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Bedoyecta Tri PLM Para Que Sirve En La Pasión Desenfrenada

6600 palabras

Bedoyecta Tri PLM Para Que Sirve En La Pasión Desenfrenada

Me llamo Ana, tengo treinta y dos años y vivo en un departamento chido en la Condesa, con mi carnal Javier, mi marido desde hace cinco. Últimamente andaba bien bajoneada, como si el pinche estrés del trabajo me chupara toda la energía. Javier, ese pendejo tan atento, llegó un día con una cajita en la mano y me dijo: "Mira, mi reina, esto es Bedoyecta Tri. Dicen que te da un levantón de la chingada".

Lo miré con cara de qué pedo, porque yo no soy de inyecciones ni chingaderas médicas. ¿Bedoyecta Tri PLM para qué sirve? pensé, mientras él sacaba su teléfono y me mostraba la página del PLM. "Es complejo de vitaminas B, amor, para el cansancio, la fatiga nerviosa. Te va a poner como moto nueva". Su voz ronca, con ese acento chilango que me calienta, me hizo dudar. Olía a su colonia favorita, esa que huele a madera y picante, y sus ojos cafés brillaban con picardía.

Me convenció. Me bajé los chones en la sala, con las cortinas cerradas dejando pasar esa luz dorada de atardecer que calienta la piel. Javier, con manos firmes de mecánico que es, preparó la jeringa. Sentí el pinchazo leve en la nalga, un ardor rápido que se expandió como fuego líquido por mis venas. No duele tanto, wey, murmuré, y él besó el lugar, su lengua tibia lamiendo la gotita de sangre. "Ya verás, nena, esto te va a encender".

Al rato, en la cocina preparando tacos de suadero que compré en el mercado, empecé a sentirlo. Un cosquilleo en el pecho, como si mi corazón latiera más chingón, bombeando sangre caliente a cada rincón. Mis pezones se pusieron duros contra la blusa de algodón, y entre las piernas, un pulso húmedo que me hizo apretar los muslos. Javier me vio desde la mesa, con una cerveza en la mano, y sonrió lobuno. "¿Ya sientes el power de la Bedoyecta Tri, PLM dice que revitaliza todo el cuerpo?". Asentí, la boca seca, el sabor metálico en la lengua.

La cena fue un suplicio. Cada bocado de carne jugosa, con su jugo salado chorreando, me hacía imaginar su verga gruesa deslizándose en mi boca. Lo miré fijo, mis ojos verdes clavados en los suyos.

"¿Qué pedo, Javier? Esta chingadera me tiene caliente como perra en celo"
, le solté, y él rio, ese sonido grave que vibra en mi clítoris.

Acto primero: la cena terminó con platos tirados en el fregadero. Lo jalé del brazo hacia el sillón de piel, que cruje bajo nuestro peso. Me senté a horcajadas sobre él, sintiendo su erección dura contra mi entrepierna empapada. Sus manos grandes subieron por mis muslos, arrugando la falda, oliendo a mi excitación almizclada que ya empapaba las panties. "Eres una mamacita salvaje", gruñó, mordiendo mi cuello, dejando marcas rojas que arden delicioso.

Le arranqué la playera, lamiendo su pecho velludo, salado de sudor fresco. Mi piel erizada por el roce, cada vello respondiendo al aire acondicionado que zumbaba bajito. Internamente, luchaba: ¿Es la Bedoyecta Tri o es él? PLM para qué sirve esto, carajo, me tiene temblando. Javier metió la mano bajo mi blusa, pellizcando pezones hinchados, tirando suave hasta que gemí alto, un sonido gutural que rebotó en las paredes.

Nos besamos con hambre, lenguas enredadas, saboreando tacos y cerveza mezclados con saliva. Bajé la mano, desabroché su jeans, saqué su verga palpitante, venosa, con la cabeza roja brillando de precum. La apreté, sintiendo el pulso acelerado, y él jadeó contra mi boca. "Chúpamela, Ana, como sabes". Me arrodillé en la alfombra mullida, el olor a hombre puro invadiendo mis fosas nasales, y la tragué hasta la garganta, gimiendo con la boca llena.

Acto segundo: la tensión subía como olla exprés. Me levantó como pluma, cargándome al cuarto. La cama king size nos esperaba, sábanas de algodón egipcio frescas contra mi espalda ardiente cuando me aventó. Se quitó todo, su cuerpo moreno musculoso por el gym, cicatrices de juventud que recorro con uñas. Yo me desvestí lento, provocándolo, dejando que viera mis tetas firmes, mi culo redondo marcado por la inyección.

Se echó encima, su peso delicioso aplastándome, piel contra piel sudada. Besos por todo el cuerpo: orejas chupadas que me erizan, axilas lamidas con olor a sal, ombligo mordido. Bajó a mi coño, abierto y chorreante, labios hinchados. La Bedoyecta Tri PLM para qué sirve si no es para esto, para follar como animales, pensé mientras su lengua plana lamía mi clítoris, sorbiendo jugos dulces-ácidos. Gemí, arqueando la espalda, manos enredadas en su pelo negro revuelto.

Me volteó boca abajo, nalgas en pompa. Escupió en mi ano, dedo entrando jugoso, preparándome. "Te voy a romper el culo, ¿quieres?", preguntó ronco. "Sí, pendejo, métemela toda", supliqué, el ano palpitando expectante. Empujó lento, centímetro a centímetro, el estiramiento ardiente delicioso, lleno. Gruñí, mordiendo la almohada que olía a lavanda y sexo viejo. Empezó a bombear, cachetadas resonando, mi clítoris frotándose contra la sábana.

El ritmo aceleró, sudor goteando de su pecho a mi espalda, mezclándose. Mis paredes internas lo ordeñaban, orgasmos pequeños construyéndose.

"Más fuerte, Javier, no pares, esta energía de la chingada Bedoyecta me hace tuya"
. Él jadeaba, "Eres mi puta consentida, apriétame". La habitación olía a sexo crudo, fluidos, piel caliente. Toques eléctricos por todo: pezones rozando sábanas, pies entrelazados, aliento en nuca.

Cambié de posición, cabalgándolo. Sus manos en mis caderas guiando, verga entrando profundo, golpeando útero. Rebotaba, tetas saltando, vista de su cara extasiada. El clímax se acercaba, tensión en bajo vientre como resorte. "Me vengo, cabrón", grité, y exploté, coño contrayéndose en espasmos, chorros calientes mojando sus bolas. Él rugió, llenándome de leche espesa, caliente, desbordando.

Acto tercero: el afterglow. Colapsamos, enredados, pulsos latiendo al unísono. Su semen goteaba de mi culo, pegajoso en muslos. Besos suaves ahora, lenguas perezosas. "Gracias por la Bedoyecta Tri, amor. PLM no dice nada de esto, pero sirve un chingo para la pasión", susurré, riendo bajito. Él me abrazó, su corazón tronando contra mi oreja.

Nos quedamos así, pieles enfriándose, el zumbido del ventilador como arrullo. Reflexioné: la vida en pareja a veces necesita un empujón vitamínico, pero lo chingón es el amor que arde. Mañana, otro día, pero esta noche, revitalizados, listos para más. El aroma a sexo perduraba, promesa de rondas futuras.

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