Como Proponer un Trío que Enciende el Fuego
Estaba recostado en el sofá de nuestra departamentito en la Condesa, con el sol de la tarde colándose por las cortinas y pintando todo de un naranja cálido. Sofia, mi morra, traía puesto ese vestidito negro que se le pegaba al cuerpo como segunda piel, marcando sus chichis firmes y su culazo redondo. Olía a vainilla y a algo más, un aroma dulce que me ponía la verga dura nomás de olerlo. Habíamos estado bebiendo unas chelas frías, riéndonos de tonterías, cuando sonó el timbre. Era Carla, la carnal de Sofia, esa güerita de ojos verdes que siempre me guiñaba el ojo cuando venía de visita.
Órale, carnal, ¿cómo le hago para proponer un trío sin que salga todo al carajo? pensé, mientras las veía abrazarse en la puerta. Carla traía un short jean tan corto que se le veían las nalgas asomando, y una blusita escotada que dejaba ver el nacimiento de sus tetas perfectas. El aire se llenó de su perfume floral, mezclado con el sudor ligero de la calle, y sentí un cosquilleo en el estómago. Sofia me jaló del brazo. "¡Ven, amor, saluda a tu cuñada!" dijo, con esa voz ronca que me derretía.
Nos sentamos los tres en el sofá, con música de Natalia Lafourcade de fondo, suave y sensual. Las chelas corrían, y la plática fluía fácil: de los chismes del trabajo, de las salidas locas en la Roma, de cómo la vida en la Ciudad de México nos tenía exhaustos pero cachondos. Yo no podía quitarles la vista de encima. Sofia se recargaba en mí, su mano rozando mi muslo, subiendo despacito hasta mi entrepierna. Carla lo notaba y se reía, cruzando las piernas de modo que su short se subía más. Esto está cañón, wey. Si no digo algo ahora, me voy a arrepentir toda la noche.
La tensión crecía como una tormenta. El calor del departamento nos hacía sudar, y el olor a piel caliente y cerveza se mezclaba en el aire. Sofia me besó el cuello, mordisqueando suave, mientras Carla nos miraba con una sonrisa pícara. "¿Qué pasa, Javito? ¿Ya te pusieron caliente las dos?" bromeó ella, lamiéndose los labios. Mi corazón latía como tambor en desfile, y la verga me palpitaba contra el pantalón. Tomé aire, sabiendo que era el momento. "Oigan, morras... ¿han pensado alguna vez en... como proponer un trío? Digo, entre nos tres, aquí, ahora. Todo chido, sin pedos, puro gusto."
Hubo un silencio que se sintió eterno, roto solo por el zumbido del ventilador. Sofia me miró con ojos grandes, pero no de enojo, sino de curiosidad juguetona. Carla soltó una carcajada. "¡No mames, carnal! ¿En serio? Siempre he querido probar con ustedes dos. Sofia, ¿qué dices, nena?" Mi novia se sonrojó, pero su mano apretó mi verga por encima del pantalón. "Si es con confianza y nos da el cotorreo... ¿por qué no? Pero tú mandas el ritmo, amor." El alivio me invadió como una ola fresca, y el deseo se encendió de golpe.
Empecé besando a Sofia, lento, saboreando sus labios carnosos con sabor a limón de la chela. Su lengua se enredó con la mía, húmeda y caliente, mientras sus manos me quitaban la playera, rozando mis pezones duros. Carla se acercó por detrás, sus tetas presionando mi espalda, y me mordió el lóbulo de la oreja. Su aliento caliente en mi cuello, oliendo a menta y lujuria... esto es el paraíso, pendejo. Sofia bajó por mi pecho, lamiendo mi piel salada, hasta arrodillarse y desabrocharme el pantalón. Mi verga saltó libre, gruesa y venosa, palpitando al aire.
Carla gimió bajito. "¡Mira qué chingona está, Sofi! Déjame probar." Se unió a mi novia, las dos de rodillas frente a mí. Sus bocas se turnaban: Sofia chupando la cabeza, succionando con fuerza, haciendo que un chorro de placer me recorriera la columna. Carla lamía los huevos, su lengua áspera y húmeda, mientras sus manos masajeaban mis muslos. El sonido de sus succiones, chapoteante y obsceno, llenaba la sala, mezclado con mis jadeos roncos. Olía a su saliva mezclada con mi precum salado, y el tacto de sus labios suaves me volvía loco.
Las levanté, desesperado por más. Las llevé al cuarto, donde la cama king nos esperaba con sábanas frescas de algodón egipcio. Sofia se quitó el vestido, revelando su cuerpo desnudo, curvas perfectas, pezones rosados erectos. Carla se desvistió rápido, su panocha depilada brillando de humedad, labios hinchados y rosados. "Ven, amor, fóllame primero mientras Carla nos ve." dijo Sofia, abriendo las piernas. Me hundí en ella de un solo empujón, su concha apretada y caliente envolviéndome como guante de terciopelo mojado. Gemí fuerte, sintiendo sus paredes contrayéndose, su jugo chorreando por mis bolas.
Carla se masturbaba al lado, dedos hundiéndose en su chocha con sonidos húmedos, sus tetas rebotando. Esto es mejor que cualquier porno, wey. Como proponer un trío y que salga perfecto. Me movía ritmado, embistiendo profundo, el choque de mi pelvis contra la suya haciendo eco en la habitación. Sofia arqueaba la espalda, uñas clavándose en mis hombros, gritando "¡Más duro, cabrón! ¡Sí, así!". Su olor a mujer en celo, almizclado y dulce, me embriagaba.
Cambié a Carla, que ya estaba al borde. La puse a cuatro patas, su culo en pompa invitándome. Sofia se acostó debajo de ella, lamiendo su clítoris mientras yo la penetraba. Entré despacio, sintiendo su interior virgen a tríos, más apretado aún. "¡Ay, Dios, qué rico, Javito! ¡Chíngame fuerte!" rugió Carla. El ritmo se aceleró: yo bombeando como pistón, piel contra piel chapoteando, sudor resbalando por nuestras espaldas. Sofia lamía todo, su lengua rozando mi verga al entrar y salir, succionando los jugos de su amiga.
La intensidad subía. Posiciones locas: Sofia cabalgándome, sus chichis saltando en mi cara, yo mamándolas con hambre, sabor a sal y leche. Carla sentándose en mi rostro, su panocha empapada sofocándome con su néctar ácido-dulce, mientras yo la devoraba. Gemidos se volvían gritos: "¡Me vengo, pinche amor!" Sofia explotó primero, su concha ordeñándome la verga en espasmos. Carla la siguió, temblando sobre mi boca, chorros calientes mojándome la barba.
No aguanté más. Las puse a las dos de rodillas, verga en mano. "¡Abran la boca, morras!" Exploté en chorros espesos, semen caliente salpicando sus lenguas, caras, tetas. Ellas se lamían mutuamente, saboreando mi leche, riendo entre jadeos. El cuarto apestaba a sexo crudo: sudor, semen, coños calientes.
Caímos en la cama hechos un ovillo, pieles pegajosas, pulsos aún acelerados. Sofia me besó suave. "Gracias por como proponer un trío tan chingón, amor. Esto nos unió más." Carla acurrucada al otro lado: "Repetimos cuando quieras, carnales." Me quedé ahí, entre sus cuerpos tibios, oliendo su satisfacción, sintiendo el latido compartido. La vida en México sabe a esto: pasión sin límites, con los que amas. El sol se ponía, tiñendo todo de púrpura, y supe que esto era solo el principio.