba con el roce accidental de sus piernas contra las mías. Hablábamos de todo: de jefes culeros, de dates fallidos, hasta que Daniela sacó su cel y dijo: "Neta, vean esto, busqué en Serviporno un trío lesvico y uff, está cañón". Reímos como locas, pero el ambiente cambió. El video empezó: tres morras como nosotras, tocándose con hambre, gemidos que se colaban por los bocinas como miel caliente.

Mi corazón latió más fuerte. Sentí un cosquilleo entre las piernas, ese calor húmedo que sube despacio. Miré a María, sus labios carnosos entreabiertos, los ojos fijos en la pantalla. Daniela se mordía el labio inferior, su mano rozando mi muslo sin quererlo... o queriéndolo.

¿Y si nos dejamos llevar? Somos adultas, consentimos todo, ¿no?
El deseo era como un shot de tequila: ardía en la garganta y bajaba directo al estómago.

El video avanzaba, las morras en Serviporno trio lesvico se comían a besos, lenguas enredadas, manos explorando piel sudorosa. Apagué la tele de un jalón. "Ya valió, eso me prendió fuego", solté, riendo nerviosa. María se acercó, su aliento a tequila rozándome la oreja. "Sofí, neta te ves rica con esa playera ajustada", murmuró, y su mano subió por mi pierna, suave como pluma. Daniela no se quedó atrás: se pegó a mi otro lado, sus dedos jugueteando con el borde de mi short. "¿Les late probar lo del video?" pregunté, voz temblorosa. Las dos asintieron, ojos brillantes de pura lujuria.

Empezó lento, como debe ser. María me besó primero, labios suaves, sabor a limón y sal. Su lengua danzó con la mía, explorando, mientras yo gemía bajito. Su boca sabe a pecado dulce. Daniela observaba, tocándose los chichis por encima de la blusa, pezones duros marcándose. Luego se unió, besando mi cuello, chupando la piel hasta dejarme marca. Olía a vainilla de su perfume mezclado con sudor fresco. Mis manos volaron a sus cuerpos: apreté las nalgas firmes de María, redondas y calientes; bajé la mano por la panza lisa de Daniela hasta su chochita, ya empapada bajo los calzones.

Nos quitamos la ropa como si quemara. Quedamos en pelotas, piel contra piel en el sillón. El aire olía a nosotras: musk de arousal, tequila derramado. María se arrodilló entre mis piernas, separándolas con ternura. "Te voy a comer rica, Sofí", dijo, y su lengua tocó mi clítoris como rayo. ¡Ay, cabrona, qué chido! Gemí fuerte, arqueando la espalda. Daniela se sentó en mi cara, su panocha rosada y jugosa bajando despacio. La probé: salada, dulce, con ese sabor único de mujer en celo. Lamí su entrada, chupé su botón hinchado mientras ella se mecía, gimiendo "¡Sí, así, pinche rica!".

El ritmo subió. Cambiamos posiciones como en el serviporno trio lesvico que nos inspiró, pero mejor, real. Yo me puse de perrito, María detrás lamiéndome el culo, dedos metiéndose en mi concha chorreante. Daniela debajo, mamándome las chichis, mordisqueando pezones hasta doler rico. Sentía todo: el roce áspero de la alfombra en mis rodillas, el slap de nalgas contra nalgas, el olor almizclado de nuestras jugadas mezclándose con el jazmín de afuera.

Esto es puro vicio, pero consensuado, nuestro
. Mis pensamientos eran un torbellino: María sabe exactamente dónde tocar, Daniela gime como diosa.

La tensión crecía como ola en la playa de Cancún. Sudábamos, cuerpos brillantes bajo la luz ámbar. "Quiero frotarme contigo", le dije a Daniela. Nos pusimos en tijera, chochas restregándose, clítoris chocando como chispas. María nos veía, masturbándose furiosa, dedos hundidos en su propia humedad. "Vengan, métanme mano", suplicó. La acomodamos entre nosotras: yo dos dedos en su panocha, Daniela tres, bombeando sincronizadas. Ella gritaba, "¡Me vengo, cabronas!", cuerpo temblando, chorro caliente salpicándonos las manos.

Mi orgasmo vino como tsunami. Daniela frotaba mi clítoris con expertise mientras María me lamía el ano. El mundo se volvió blanco: pulsos retumbando en oídos, gusto salado en boca, olor a sexo puro invadiendo todo. ¡Qué chingón, flotando en éxtasis! Gritamos las tres, olas de placer chocando. Nos corrimos juntas, piernas enredadas, besos desordenados, lágrimas de puro gozo.

Después, el afterglow fue mágico. Nos acurrucamos en la cama king size, sábanas revueltas oliendo a nosotras. Tequila olvidado, solo caricias suaves. María trazaba círculos en mi panza, Daniela besaba mi hombro. "Neta, fue mejor que cualquier serviporno trio lesvico", dijo Daniela, riendo bajito. Yo asentí, corazón lleno.

Esto no fue solo sexo, fue conexión, empoderamiento entre morras
. Hablamos susurros: de repetir, de explorar más. El sol asomaba por las cortinas, pintando nuestras pieles doradas. Me dormí entre ellas, sintiendo sus pulsos calmados contra el mío, sabiendo que habíamos cruzado un umbral chido, consensual y nuestro para siempre.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a relatossalvajes.cc.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.