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Tri Derm Tres Pieles en Llamas

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Tri Derm Tres Pieles en Llamas

El sol de Cancún caía como una caricia ardiente sobre la terraza de la villa, el aire cargado con el salitre del mar Caribe y el aroma dulce de las flores de frangipani. Yo, Ana, me recostaba en la hamaca de red, sintiendo la brisa juguetona rozar mi piel morena, todavía húmeda del chapuzón en la piscina infinita. Carlos, mi carnal de tantos años, salía de la cocina con una sonrisa pícara, sosteniendo un frasco de vidrio esmerilado. A su lado, Luis, nuestro amigo de la uni, el güey más chido que conocíamos, con ese cuerpo atlético que siempre me hacía mojarme sin querer.

¿Qué traes ahí, amor? le pregunté, incorporándome un poco, mis tetas rebotando suaves bajo el bikini diminuto. Carlos se acercó, sus ojos cafés brillando con malicia.

Tri Derm, nena. Un cremita exótica que encontré en esa tiendita de hierbas en el centro. Dicen que despierta las pieles como nada.

Luis soltó una carcajada ronca, quitándose la playera para dejar ver su torso marcado por el gym. Suena a pendejada, pero si es pa probar, yo entro. ¿Verdad, carnala?

El corazón me latió más fuerte. Habíamos jugado antes, los tres, en noches de tequila y deseo puro, pero esto... esto prometía algo nuevo. El frasco era fresco en mi mano cuando Carlos me lo pasó, su etiqueta dorada susurrando promesas: Tri Derm, triple acción dérmica, para pieles que arden. Abrí la tapa y un olor embriagador me invadió: vainilla ahumada, un toque de canela y algo salvaje, como tierra mojada después de la lluvia.

Esto va a ser la verga
, pensé, mientras untaba un dedo en la crema sedosa, casi como miel tibia.

Nos miramos, los tres, en ese silencio cargado de electricidad. La tensión crecía como la marea, lenta pero imparable. Carlos fue el primero en actuar, echando un chorrito en su palma y extendiéndolo por mis hombros. El Tri Derm se deslizó como seda líquida, absorbiéndose al instante, dejando mi piel hipersensible. Cada roce de sus dedos era fuego puro: el pulgar trazando mi clavícula, el índice bajando por el valle entre mis chichis. Gemí bajito, el sonido perdido en el rumor de las olas.

Chin**, carnal, siente esto, murmuró Luis, aplicándose un poco en el pecho. Tomé valor y acerqué mi mano trémula, frotando el Tri Derm sobre sus pectorales firmes. Su piel se erizó al toque, los músculos tensándose bajo mis yemas. Olía a hombre sudado mezclado con esa crema mágica, un afrodisíaco que me hacía la boca agua. Carlos se unió, untándome las piernas, sus manos subiendo peligrosamente cerca de mi entrepierna, donde el bikini ya se empapaba sola.

La noche cayó como un velo negro salpicado de estrellas, la luna pintando plata sobre nuestros cuerpos untados de Tri Derm. Nos metimos a la cama king size, sábanas de algodón egipcio frescas contra nuestra piel encendida. El aire olía a sexo inminente, a sal y crema. Yo en el centro, flanqueada por ellos, sentía sus calores irradiando como hornos. Esto es lo que necesitaba, coño, puro vicio consentido, me dije, mientras Carlos me besaba el cuello, su barba raspando delicioso.

Luis se apoderó de mi boca, su lengua invadiendo con hambre, saboreando a ron y menta. El beso era húmedo, ruidoso, chupetones que me dejaban jadeante. Carlos meanwhile bajaba por mi vientre, desatando el nudo del bikini. Mis tetas saltaron libres, pezones duros como piedras, y él los lamió con devoción, el Tri Derm amplificando cada lamida en descargas eléctricas. ¡Ay, cabrón, no pares! grité, arqueándome.

Las manos de Luis exploraban mis muslos, untando más Tri Derm en mis nalgas redondas. Su dedo índice rozó mi raja, separando los labios hinchados, y metí un gemido gutural cuando tocó el clítoris. Estaba chorreando, el juguito resbalando por mis piernas. Siente cómo te quiere, Ana, estás que ardes, pensé, mientras él se despojaba del short, su verga gruesa saltando erecta, venosa, palpitante. La unté con Tri Derm, mis manos resbalosas masturbándolo lento, sintiendo cada vena latir bajo la crema.

Carlos se quitó todo, su pija dura rozando mi cadera. Me voltearon boca abajo, y sentí cuatro manos masajeándome la espalda, glúteos, hasta las plantas de los pies. El Tri Derm hacía que cada poro gritara placer: el viento de un ventilador era caricia erótica, el roce de sábanas orgasmo leve. Luis se colocó debajo de mí, guiándome para sentarme en su cara. Su lengua hundida en mi coño era éxtasis puro, chupando mi clítoris con sonidos obscenos, slurp slurp, mientras yo montaba su rostro, mis jugos empapándolo.

Carlos detrás, escupiendo en mi ano para lubricar, pero usó más Tri Derm. Su dedo entró suave, dilatándome, y yo empujé contra él, ansiosa. Sí, métemela, amor, rómpeme. La verga de Carlos presionó, gruesa, caliente, abriéndose paso centímetro a centímetro. El estirón ardía dulce, amplificado por la crema, y cuando estuvo todo adentro, me quedé quieta, sintiendo su pulso en mis entrañas.

Luis no se quedaba atrás: me incorporé un poco para que su pija entrara en mi coño resbaloso. Doble penetración, los dos follándome al unísono, sus vergas rozándose separadas solo por la delgada pared de mi carne. El ritmo era brutal, piel contra piel chapoteando, sudor volando. Olía a sexo crudo, a crema vainillada quemándose en el calor. Gemía como loca, ¡Más duro, pinches cabrones, rómpanme! Mis tetas rebotaban, pezones rozando el pecho peludo de Luis.

La tensión subía como volcán, mis músculos apretando sus vergas, ordeñándolas. Carlos gruñía en mi oído, Te sientes de la verga, nena, tan apretada. Luis mamaba mi teta, mordiendo suave. El orgasmo me golpeó como tsunami: visión borrosa, cuerpo convulsionando, chorros calientes salpicando el vientre de Luis. Ellos siguieron bombeando, prolongando mi clímax hasta que no pude más, lágrimas de placer en los ojos.

Carlos se corrió primero, su leche caliente inundando mi culo, gimiendo ronco. Luis la siguió, llenándome el coño con chorros espesos, su semen mezclándose con el mío. Colapsamos en un enredo de miembros sudorosos, pieles pegajosas brillando bajo la luna que se colaba por la ventana. El Tri Derm aún actuaba, haciendo que cada roce post-sexo fuera chispazo de ternura.

Jadeábamos, besándonos lentos, lenguas perezosas. Carlos me acarició el pelo, Eres lo máximo, mi reina. Luis besó mi hombro, Esto hay que repetirlo, carnala. Me sentía poderosa, llena, el cuerpo zumbando en afterglow.

Tri Derm no era solo crema, era el catalizador de nuestras almas desnudas
, pensé, mientras el mar susurraba arrullos afuera.

Nos dormimos así, entrelazados, el aroma de vainilla y semen impregnando las sábanas. Mañana probaríamos más, pero esa noche, éramos uno solo, pieles en llamas eternas.

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