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Susy Gala Trio Ardiente

6563 palabras

Susy Gala Trio Ardiente

La noche en la villa de Playa del Carmen olía a mar salado y jazmín fresco, con el rumor de las olas rompiendo a lo lejos como un susurro constante que te ponía la piel de gallina. Tú, wey, habías llegado solo a esa fiesta privada, invitado por un carnal que juraba que sería chida de verdad. Luces tenues, música reggaetón suave vibrando en el aire cálido, cuerpos moviéndose al ritmo. Ahí la viste por primera vez: Susy Gala, con su melena oscura cayendo en ondas perfectas sobre hombros bronceados, un vestido rojo ceñido que marcaba cada curva de su cuerpo como si estuviera hecho para pecar. Sus tetas generosas se movían con gracia felina, y sus caderas, ¡órale!, prometían un vaivén que te dejó la verga medio parada de inmediato.

Estabas en la barra, con un ron con coco en la mano, cuando ella se acercó, su perfume dulce y almizclado invadiendo tu espacio. "¿Qué onda, guapo? ¿Vienes a divertirte o nomás a ver?" te dijo con esa voz ronca, ojos verdes clavados en los tuyos como si ya supiera tus secretos. Neta, su sonrisa era puro fuego. Respondiste algo pendejo, pero ella rio, un sonido gutural que te erizó los vellos de la nuca. Entonces apareció Karla, su amiga inseparable, morena clara con labios carnosos y un culo redondo que pedía a gritos ser apretado. Las dos eran como diosas mexicanas salidas de un sueño húmedo: Susy con su elegancia voluptuosa, Karla con esa vibra juguetona y salvaje.

Hablaron un rato, coqueteando con miradas que quemaban. Estas morras están cañonas, pensaste, sintiendo el pulso acelerarse en las sienes. Susy te rozó el brazo con las yemas de los dedos, un toque eléctrico que subió directo a tu entrepierna. "Oye, carnal, ¿has oído del Susy Gala trio? Es como mi fantasía favorita... tres cuerpos enredados, sudando, gimiendo sin parar", soltó ella de repente, lamiéndose los labios pintados de rojo. Karla asintió, mordiéndose el inferior. Neta, ¿qué pedo? ¿Me están invitando? Tu mente voló a imágenes prohibidas, el corazón latiéndote como tambor.

¿Y si digo que sí? ¿Podré con estas dos reinas del placer? Mi verga ya está lista, dura como piedra.

Acto seguido, te tomaron de las manos y te llevaron por el pasillo iluminado con velas, el aire cargado de anticipación. Entraron a una habitación amplia, con una cama king size cubierta de sábanas de satén negro, el ventilador girando lento arriba. La puerta se cerró con un clic suave, y el mundo se redujo a ellas tres. Susy se pegó a ti primero, sus tetas aplastándose contra tu pecho mientras te besaba con hambre, lengua invasora saboreando a ron y deseo. Karla por detrás, manos bajando por tu espalda, desabrochando tu camisa con dedos expertos. "Quítate todo, papi", murmuró Karla al oído, su aliento caliente haciendo que se te parara el vello.

Te desnudaron entre risas y besos, piel contra piel. El olor de sus cuerpos —loción de coco en Susy, vainilla en Karla— se mezclaba con el aroma creciente de excitación, ese musk femenino que te volvía loco. Tus manos exploraron: las curvas suaves de Susy, pechos pesados que cabían perfecto en tus palmas, pezones duros como caramelos. Karla te mordisqueaba el cuello, bajando hasta tu verga tiesa, que ella agarró con firmeza, masturbándote lento mientras Susy se arrodillaba, ojos fijos en los tuyos.

La boca de Susy era un paraíso húmedo: labios envolviéndote la cabeza, lengua girando alrededor del glande, chupando con succión que te hacía gemir ronco. "¡Qué rica mamada, Susy!" escapó de tus labios. Karla se unió, lamiendo tus bolas, las dos turnándose en un ritmo perfecto, saliva goteando, sonidos chapoteantes llenando la habitación. Tus rodillas temblaban, el placer subiendo como lava por tu espina. Las ayudaste a levantarse, quitándoles la ropa con urgencia: Susy sin bra, tetas rebotando libres; Karla con tanga empapada que tiraste a un lado, revelando su panocha depilada, labios hinchados brillando de jugos.

Estas weyas me van a matar de gusto. Sus cuerpos son perfectos, calientes, listos para chingarme el alma.

Las tumbaste en la cama, tú en medio. Besaste a Susy profundo, mano entre sus muslos, dedos hundiéndose en su concha resbaladiza, caliente como horno. Ella jadeaba "¡Sí, así, métemela!", caderas arqueándose. Karla montó tu cara, panocha rozando tu boca; la probaste, salada y dulce, clítoris endurecido bajo tu lengua. Lamías voraz, succionando mientras ella se mecía, gemidos agudos cortando el aire. ¡Qué sabor tan adictivo, neta! Cambiaron posiciones: Susy cabalgándote la verga, su coño apretado tragándote entero, paredes pulsantes ordeñándote. Karla se sentó en tu pecho, tetas en tu cara para mamar, mientras besaba a Susy con lengua visible, un espectáculo que te puso al borde.

El sudor perlaba sus pieles, goteando sobre ti, mezclándose con el olor a sexo puro. Sonidos everywhere: piel chocando con plaf plaf, jadeos entrecortados, "¡Chíngame más duro, cabrón!" de Susy, "¡No pares, wey!" de Karla. La tensión crecía, tu orgasmo acechando como tormenta. Las volteaste, Susy de perrito, Karla debajo lamiéndole el clítoris mientras tú embestías profundo, verga estirando su canal húmedo. Sentías cada contracción, cada roce de Karla's lengua en tu base. Susy gritó primero, cuerpo convulsionando, jugos chorreando por tus bolas. Karla siguió, frotándose frenética contra la boca de Susy ahora.

No aguantaste más. "¡Me vengo, morras!" rugiste, sacando la verga para eyacular chorros calientes sobre sus culos y espaldas, marca de tu placer. Ellas se corrieron de nuevo, temblores compartidos, un clímax colectivo que las dejó jadeantes, pieles enrojecidas.

Después, el afterglow fue puro terciopelo. Se acurrucaron contra ti, cabezas en tu pecho, dedos trazando lazy patrones en tu piel aún sensible. El ventilador secaba el sudor lento, olas lejanas calmando los pulsos. Susy susurró "El Susy Gala trio perfecto, ¿verdad?", Karla riendo suave. Neta, esto fue legendario, pensaste, besándolas alternas, saboreando el remanente salado en sus labios.

Estas dos me cambiaron la vida. Un trio que no olvidaré nunca, puro fuego mexicano.

La noche se extendió en caricias perezosas, promesas de más encuentros. Saliste de ahí renovado, el cuerpo zumbando de satisfacción, el alma llena de ese calor que solo un Susy Gala trio puede dar.

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