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Bedoyecta Tri Precio Farmacias Similares El Fuego Despertado

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Entré a la Farmacias Similares con el sol de la tarde pegándome en la nuca, ese calor mexiquense que te hace sudar hasta el alma. Llevaba semanas sintiéndome decaída, como si mi cuerpo pidiera a gritos un empujón de energía. Mi carnala me había platicado de la Bedoyecta Tri, que según ella era la neta para recargar pilas. "Órale, ve y pregunta el bedoyecta tri precio farmacias similares, está baratísimo y te deja como nueva", me dijo con esa picardía que siempre tiene. Yo, que soy de esas que no se queda con las ganas, decidí checarlo.

El local estaba fresco gracias al aire acondicionado, oliendo a ese desinfectante limpio mezclado con el aroma de cremas y jarabes. La farmacéutica, una morra guapa de unos treinta, con bata blanca impecable, me sonrió. "

¿En qué te ayudo, amiga?
" preguntó con voz suave. Le solté lo de la Bedoyecta Tri y ella, sin chistar, me dio el precio: económico, como mi carnala prometió. Saqué la cartera, pagué y me quedé con la caja en la mano, sintiendo ya un cosquilleo de anticipación. No era solo por las vitaminas; era por él, por Marco, mi chavo que esa noche vendría a mi depa en Polanco. Quería estar al cien para devorarlo entero.

De regreso en mi coche, un Tsuru viejo pero fiel, abrí la caja. La jeringa prellenada brillaba bajo la luz del sol poniente. Me estacioné en un Oxxo cercano, me subí la blusa en el asiento del conductor y, con el corazón latiéndome fuerte, me la apliqué en el glúteo. El pinchazo fue rápido, un ardor fugaz que se expandió como fuego líquido por mis venas. ¡Ay, wey, esto va a doler rico! pensé, mientras el calor subía desde mi nalga hasta mi pecho, despertando cada nervio. Arrancé de nuevo, con la piel erizada y un hormigueo entre las piernas que me hacía apretar los muslos al volante.

Llegué a mi depa justo cuando el cielo se teñía de naranja. Me di un regaderazo rápido, el agua caliente cayendo en cascada sobre mi piel olivácea, resbalando por mis curvas. Me unté crema de coco, ese olor dulce que me encanta, y me puse un conjunto de lencería negra que Marco adora: tanga diminuta y brasier que apenas contenía mis chichis. Me miré al espejo, mis ojos cafés brillando con esa energía nueva. La Bedoyecta Tri ya hacía de las suyas; sentía el pulso acelerado, el deseo latiendo como un tambor en mi vientre.

La puerta sonó a las ocho en punto. Ahí estaba él, mi Marco, alto, moreno, con esa sonrisa pícara que me deshace. Olía a colonia barata pero sexy, a hombre de barrio que sabe lo que quiere. "

¡Hola, mi reina! ¿Lista pa' la noche?
" dijo, abrazándome fuerte. Sus manos grandes en mi cintura, su aliento cálido en mi cuello. Lo jalé adentro, cerré la puerta y lo besé como si no hubiera mañana. Nuestras lenguas se enredaron, saboreando el mentol de su chicle y el vino tinto que yo había tomado de aperitivo.

Nos fuimos al sillón de la sala, con las luces tenues y música de Carlos Rivera de fondo, esa rola romántica que pone el ambiente. Sus dedos subieron por mi muslo, rozando la piel suave, y yo gemí bajito, sintiendo cómo mi centro se humedecía. "

Estás on fire hoy, ¿qué te pasa, preciosa?
" murmuró contra mi oreja, mordisqueándola suave. Le conté lo de la Bedoyecta Tri, cómo el bedoyecta tri precio farmacias similares valió cada peso porque ahora me sentía invencible. Él rio, ese sonido grave que vibra en mi pecho. "
¿En serio? Pues vamos a probar qué tan cargada vienes.
"

Acto uno cerrado, la tensión crecía como tormenta. Lo empujé al sillón y me subí a horcajadas sobre él, frotándome contra su verga que ya endurecía bajo el pantalón. Sentía su calor a través de la tela, palpitando contra mi tanga empapada. Mis manos en su pecho ancho, arañando suave su camisa, oliendo su sudor fresco mezclado con mi perfume. Él me amasó las nalgas, apretando donde aún ardía la inyección, y yo arqueé la espalda, gimiendo "¡Sí, cabrón, así!".

Nos quitamos la ropa con urgencia, piel contra piel. Su boca en mis tetas, chupando los pezones duros como piedras, lamiendo con lengua áspera que me hacía ver estrellas. Yo bajé la mano, libré su miembro grueso, venoso, y lo acaricie lento, sintiendo cómo saltaba en mi palma.

"Qué rica verga tienes, mi amor",
le susurré, mientras él metía dedos en mi coño resbaloso, curvándolos para tocar ese punto que me vuelve loca. El sonido de mis jugos, chapoteando, llenaba la sala junto con nuestros jadeos.

Pero no quería acabar ahí. Lo levanté, lo llevé a la recámara tambaleándonos, besándonos como animales. La cama king size nos recibió, sábanas de algodón egipcio frescas contra nuestra piel ardiente. Me tiró de espaldas, abrió mis piernas y hundió la cara entre ellas. Su lengua en mi clítoris, lamiendo círculos perfectos, sorbiendo mis labios hinchados. Olía a sexo puro, a mi excitación almizclada. ¡Dios, esta energía de la Bedoyecta me tiene al borde! pensé, mientras mis caderas se movían solas, follándole la boca. Grité cuando el primer orgasmo me sacudió, olas de placer electricas desde el útero hasta las yemas de los dedos.

Él no paró. Se puso de rodillas, su pija reluciente de mi saliva después de que yo se la mamara profunda, tragándomela hasta la garganta, saboreando su precum salado. Me penetró de un solo empujón, llenándome hasta el fondo. ¡Qué chingón se siente! El roce de su piel velluda contra la mía, sus bolas golpeando mi culo, el sudor goteando de su frente a mi pecho. Nos movíamos en ritmo perfecto, yo clavándole las uñas en la espalda, él gruñendo "

¡Te voy a romper, mi puta rica!
" con esa voz ronca que me enloquece.

Cambié de posición, me puse encima, cabalgándolo como amazona. Mis chichis rebotando, su mirada clavada en ellas, manos en mis caderas guiándome. Sentía cada vena de su verga estirándome, el glande besando mi cervix. El olor de nuestros cuerpos, sudor, sexo, coco; los sonidos de carne chocando, gemidos ahogados; el tacto de sus músculos tensos bajo mis palmas. La tensión subía, mis paredes contrayéndose alrededor de él, su polla hinchándose más. "¡Córrete conmigo, Marco, lléname!" supliqué, y él obedeció, eyaculando chorros calientes dentro de mí mientras yo explotaba de nuevo, temblando, gritando su nombre.

Colapsamos juntos, jadeantes, enredados en las sábanas húmedas. Su peso sobre mí, protector, su corazón martillando contra el mío. Besos suaves ahora, lenguas perezosas, manos acariciando sin prisa. El afterglow era puro éxtasis: mi cuerpo zumbando aún con la vitamina, su semen goteando entre mis muslos, el aroma de nuestro amor flotando en el aire. "

La próxima te compro otra Bedoyecta, para que siempre estés así de salvaje,
" bromeó él, y yo reí, besándolo.

Nos quedamos así hasta que la luna entró por la ventana, reflexionando en lo jodidamente perfecta que era esa noche. La Bedoyecta Tri no era magia, pero con él, todo se convertía en fuego eterno. Mañana checaría de nuevo el bedoyecta tri precio farmacias similares, porque esto valía cada inyección.

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