Como Se Dice Trio En Frances En Mi Piel Ardiente
La noche en la azotea de ese depa en la Roma era de esas que te prenden el alma. El aire olía a mezcal ahumado y jazmines del jardín colgante, con el skyline de la CDMX brillando como un puto sueño. Yo, Ana, con mi vestido negro ceñido que me hacía sentir como diosa, charlaba con Diego, ese wey alto moreno con ojos que te desnudan sin tocarte. Al lado, Valeria, su carnala de toda la vida, una morra güera con curvas que no mienten y una risa que vibra en el pecho.
¿Qué pedo conmigo? Neta, desde que los vi llegar juntos, sentí ese cosquilleo en el estómago, como mariposas con alas de fuego. Diego me rozó el brazo al pasarme el vaso, su piel cálida contra la mía, y Valeria me guiñó el ojo, como si supiera el secreto que yo ni siquiera me confesaba.
—Órale, Ana, ¿has probado el mezcal de maguey espadín? —dijo Diego, su voz grave retumbando en mi oído—. Te va a volar la cabeza.
Tomé un trago, el ardor bajando por mi garganta como lava dulce, y les conté de mi viaje a París el año pasado. Ahí salió lo del ¿cómo se dice trío en francés? Fue Valeria quien lo soltó, con esa sonrisa pícara, mientras se acercaba más, su perfume de vainilla envolviéndome.
—Ménage à trois, chérie. Así se dice. ¿Quieres que te enseñemos cómo se siente?
Mi corazón dio un brinco.
¿En serio? ¿Aquí, con ellos? Neta, mi cuerpo ya decía sí antes que mi boca.Reí nerviosa, pero el calor entre mis piernas no mentía. La música cumbia rebajada pulsaba en el fondo, cuerpos bailando pegados, y nosotros tres nos fuimos quedando solos en una esquina, las luces neón pintando sus rostros de rojo pasión.
La tensión crecía como tormenta. Diego me tomó de la cintura, bailando lento, su aliento en mi cuello oliendo a tequila y hombre. Valeria por detrás, sus tetas suaves presionando mi espalda, sus manos subiendo por mis muslos. Puta madre, esto es real. Sus dedos juguetones rozaron el borde de mi vestido, y yo arqueé la espalda, gimiendo bajito.
—Vamos a mi depa —susurró Diego—. Está cerca, y neta, quiero probarte entera.
No hubo dudas. Bajamos en su Tsuru viejo pero chido, riendo como pendejos, el viento de la noche metiéndose por las ventanas abiertas, enfriando mi piel caliente.
En el depa, luces tenues, velas de vainilla encendidas que llenaban el aire de dulzor. Nos quitamos la ropa como si quemara. Diego primero, su torso marcado por gym, vello oscuro bajando hasta esa verga gruesa que ya palpitaba. Valeria, despacio, dejando caer su blusa, sus pezones rosados endureciéndose al aire. Yo, temblando de anticipación, me quedé en tanga negra, mis chichis libres, piel de gallina por sus miradas hambrientas.
Acto uno del deseo: el roce inicial. Nos sentamos en la cama king size, sábanas de algodón egipcio suaves como caricia. Diego me besó primero, labios firmes, lengua explorando mi boca con sabor a mezcal. Valeria observaba, mordiéndose el labio, hasta que se unió, besando mi cuello, chupando mi oreja. Sus alientos mezclados, calientes, húmedos. Mi clítoris latiendo como tambor.
—¿Cómo se dice trío en francés? —murmuré entre besos, recordando su frase—. Enséñenme más.
Valeria rió suave, su mano bajando a mi tanga, dedos hábiles frotando mi humedad a través de la tela. —Ménage à trois, Ana. Tres cuerpos en uno.
Diego me tumbó despacio, su boca devorando mis tetas, lamiendo pezones con lengua áspera, succionando hasta que grité de placer. Valeria se quitó la tanga, su coño depilado brillando, y se sentó en mi cara. Olía a miel y excitación, jugos calientes goteando en mi lengua cuando la lamí. Sabía a paraíso prohibido, salado dulce, mi nariz enterrada en su calor.
El medio acto explotó en intensidad. Diego separó mis piernas, su verga rozando mi entrada, pero esperó mi sí. —Dime que quieres, nena.
—Sí, cabrón, métemela ya —jadeé, mientras chupaba el clítoris de Valeria, sus gemidos como música, caderas moviéndose contra mi boca.
Entró lento, centímetro a centímetro, estirándome delicioso, su grosor llenándome hasta el fondo. El sonido de piel contra piel, chapoteo húmedo, sus bolas golpeando mi culo. Valeria se inclinó, besando a Diego mientras yo la comía, sus manos en mis tetas, pellizcando. Sudor perlando sus cuerpos, olor a sexo crudo, almizcle puro mezclándose con las velas.
Cambiaron posiciones como en un baile chingón. Yo encima de Diego, cabalgándolo, su verga golpeando mi G directo, orgasmos construyéndose. Valeria detrás, lamiendo donde nos uníamos, su lengua en mis bolas—no, en mi ano, círculos húmedos que me volvieron loca.
¡Puta madre, nunca sentí tanto! Mi mente en blanco, solo sensaciones: pulsos acelerados, piel resbalosa, gemidos roncos.
—Más fuerte, Diego, rómpeme —supliqué, uñas clavadas en su pecho, dejando marcas rojas.
Valeria se movió, sentándose en la cara de Diego, él lamiéndola mientras yo rebotaba. Sus jugos chorreando sobre su boca, mis paredes contrayéndose alrededor de él. El calor subía, tensión en espiral, mis muslos temblando, sudor goteando entre mis chichis.
El clímax del medio: mi primer orgasmo me azotó como rayo. Grité, coño apretando su verga, jugos salpicando. Diego gruñó, pero aguantó, volteándome para ponerme a cuatro. Valeria debajo, chupando mis tetas colgantes, yo lamiendo su coño mientras Diego me taladraba desde atrás, manos en mis caderas, embestidas brutales pero cariñosas.
—Estás tan chingona, Ana —jadeó Valeria, dedos en su clítoris, viniéndose en mi boca, sabor explosivo.
El final se acercaba, imparable. Diego aceleró, su verga hinchándose dentro de mí, venas pulsantes contra mis paredes sensibles. —Me vengo, putas —rugió.
—Adentro, lléname —rogué, y Valeria besándome, tragando mis gritos.
Explotó, chorros calientes inundándome, semen espeso mezclándose con mis jugos, goteando por mis muslos. Mi segundo orgasmo lo siguió, cuerpo convulsionando, visión borrosa, oídos zumbando con nuestros alaridos. Colapsamos en un enredo de miembros sudorosos, respiraciones agitadas, piel pegajosa.
El afterglow fue puro éxtasis. Acostados, Diego acariciando mi pelo, Valeria trazando círculos en mi vientre. El aire olía a sexo satisfecho, sábanas revueltas húmedas. Neta, nunca me sentí tan viva, tan completa.
—¿Cómo se dice trío en francés? —pregunté bajito, riendo—. Ménage à trois. Pero en mexicano, es chingonería pura.
Nos besamos lentos, lenguas perezosas, saboreando el remanente. Mañana sería otro pedo, pero esa noche, en esa cama, éramos uno. Diego preparó tacos de carnitas en la cocina, desnudos, riendo de tonterías. Valeria me abrazó por detrás, susurro en mi oído: —Vuelve cuando quieras, mi amor.
Me fui al amanecer, piernas flojas, sonrisa eterna, el sol pintando la ciudad de oro.
¿Repetir? Claro que sí. La vida es para vivirse a todo.