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5 Seconds of Summer Try Hard en Piel Ardiente

6340 palabras

5 Seconds of Summer Try Hard en Piel Ardiente

El calor del verano en la playa de Cancún te envuelve como un abrazo pegajoso, el aire salado mezclado con el olor a coco de las bebidas y el humo dulce de las fogatas improvisadas. La fiesta en la casa de la playa está en su apogeo, luces de neón parpadeando al ritmo de la música que retumba desde los altavoces. Neta, qué chido, piensas mientras te mueves entre la gente, tu vestido ligero rozando tus muslos con cada paso, el sudor perlando tu escote.

Ahí lo ves: Diego, con su cabello revuelto y esa sonrisa pícara que te hace cosquillas en el estómago. Alto, moreno, con brazos tatuados que brillan bajo las luces. Lo conociste hace rato charlando de música, y ahora baila cerca, sus ojos clavados en ti como si fueras la única en el pinche mundo.

¿Por qué carajos me mira así? Como si quisiera comerme entera. Y yo... yo también lo quiero, te dices, el pulso acelerándose.

De repente, el DJ cambia la rola. Los primeros acordes de 5 Seconds of Summer Try Hard llenan el aire, esa guitarra eléctrica rasgando como un latido urgente. Diego se acerca más, su mano rozando tu cintura accidentalmente —o no tan accidental—. "¿Te late esta rola?" grita sobre la música, su aliento cálido con sabor a tequila rozando tu oreja. Asientes, riendo, y dejas que su mano se quede ahí, firme, posesiva. El bajo vibra en tu pecho, sincronizándose con el calor que sube por tus piernas.

La tensión crece con cada verso. Bailan pegados, sus caderas contra las tuyas, el roce de su camiseta húmeda contra tu piel desnuda de hombros. Hueles su colonia, mezclada con sudor masculino, algo que te hace morderte el labio. "Vamos adentro, wey, hace un chorro de calor aquí", susurra él, y tú, con el corazón latiendo como tambores, tomas su mano. Consientes con una mirada, un sí silencioso que él entiende perfecto.

Acto dos: La escalada

La habitación en la planta alta es un refugio oscuro, solo iluminada por la luna filtrándose por las cortinas. Cierran la puerta y el mundo exterior se apaga, quedando solo el eco lejano de la fiesta y el zumbido de Try Hard que alguien dejó sonando en loop desde abajo. Diego te empuja suave contra la pared, sus labios capturando los tuyos en un beso que sabe a sal y deseo. Su lengua es caliente, juguetona, explorando como si quisiera memorizarte.

Tus manos suben por su espalda, sintiendo los músculos tensos bajo la tela.

¡Puta madre, qué bien se siente! Quiero más, neta, no pares.
Él gime bajito cuando le quitas la camiseta, tus uñas arañando leve su piel bronceada. El olor de su arousal te golpea, ese almizcle terroso que hace que tus bragas se humedezcan más. Lo empujas a la cama king size, las sábanas frescas contrastando con el fuego en vuestros cuerpos.

Se tumba y te jala encima, sus manos grandes amasando tus nalgas mientras besas su cuello, saboreando la sal de su sudor. "Eres una diosa, mamacita", murmura con voz ronca, y tú ríes, mordiéndole el lóbulo de la oreja. La música sigue filtrándose: 5 Seconds of Summer Try Hard, impulsándolos como un mantra. Tus caderas se mueven sobre su dureza creciente, el roce a través de la tela enviando chispas por tu espina.

El conflicto interno te invade un segundo:

¿Y si es solo una noche de verano? ¿Y si quiero que dure?
Pero él te besa el pecho, bajando el tirante de tu vestido, exponiendo un pezón que chupa con hambre. Olvidas todo. Le desabrochas el jeans, liberando su verga tiesa, palpitante, goteando pre-semen que lames con la lengua plana, saboreando su gusto salado y ligeramente dulce. Él gruñe, "¡No mames, qué rico!", sus dedos enredándose en tu pelo.

Te subes encima, frotándote contra él, el calor de su piel contra tu coño mojado. Lentos círculos al principio, building tension, sus manos guiándote. El aire se llena de jadeos, del slap suave de piel contra piel, del crujir de las sábanas. Hueles el sexo inminente, ese aroma embriagador de excitación compartida. Él te voltea, colocándote de rodillas, besando tu espalda mientras sus dedos encuentran tu clítoris, frotando en círculos perfectos. El placer sube como una ola, tenso, casi doloroso.

Acto tres: La liberación

Ya no aguantan. "Métemela, Diego, ya", suplicas, voz entrecortada. Él se posiciona, la punta gruesa empujando tu entrada resbaladiza. Entras despacio, centímetro a centímetro, sintiendo cómo te estira, llena, el ardor delicioso convirtiéndose en éxtasis. Sus bolas contra tu clítoris, el ritmo empieza lento, profundo.

La habitación se llena de sonidos: el wet slap de sus embestidas, tus gemidos altos —"¡Más duro, wey!"—, sus gruñidos animales. Sudor gotea de su frente al hueco de tu espalda, fresco y caliente a la vez. La canción 5 Seconds of Summer Try Hard parece sonar más fuerte en tu cabeza, impulsando cada thrust. Él te agarra las caderas, clavándote con fuerza, tu coño apretándolo como un vicio.

El clímax se acerca gradual, como una tormenta. Tus paredes se contraen, pulsos eléctricos desde el centro de tu ser.

¡Voy a explotar, neta, no pares!
Él acelera, su verga hinchándose dentro, rozando ese punto que te hace ver estrellas. Gritas primero, el orgasmo rompiéndote en oleadas, jugos chorreando por tus muslos, el placer tan intenso que tiemblas entera.

Diego te sigue segundos después, "¡Me vengo, carajo!", llenándote con chorros calientes, su cuerpo colapsando sobre el tuyo. Se quedan así, jadeando, piel pegada a piel, el olor de sexo y sudor envolviéndolos como una manta. La música se apaga abajo, pero el eco queda.

Después, en el afterglow, te acurrucas contra su pecho, escuchando su corazón desacelerarse. Su mano acaricia tu pelo, suave, tierna.

Esto fue más que una noche. Fue try hard, de verdad, piensas, sonriendo en la oscuridad.
Él besa tu frente. "Qué chingón fue eso, ¿verdad?" Asientes, sabiendo que el verano apenas empieza, y con él, más momentos así.

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