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Mente Rockera Letra de El Tri

6084 palabras

Mente Rockera Letra de El Tri

Entras al bar rockero de la Condesa, ese antro chido donde el aire huele a cerveza fría y cigarro viejo, mezclado con el sudor de los cuates que se avientan al mosh pit. Las luces neón parpadean al ritmo de las guitarras rasposas, y de pronto, El Tri retumba en los bocinas con esa letra cruda que te prende la mente rockera. "Piedra rodante", gritas en tu cabeza, sintiendo cómo el bajo te vibra en el pecho como un corazón salvaje.

Estás ahí, wey, con tu chamarra de cuero gastada, jeans ajustados que marcan lo que traes, y el pelo revuelto como si acabaras de bajarte de una Harley. Miras alrededor, y ahí la ves: una morra con ojos fieros, labios pintados de rojo sangre, falda corta de cuero negro que deja ver sus piernas torneadas. Baila sola, moviendo las caderas al son de la letra de El Tri, esa que habla de rebeldía y noches sin fin. Tu mente rockera letra de El Tri se enciende; piensas en cómo esas palabras siempre te han hecho sentir vivo, libre, listo pa' comerte el mundo... o a ella.

Te acercas, el calor del lugar te pega como una cachetada húmeda. El olor a su perfume, algo dulce y picante como tequila con limón, te invade las fosas nasales.

"¿Qué onda, carnala? ¿Te late El Tri o qué?"
le dices, gritando por encima de la música. Ella se voltea, te mide de arriba abajo con una sonrisa pícara.
"Neta, wey. Esa letra me pone la piel chinita. ¿Tú traes mente rockera o nomás posas?"
Su voz es ronca, como si hubiera fumado un buen tabaco, y te roza el brazo con los dedos, un toque eléctrico que te eriza los vellos.

La tensión empieza a subir como el volumen del ampli. Bailan pegados, sus nalgas rozando tu entrepierna, el calor de su cuerpo filtrándose a través de la tela. Sientes su aliento en tu cuello, cálido y húmedo, oliendo a menta y deseo. Tus manos bajan por su cintura, apretando esa carne firme, y ella se aprieta más, gimiendo bajito al ritmo de la canción. ¿Y si nos avientamos a algo más heavy? piensas, mientras la letra de El Tri te martillea el cerebro: libertad, pasión, no hay reglas en la noche.

La sacas del bar, caminando por las calles empedradas de la Condesa, el viento fresco nocturno refrescando vuestras pieles calientes. Su mano en la tuya, sudorosa, te guía hasta su depa en un edificio chido con vista al skyline. Adentro, el lugar huele a incienso y vainilla, luces tenues que pintan sombras sexys en las paredes. Se avienta sobre ti, besándote con hambre, lenguas enredadas, sabor a cerveza y lipstick que te hace tragar saliva.

"Muéstrame esa mente rockera tuya, pendejo"
te susurra, mordiéndote el lóbulo de la oreja. Te quitas la chamarra, ella te arranca la playera, sus uñas arañando tu pecho, dejando surcos rojos que arden delicioso. Caes en la cama king size, mullida como nubes, y la volteas debajo de ti. Sus tetas perfectas, redondas, con pezones duros como piedritas, se asoman por el escote. Las chupas, saboreando la sal de su piel, mientras ella arquea la espalda y gime
"¡Ay, cabrón, qué rico!"

La tensión crece, wey. Tus manos bajan por su vientre plano, suave como seda, hasta la falda que subes de un jalón. No trae calzón, neta, su concha depilada brilla húmeda bajo la luz, oliendo a mujer en celo, ese aroma almizclado que te pone la verga como fierro. Le metes dos dedos, despacio al principio, sintiendo cómo se aprieta alrededor, caliente y resbalosa. Ella jadea, clavándote las uñas en los hombros,

"Más, wey, no pares"
. Tu mente rockera letra de El Tri late fuerte: es como esa canción que no te deja dormir, pura adrenalina.

Se voltea encima de ti, cabalgándote los muslos, frotando su chocha contra tu bulto endurecido. Desabrochas el cinto, sacas la verga palpitante, venosa, goteando precum que ella lame con la lengua, mirándote fijo a los ojos. Su boca es fuego líquido, piensas, mientras chupa la cabeza, succionando con fuerza, el sonido húmedo mezclándose con vuestras respiraciones agitadas. El cuarto se llena de ese olor a sexo crudo, sudor y fluidos, el colchón crujiendo bajo el peso.

La pones a cuatro patas, admirando su culo redondo, prieto, invitándote. Le das una nalgada juguetona, el chasquido resonando, y ella ríe ronca

"¡Eso, rockero, dámela!"
Empujas despacio, centímetro a centímetro, sintiendo cómo su interior te envuelve, apretado, caliente como un horno. Empiezas a bombear, lento primero, saboreando cada embestida, el slap-slap de carne contra carne, sus gemidos subiendo de tono. Ella se mueve contra ti, pidiendo más,
"¡Métemela hasta el fondo, carnal!"
Tus bolas golpean su clítoris hinchado, y sientes el orgasmo construyéndose, como un solo de guitarra interminable.

La volteas de nuevo, misionero profundo, mirándose a los ojos, sudor goteando de tu frente a su pecho. Besos salvajes, mordidas en el cuello, el olor de su cabello mojado invadiendo todo. Aceleras, el ritmo frenético, su concha contrayéndose alrededor de tu verga, ordeñándote. No aguanto más, piensas, mientras ella grita

"¡Me vengo, wey, no pares!"
Su cuerpo tiembla, jugos calientes empapando las sábanas, y tú explotas dentro, chorros calientes llenándola, el placer cegador como un flash de luces de escenario.

Caen exhaustos, enredados, el corazón latiendo como tambores de rock. El silencio post-sexo es roto solo por respiraciones pesadas y el eco lejano de la ciudad. Ella acaricia tu pecho, trazando círculos en el sudor,

"Neta, tu mente rockera con letra de El Tri me voló la cabeza"
. Tú sonríes, oliendo su piel marcada por tus besos, sintiendo la paz de la liberación. Afuera, la noche mexicana sigue su rollo, pero aquí, en este afterglow, todo es perfecto, rebelde y satisfecho. Mañana será otro pedo, pero esta letra, esta noche, queda grabada pa' siempre.

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