Relatos Salvajes
Inicio Sexo en Grupo Madura Cojiendo en Trío Madura Cojiendo en Trío

Madura Cojiendo en Trío

6919 palabras

Madura Cojiendo en Trío

Doña Carmen, con sus cuarenta y ocho años bien llevados, se miró en el espejo del baño de su departamento en Polanco. Su piel morena brillaba bajo la luz suave, las curvas de sus caderas anchas y sus tetas firmes aún desafiaban la gravedad. ¿Qué carajos estoy haciendo?, pensó mientras se pasaba las manos por el vestido negro ajustado que marcaba cada centímetro de su cuerpo maduro. Esa noche, en la fiesta de su amiga Lupe, había conocido a dos chavos guapísimos: Marco y Alex, primos entre sí, altos, musculosos, con esa sonrisa pícara que la hacía sentir como una chavita otra vez.

Todo empezó con unas chelas frías y risas en la terraza. Marco, el moreno de ojos negros intensos, le rozó la mano al pasarle un vaso, y Alex, el güero con tatuajes en los brazos, le guiñó el ojo mientras bailaban reggaetón. Neta, estos weyes me traen loca, se dijo Carmen, sintiendo un calor subirle desde el vientre. No era la primera vez que coqueteaba, pero desde que su ex la dejó por una veinteañera flaca, había decidido que ya valía madres y quería vivir. La invitación a su casa surgió natural: "Ven a mi depa, doña, seguimos la fiesta", le dijo Marco con voz ronca. Y aquí estaba, con ellos dos sentados en su sala, bebiendo tequila reposado que olía a roble ahumado.

El aire se cargaba de tensión. Carmen se sentó entre ellos en el sofá de piel suave, sus muslos rozando los de ellos. Marco le acarició el cuello, inhalando su perfume de jazmín mezclado con el sudor ligero de la noche calurosa. "Eres una madura de puta madre, Carmen", murmuró Alex, su aliento cálido contra su oreja. Ella rio bajito, un sonido gutural que vibraba en su pecho.

¿Y si me lanzo? ¿Qué pierdo? Estos chavos me ven como diosa, no como la mamá aburrida.
Sus manos temblaban un poco al servir más tequila, pero el fuego en su panocha ya ardía.

La música de fondo, un corrido tumbado suave, marcaba el ritmo de sus corazones acelerados. Marco fue el primero en besarla, sus labios gruesos y húmedos saboreando los suyos con hambre. Carmen gimió suave, abriendo la boca para su lengua juguetona, que sabía a tequila y menta. Alex no se quedó atrás; deslizó su mano por su muslo, subiendo el vestido hasta tocar la renda de sus calzones empapados. "Estás chingona mojada, carnala", susurró, y ella sintió sus dedos presionar contra su clítoris hinchado, enviando chispas de placer por su espina.

Se levantaron como uno solo, tropezando risueños hacia el cuarto. La cama king size los esperaba, sábanas de algodón egipcio frescas contra su piel ardiente. Carmen se quitó el vestido con lentitud, dejando que lo vieran todo: sus tetas grandes con pezones oscuros erectos, su panza suave con estrías que contaban historias de vida, su culo redondo y prieto. Los chavos se desvistieron rápido, revelando vergas duras y gruesas, venosas, palpitando al aire. ¡Qué vergas tan chingonas!, pensó ella, lamiéndose los labios resecos.

Acto primero: la exploración. Marco la tumbó de espaldas, besando su cuello, bajando por sus tetas. Chupó un pezón con succión fuerte, tirando suave hasta que ella arqueó la espalda, gimiendo "¡Ay, wey, no pares!". El sonido de su boca succionando era obsceno, húmedo, mezclado con su saliva que goteaba. Alex se arrodilló entre sus piernas, separándolas con manos firmes. Olía su aroma almizclado, esa esencia de mujer madura en celo, y hundió la cara en su panocha. Su lengua plana lamió desde el ano hasta el clítoris, saboreando sus jugos salados y dulces. Carmen jadeaba, sus uñas clavándose en las sábanas, el roce áspero contra su piel sensible.

"Qué rico comes concha, cabrón", le dijo ella, voz entrecortada. Marco se posicionó a su lado, metiendo su verga en su mano. Ella la pajeó con maestría, sintiendo la piel suave sobre el acero duro, el precum lubricando su palma. El cuarto apestaba a sexo: sudor masculino, su perfume floral, el olor terroso de la panocha abierta.

Escalada en el medio acto. Quería más. "Quiero ser la madura cojiendo en trío como en esas porns chingonas", soltó Carmen, riendo con picardía mexicana. Los chavos sonrieron, excitados. Cambiaron posiciones: ella a cuatro patas, culo en alto. Marco se puso atrás, frotando su verga contra sus labios vaginales hinchados, untándola de sus jugos. Entró despacio, centímetro a centímetro, estirándola delicioso. "¡Es enorme, pendejo, me rompes!", gritó ella, pero empujó hacia atrás, queriendo todo. El slap slap de sus pelvis chocando llenaba el cuarto, eco rítmico como tambores de fiesta.

Alex se arrodilló frente a ella, verga en su boca. Carmen la tragó profunda, garganta relajada por años de experiencia, babeando por los lados. Sabía a piel salada, a hombre joven y vigoroso. Sus bolas peludas le rozaban la barbilla, olor musgoso invadiendo sus fosas nasales. Marco la cogía fuerte ahora, manos amasando su culo, dedos hundiéndose en la carne blanda. "¡Qué nalgas tan ricas, doña!", gruñía. Ella sentía cada embestida en su útero, ondas de placer subiendo, su clítoris frotando contra el colchón.

Internamente, luchaba y gozaba:

Esto es lo que necesitaba, neta. No soy vieja, soy una reina cojiendo con dos sementales. ¡Chinguen a mi ex, esto es vida!
Cambiaron: Alex debajo, ella cabalgándolo. Su verga güera la llenaba diferente, curvada rozando su punto G. Rebotaba, tetas saltando, sudor chorreando por su espalda. Marco detrás, lubricó su ano con saliva y jugos, metiendo un dedo primero. Ella se tensó, luego relajó: "Dale, cabrón, métemela por el culo". Entró lento, doble penetración que la hizo gritar de éxtasis puro. Sentía las vergas rozándose dentro, separadas por una delgada pared, pulsando al unísono.

El clímax se acercaba. Sudor goteaba, pieles resbalosas chocando con sonidos chapoteantes. Olores intensos: semen preeyaculatorio, su crema vaginal espesa, axilas masculinas. "¡Me vengo, weyes!", aulló Carmen, su panocha contrayéndose en espasmos, chorros calientes salpicando la verga de Alex. Ellos no tardaron: Marco se corrió primero en su culo, chorros calientes inundándola, goteando fuera. Alex la llenó de leche espesa, mezclándose con sus jugos.

En el afterglow, cayeron exhaustos, cuerpos enredados. Carmen en medio, cabezas en sus tetas, respiraciones calmándose. Besos suaves, caricias perezosas. "Eres la mejor madura cojiendo en trío que hemos tenido, carnala", dijo Marco, voz ronca de placer. Ella sonrió, saboreando el semen residual en su lengua, oliendo el sexo en las sábanas revueltas.

Esto no acaba aquí, pensó, mientras el sol amanecía tiñendo las cortinas. Se sentía empoderada, deseada, viva. Los chavos dormían, pero ella ya planeaba la próxima: tal vez invitar a Lupe. La vida en México era para gozarla así, sin culpas, solo placer puro y consensual.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a relatossalvajes.cc.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.