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Sim Trio AT&T Pasión Inalámbrica

6384 palabras

Sim Trio AT&T Pasión Inalámbrica

Entraste al local de AT&T en el centro comercial de Polanco, con el sol de la tarde colándose por las vitrinas y el aire acondicionado fresco rozando tu piel sudada. Habías oído del nuevo paquete sim trio AT&T, perfecto para compartir datos con carnales o amigos cercanos, y neta, te picó la curiosidad. El lugar olía a plástico nuevo de celulares y un toque de perfume dulzón, de esos que te hacen voltear la cabeza.

Detrás del mostrador, dos morras te miraron con sonrisas que prometían más que un simple contrato. La primera, Karla, de cabello negro largo hasta la cintura, ojos cafés intensos y una blusa ajustada que marcaba sus chichis perfectas. La otra, Sofía, rubia teñida, con labios carnosos pintados de rojo y un short que dejaba ver sus piernas torneadas. Chingao, qué suerte la mía, pensaste mientras te acercabas.

—Hola, guapo, ¿en qué te ayudamos? —dijo Karla con voz ronca, inclinándose un poco para que vieras el escote.

—Vengo por el sim trio AT&T, wey. Quiero activar tres líneas para mi crew —respondiste, sintiendo ya el calor subiendo por tu cuello.

Sofía se acercó, rozando tu brazo con el suyo al tomar tus papeles. Su piel era suave, cálida, y olía a vainilla y algo más picante, como deseo puro. Te explicaron el paquete paso a paso, sus dedos rozando los tuyos al pasarte las tarjetas SIM. Cada roce era eléctrico, como si ya estuvieran conectando algo más que datos ilimitados.

Estas pinches morras me están coqueteando cañón, o nomás es mi imaginación? Neta, sus miradas me traen loco.

Terminaron la activación en media hora, pero no te dejaron ir tan fácil. —Oye, carnal, ¿por qué no vienes a la peda que armamos en mi depa esta noche? Celebramos tu nuevo sim trio AT&T —propuso Karla, guiñándote el ojo.

No lo pensaste dos veces. Sí.

El depa de Karla estaba en la Roma, con vista a las luces de la ciudad y música de Bad Bunny retumbando bajito. Llegaste con una six de Indio en la mano, y ahí estaban ellas, ya cambiadas a ropa casual pero igual de calientes: Karla en un top crop que dejaba su panza lisa al aire, Sofía en leggings que abrazaban su culo redondo. El aire olía a tacos de suadero de la esquina y a su perfume mezclado, embriagador.

Se sentaron en el sofá, tú en medio, con cervezas frías sudando en sus manos. Hablaron de todo: del pinche tráfico de la CDMX, de cómo el sim trio AT&T les había salvado la vida en un viaje a Cancún, compartiendo gigs sin parar. Pero la plática viró rápido a lo personal. Sofía puso su mano en tu muslo, trazando círculos lentos con la uña.

—Sabes, con este trio todo se comparte mejor, ¿no? Datos, fotos... placeres —susurró Karla al oído, su aliento caliente contra tu oreja, enviando escalofríos por tu espalda.

Tu corazón latía como tambor en desfile, el pulso acelerado en las sienes. No mames, esto va en serio. Respondiste besando a Sofía primero, sus labios suaves y jugosos, sabor a chela y menta. Ella gimió bajito, un sonido ronco que vibró en tu pecho. Karla no se quedó atrás; sus manos exploraban tu pecho bajo la camisa, desabotonándola con dedos hábiles.

Las tumbaste en el sofá, piel contra piel. El tacto de sus cuerpos era adictivo: la suavidad de los senos de Karla presionando tu torso, duros pezones rozando como fuego; las caderas de Sofía ondulando bajo tus palmas, carne firme y cálida. Olías su arousal, ese musk dulce y salado que te ponía la verga dura como piedra.

Chingado, soy el rey del mundo ahorita. Dos diosas mexicanas listas para mí, todo consensual, todo chingón.

Las desvestiste lento, saboreando cada centímetro. Lamiste el cuello de Karla, salado y perfumado, mientras Sofía te bajaba el pantalón, liberando tu miembro palpitante. Ella lo tomó en la boca primero, chupando con hambre, lengua girando en la cabeza sensible. El sonido húmedo de succión llenaba la habitación, mezclado con tus jadeos y los memos de Karla.

Escaló la cosa. Karla se sentó en tu cara, su coño mojado rozando tus labios, sabor ácido y dulce como tamarindo maduro. La lamiste profundo, sintiendo sus muslos temblar alrededor de tu cabeza, su clítoris hinchado pulsando bajo tu lengua. Sofía cabalgaba tu verga meanwhile, subiendo y bajando con ritmo experto, paredes apretadas ordeñándote. El slap de piel contra piel, sudor goteando, gemidos en coro: ¡Ay, wey! ¡Más duro! ¡Sí, cabrón!

La tensión crecía, como onda de calor en el desierto sonorense. Cambiaron posiciones: tú de rodillas, penetrando a Karla por atrás mientras Sofía se recargaba en la pared, dedos en su propio chochito, mirándote con ojos vidriosos. El culo de Karla rebotaba contra tu pelvis, suave y carnoso, cada embestida sacando chorros de jugos que corrían por tus bolas. Olía a sexo puro, intenso, animal.

El clímax llegó como tormenta en julio. Primero Karla, gritando ¡Me vengo, pendejo! ¡No pares!, su coño contrayéndose en espasmos que casi te hacen explotar. Sofía se unió, masturbándose furiosa hasta rociar un squirt tibio en tu pecho. Tú no aguantaste más; sacaste la verga y eyaculaste en sus tetas, chorros calientes y espesos salpicando piel brillante de sudor. El alivio fue brutal, olas de placer recorriendo cada nervio, piernas temblando.

Cayeron los tres en un enredo de miembros sudorosos, respiraciones agitadas calmándose poco a poco. El cuarto olía a semen, sudor y ellas, un aroma embriagador que te hacía querer más. Karla te besó la frente, Sofía acarició tu cabello.

—Gracias por el sim trio AT&T, carnal. Esto fue el mejor upgrade —dijo Sofía riendo bajito.

Neta, mi vida cambió con estas dos. Conexión total, datos infinitos de placer. ¿Repetimos mañana?

Se quedaron así un rato, charlando pendejadas, compartiendo un porro light de hierba orgánica que no nublaba nada, solo relajaba. La ciudad brillaba afuera, pero adentro, el afterglow era perfecto: pieles pegajosas enfriándose, pulsos volviendo a normal, sonrisas de satisfacción plena. Habías activado más que líneas telefónicas; un lazo carnal, empoderador, que prometía aventuras ilimitadas.

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