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El Trio Ardiente con un Trans

7332 palabras

El Trio Ardiente con un Trans

La noche en Polanco estaba cargada de ese calor pegajoso que hace que la piel se sienta viva, como si el aire mismo te estuviera acariciando. Yo, Ana, había salido con Marco, mi carnal del alma, ese wey que me hace vibrar con solo una mirada. Llevábamos meses fantaseando con algo nuevo, algo que nos sacara de la rutina. Un trio con un trans, decíamos en la cama, riéndonos bajito mientras nos tocábamos, imaginando cómo sería esa entrega total.

Entramos al bar, luces neón parpadeando sobre cuerpos que se movían al ritmo de cumbia rebajada. El olor a tequila y perfume caro flotaba en el aire, mezclado con el sudor fresco de la pista. Marco me apretó la mano, su palma cálida contra la mía.

"Mira esa morra allá, ¿la ves? Está cañón",
me susurró al oído, su aliento caliente rozándome el lóbulo.

Era Sofia. Alta, con curvas que desafiaban la gravedad, un vestido rojo ceñido que dejaba ver sus piernas interminables y un escote que prometía paraíso. Su cabello negro caía en ondas salvajes, y sus ojos, delineados con kohl, nos atraparon de inmediato. Se movía con una confianza que gritaba soy dueña de mi cuerpo. Nos miramos con Marco, y supe que era ella. La fantasía hecha carne.

Nos acercamos, coqueteos sutiles al principio.

"¿Bailan o solo miran?",
dijo Sofia con voz ronca, como miel derramada sobre grava. Su acento chilango puro, con ese chévere que le salía natural. Bailamos los tres, cuerpos rozándose en la pista. Sentí su mano en mi cintura, firme pero suave, y la de Marco en mi cadera. El roce de sus pechos contra los míos, duros bajo la tela, me erizó la piel. Olía a vainilla y algo más profundo, almizcle femenino que me aceleró el pulso.

Salimos del bar, el taxi nos llevó a mi depa en la Roma. Adentro, la tensión era un nudo en el estómago, delicioso. Luces tenues, velas de coco encendidas que llenaban el aire con su fragancia dulce. Nos sentamos en el sofá, tequilas en mano.

"¿De verdad quieren un trio con un trans como yo?",
preguntó Sofia, juguetona, cruzando las piernas. Su falda subió un poco, revelando muslos suaves, depilados al láser.

Marco asintió, yo me mordí el labio. Neta, esto va a pasar, pensé, el corazón latiéndome en la garganta. Empecé yo, besando a Marco primero, para romper el hielo. Sus labios familiares, ásperos por la barba incipiente, sabían a sal y deseo. Sofia nos miró, lamiéndose los labios pintados de rojo fuego. Se acercó, su boca encontró la mía. Dios, qué beso. Su lengua suave, exploradora, con un toque de menta fresca. Olía a su perfume, embriagador, mientras sus manos subían por mis muslos, quitándome la blusa despacio.

Acto uno: la chispa. Nos desnudamos mutuamente, risas nerviosas mezcladas con gemidos bajos. Mi piel bronceada contrastaba con la de Sofia, más clara, marcada por tatuajes delicados en las costillas. Marco, musculoso del gym, nos devoraba con los ojos.

"Son unos nenes calientes",
murmuró Sofia, arrodillándose. Tomó mi pezón en su boca, succionando suave, mientras Marco besaba mi cuello. Sentí el calor de sus cuerpos presionándome, piel contra piel, sudor empezando a perlar.

La llevamos a la cama king size, sábanas de algodón egipcio frescas contra nuestra fiebre. Yo me recosté, piernas abiertas, invitándolos. Marco se colocó entre mis piernas, su verga dura rozándome el clítoris, hinchado y sensible. Sofia se subió a horcajadas sobre mi cara, su polla semidura colgando, hermosa, venosa, con esa curva perfecta que gritaba placer. Un trio con un trans así de chulo, nunca lo imaginé tan real.

La lamí primero, saboreando su piel salada, el musk de su excitación. Ella gimió,

"¡Ay, wey, qué rica boca!"
, mientras se mecía. Marco entró en mí despacio, centímetro a centímetro, llenándome hasta el fondo. El estiramiento delicioso, mis paredes contrayéndose alrededor de él. Sonidos: jadeos entrecortados, la cama crujiendo, lenguas chupando húmedas.

Acto dos: la escalada. Cambiamos posiciones como en un baile coreografiado por el instinto. Sofia se tendió, yo entre sus piernas, lamiendo su coño depilado, rosado y jugoso, mientras ella mamaba la verga de Marco. Él gruñía,

"Puta madre, qué chingón esto"
, sus caderas empujando. El sabor de Sofia: dulce como mango maduro, con un toque salado. Su clítoris endureciéndose bajo mi lengua, palpitante.

Me voltearon, Marco detrás de mí, embistiéndome fuerte ahora, sus bolas golpeando mi culo con palmadas sonoras. Sofia debajo, su polla dura entrando en mi boca. La chupé ansiosa, garganta profunda, saliva goteando. Olía a sexo puro: semen preeyaculatorio, jugos vaginales, sudor mezclado. Esto es éxtasis, nena, déjate llevar, me decía mi mente, mientras oleadas de placer subían desde mi vientre.

La tensión crecía, como una tormenta en el desierto sonorense. Sofia se corrió primero, su leche caliente salpicándome la lengua, espesa y ligeramente dulce. Tragué, gimiendo alrededor de ella. Marco aceleró, sus manos apretándome las caderas, dejando marcas rojas.

"Me vengo, cabrones"
, rugió, llenándome con chorros calientes que se desbordaban por mis muslos.

Yo exploté después, el orgasmo rompiéndome en mil pedazos. Grité, cuerpo convulsionando, uñas clavándose en las sábanas. El mundo se volvió blanco, pulsos retumbando en mis oídos, músculos temblando.

Pero no paramos. Descanso breve, besos suaves, lenguas lamiendo restos de placer. Sofia me penetró entonces, su polla lubricada con nuestro jugo colectivo, deslizándose en mi coño sensible. Marco nos miró, masturbándose lento. Soy una diosa en este trio con un trans, pensé, arqueándome para recibirla más profundo. Sus embestidas rítmicas, pechos rebotando contra los míos, pezones rozándose como chispas.

La habitación olía a orgasmo: almizcle pesado, semen seco, mi esencia floral. Sonidos de carne chocando, plaf plaf, gemidos en armonía. Marco se unió, metiéndosela por el culo a Sofia, quien jadeó

"¡Sí, así, pendejos, fóllenme!"
. Un sándwich perfecto, yo besándola mientras nos follaban mutuamente.

Acto tres: el clímax y la calma. Otro round de explosiones. Sofia se corrió dentro de mí, su calor mezclándose con el de Marco anterior. Él eyaculó en su espalda, pintándola blanco. Yo, frotándome el clítoris, llegué al pico más alto, squirteando un poco, mojando las sábanas.

Colapsamos, enredados. Pieles pegajosas, respiraciones agitadas calmándose. Besos tiernos ahora, caricias perezosas. Sofia sonrió,

"Gracias por este trio con un trans tan cabrón"
. Marco rio, abrazándonos. Yo, en el centro, sentía mi cuerpo pleno, empoderado. Esto no fue solo sexo, fue conexión, libertad mexicana pura.

La madrugada entró por la ventana, luces de la ciudad parpadeando. Nos dormimos así, exhaustos, satisfechos. Al despertar, desayunamos chilaquiles con huevo, riendo de la noche. No hubo promesas, solo un quizá nos vemos. Pero supe que este trio con un trans había cambiado algo en mí: el deseo ahora sabía a infinito.

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