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Bikini Haul Try On Porn Solo para Ti

5307 palabras

Bikini Haul Try On Porn Solo para Ti

Estás sentado en mi cama, wey, con esa mirada que me pone la piel chinita. Acabo de llegar de la tienda en línea, con una caja llena de bikinis que pedí pensando en ti. Neta, desde que vi esos videos de bikini haul try on porn en internet, no pude resistirme. Quiero hacer uno propio, pero no para la cámara, sino para tus ojos nomás. El sol de la tarde entra por la ventana de mi depa en Polanco, tiñendo todo de dorado, y el aire huele a mi perfume de vainilla mezclado con el calor de tu cuerpo.

Me paro frente a ti, quitándome la blusa despacito. Sientes el roce de la tela contra mi piel morena, suave como el mango maduro. ¿Qué carajos estoy haciendo? pienso, pero el cosquilleo en mi panza me dice que siga. —Mira, carnal —te digo con voz ronca, juguetona—, esto va a ser nuestro bikini haul try on porn privado. Nada de redes, puro fuego entre nosotros.

Abro la caja y saco el primero: un bikini rojo fuego, diminuto, con tirantes que apenas sostienen mis chichis. Me lo pongo de espaldas a ti, sintiendo cómo la tela se pega a mis nalgas redondas, fría al principio, pero calentándose con mi calor. El espejo del clóset me devuelve la imagen: curvas que gritan deseo. Me volteo, caminando como en esos videos, meneando las caderas. Tus ojos se clavan en mí, y oigo tu respiración pesada, como viento caliente en mi cuello.

Chingado, cómo me mira. Siento su verga endureciéndose bajo los jeans, y eso me moja ya.

— ¿Qué tal, papi? —pregunto, girando para que veas todo—. ¿Te late o le falta algo? —Tus manos se mueven solas, rozando mis muslos. El toque es eléctrico, piel contra piel, áspero por tu barba de tres días. Huelo tu colonia, ese olor a madera y macho que me enloquece.

Acto seguido, me quito el rojo y saco el negro, de encaje transparente. Lo ajusto frente a ti, mis pezones rosados asomando apenas. El cuarto se llena de tensión, el zumbido del ventilador como un latido compartido. Te acerco, sentándome en tus piernas, sintiendo tu dureza presionando mi entrepierna. —Toca, wey —susurro—, dime si está chido. Tus dedos recorren la tela, bajando despacio, y un gemido se me escapa cuando rozas mi clítoris por encima del bikini.

El deseo crece como ola en la playa de Acapulco. Pienso en cómo empezó todo: tú, mi vecino del depa de al lado, siempre con esa sonrisa pícara cuando nos cruzamos en el elevador. Hoy te invité con pretexto de "ayúdame a elegir bikinis para la playa", pero neta, quería esto. Tu boca encuentra mi cuello, besos húmedos que saben a menta de tu chicle. Sabor salado de mi sudor mezclado con tu saliva.

Me levanto, temblando un poco, y pruebo el tercero: turquesa, con lazos que se deshacen fácil. Lo ato flojo adrede. Camino por la habitación, posando, tocándome los pechos para ti. Esto es mejor que cualquier bikini haul try on porn, pienso, porque eres real, tu calor real. Te pones de pie, me agarras de la cintura, y nuestras bocas chocan. Lenguas danzando, húmedas, explorando. Tus manos aprietan mis nalgas, el sonido de la carne palmoteándose suave.

La intensidad sube. Te empujo a la cama, trepándome encima. El bikini turquesa se deshace solo con un tirón tuyo. Mis chichis saltan libres, pezones duros como piedras. Los chupas, succionando fuerte, y grito de placer. Siento tu lengua áspera, caliente, el tirón en mi vientre bajo. Huelo mi propia excitación, ese aroma almizclado que inunda el aire. Tus jeans rasgan al bajarlos, tu verga salta, gruesa, venosa, goteando ya.

¡Puta madre, qué prieta la tengo por él! Quiero que me rompa.

Me bajo el bottom del bikini, empapado, y me froto contra ti. Piel resbaladiza, jugos mezclándose. —Cógeme, cabrón —te ruego, voz quebrada—. Hazme tuya. Te guío adentro, centímetro a centímetro, sintiendo cómo me estiras, me llenas. El dolor placer inicial da paso a éxtasis puro. Empiezas a bombear, lento al principio, el colchón crujiendo rítmicamente.

El sudor nos baña, gotas rodando por mi espalda, tu pecho. Oigo tus gruñidos guturales, mis jadeos altos, como en una película XXX pero mejor, porque es nuestro. Acelero, cabalgándote, mis uñas en tu pecho, dejando marcas rojas. El cuarto gira, olores a sexo crudo, vainilla y piel tostada. Tu mano en mi clítoris, frotando círculos, y la ola crece, crece...

Me corro primero, convulsionando, gritando tu nombre. ¡Joder, sí! ¡No pares! Tu leche caliente me inunda después, pulsos dentro de mí, mezclándose con mis jugos. Colapso sobre ti, corazones tronando al unísono, respiraciones entrecortadas.

Nos quedamos así, enredados, el sol bajando, pintando sombras largas. Besos suaves ahora, lenguas perezosas. —Neta, wey —murmuro contra tu boca—, ese bikini haul try on porn fue épico. —Ríes, apretándome más. Siento tu verga suavizándose dentro, pero aún latiendo. El afterglow es perfecto: paz, conexión, promesas de más.

Mientras el crepúsculo entra, pienso que esto no fue solo un juego de bikinis. Fue el inicio de algo chingón, ardiente como el chile en nogada. Tú acaricias mi pelo, y sé que mañana probaré los otros bikinis... contigo de espectador estrella.

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