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Mujeres Cogiendo en Trío Ardiente

5553 palabras

Mujeres Cogiendo en Trío Ardiente

Tú eres Carla, una chava de veintiocho años con curvas que vuelven locos a cualquiera, viviendo en un depa chido en Polanco, México. Esa noche, el aire de la ciudad se siente cargado de promesas. Tus mejores amigas, Lupe y Mónica, llegan con botellas de tequila reposado y esa risa que siempre enciende algo dentro de ti. Lupe, con su piel morena y tetas firmes que asoman por el escote de su blusa, te da un abrazo que dura un poquito más de lo normal. Mónica, rubia teñida con ojos verdes y un culo redondo que hipnotiza, te planta un beso en la mejilla que roza tus labios.

¿Qué pedo con este calor que traigo? piensas mientras sirves los shots. La música de cumbia rebajada suena bajito de fondo, el olor a jazmín de las velas que prendiste impregna el aire. Se sientan en el sofá de terciopelo rojo, las piernas rozándose sin querer. Hablan de pendejos ex, de cómo los hombres no saben dar placer de verdad. Lupe suelta:

Órale, carnalas, ¿y si nosotras nos lo damos mutuamente? Ya estoy harta de vergas mediocres.
Su voz ronca te eriza la piel. Mónica ríe, pero sus ojos brillan con picardía. Tú sientes un cosquilleo entre las piernas, el corazón latiéndote como tambor en fiesta.

El primer shot baja ardiente por tu garganta, calentándote el pecho. Lupe se acerca, su aliento a tequila y menta rozando tu oreja. Esto va a estar chingón, murmuras para ti. Sus labios tocan los tuyos, suaves al principio, luego hambrientos. Saben a sal y deseo. Mónica observa, mordiéndose el labio, su mano subiendo por tu muslo. El roce de sus uñas pintadas de rojo te hace jadear. El sonido de sus respiraciones se mezcla con la música, un ritmo que acelera tu pulso.

Las tres se levantan, tambaleantes por la excitación más que por el alcohol. Te quitas la blusa, revelando tu brasier de encaje negro. Lupe gime bajito al verte, sus manos expertas desabrochándolo. Tus pezones se endurecen al aire fresco, y ella los chupa con lengua juguetona, un slurp húmedo que resuena en la sala. Mónica se pega a tu espalda, besando tu cuello, sus tetas aplastándose contra ti. Huelen a perfume vainillado mezclado con el sudor ligero de la noche calurosa. Estas mujeres cogiendo en trío van a volverme loca, piensas mientras tus manos bajan a la falda de Lupe, levantándola para sentir la humedad de sus calzones.

Se mueven al cuarto, el colchón king size esperándolas como altar de placer. La luz tenue de la lámpara de lava pinta sus cuerpos en tonos anaranjados. Tú te acuestas primero, piernas abiertas invitando. Mónica se arrodilla entre ellas, su lengua trazando círculos en tu clítoris hinchado.

Qué rica estás, Carla, tu panocha sabe a miel.
Su voz vibrando contra tu carne te hace arquear la espalda. Lupe se sube a horcajadas sobre tu cara, su concha depilada rozando tus labios. El olor almizclado de su arousal te invade, salado y adictivo al lamerla. Gime fuerte, ¡Ay, sí, chúpame así, pinche reina! Sus jugos te mojan la barbilla, resbalosos y calientes.

El tiempo se estira en oleadas de sensaciones. Cambian posiciones como en un baile sincronizado. Ahora Lupe está debajo de ti, sus dedos gruesos metiéndose en tu chocha mientras Mónica lame tus tetas, mordisqueando los pezones hasta que duele rico. Sientes cada vena de sus dedos bombeando dentro, el squish squish de tu humedad llenando el cuarto. No aguanto, me voy a venir como nunca. Tus caderas se mueven solas, frotándote contra su mano. Mónica introduce un dedo en tu culo, suave, lubricado con saliva, y el doble placer te hace gritar. El aire huele a sexo puro, a sudor femenino y pasión desatada.

Lupe se retuerce bajo ti, su clítoris frotándose contra tu muslo.

¡Más rápido, cabronas, que me corro!
Su voz es un rugido gutural. Tú aceleras, lamiendo su cuello salado mientras Mónica te come con avidez. Los cuerpos se pegan, piel contra piel resbalosa, pechos aplastados, piernas entrelazadas. El sonido de lenguas chupando, dedos chapoteando y gemidos ahogados crea una sinfonía erótica. Sientes el orgasmo construyéndose como tormenta en tu vientre, pulsos latiendo en tu clítoris, músculos tensándose.

De repente, explota. Tu grito rasga el silencio: ¡Me vengo, chingadas, me vengo! Oleadas de placer te sacuden, tu concha contrayéndose alrededor de los dedos de Lupe, chorros calientes salpicando su mano. Lupe sigue, su cuerpo convulsionando, uñas clavándose en tus caderas dejando marcas rojas. Mónica no se queda atrás; tú y Lupe la voltean, dos lenguas atacando su panocha empapada. Ella se arquea, gritando ¡Sí, mis reinas, destrócenme!, su corrida mojándoles la cara en un chorro dulce y abundante.

Caen exhaustas en un enredo de extremidades sudorosas. El cuarto apesta a sexo, pero es un aroma embriagador, como tierra mojada después de lluvia. Respiran agitadas, riendo bajito. Lupe te besa la frente, Mónica acaricia tu pelo. Esto fue más que cogernos, fue conectarnos de verdad, reflexionas mientras el corazón se calma. La noche envuelve sus cuerpos entrelazados, promesas de más tríos en el horizonte. Mañana será otro día, pero esta memoria ardiente las unirá para siempre.

Se quedan dormidas así, pieles pegajosas, al ritmo de sus respiraciones sincronizadas. El sol de México asomará, pero por ahora, el mundo es solo ellas tres, mujeres cogiendo en trío con el alma.

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