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Trio Inolvidable con Mi Novia Amateur

7236 palabras

Trio Inolvidable con Mi Novia Amateur

Todo empezó una noche de esas en las que el calor de la Ciudad de México se mete hasta los huesos, pero en nuestro depa chiquito en la Roma, con el aire acondicionado zumbando bajito, el ambiente estaba perfecto para platicar de carnalidades. Mi novia, Karla, esa chava morena de curvas que me volvían loco desde el primer día que la vi en una fiesta en Polanco, estaba recostada en el sofá conmigo, su cabeza en mi pecho, oliendo a su perfume de vainilla mezclado con el sudor ligero de la tarde. Neta, era mi debilidad, mi novia amateur en todo lo que a la cama se refiere, pero con un fuego que ardía como chile en nogada.

—Oye, carnal —me dijo de repente, levantando la cara con esos ojos cafés que brillaban pícaros—, ¿nunca has pensado en un trío con tu novia amateur? Tipo, yo, tú y otra morra...

Me quedé tieso, sintiendo cómo mi verga se despertaba al instante bajo el short.

¿Qué pedo? ¿Karla proponiendo eso? Siempre había sido ella la conservadora, la que se sonrojaba con mis chistes sucios.
Pero ahí estaba, mordiéndose el labio, esperando mi respuesta. Le conté que sí, que en mis sueños más calientes la imaginaba así, compartiendo con otra chava, explorando sin límites. Hablamos de Mari, su amiga de la uni, esa güera flaca con tetas firmes y una risa que te hacía querer comértela entera. Karla sonrió, sacó el cel y le mandó un mensaje. Minutos después, Mari contestó: "¡Estoy adentro, wey! ¿Cuándo?"

La tensión creció esa semana como un volcán a punto de reventar. Cada vez que Karla me chupaba la verga en la regadera, me susurraba al oído: "Imagínate a Mari aquí, lamiéndome la panocha mientras tú me coges". El olor de su excitación, ese almizcle dulce que me volvía loco, se mezclaba con el jabón de lavanda. Yo la penetraba despacio, sintiendo sus paredes calientes apretándome, pero ahora con la promesa de más. Chingón, pensé, esto va a ser épico.

El viernes llegó Mari. Tocó la puerta con sus tacones resonando en el pasillo, vestida con un vestido negro ajustado que marcaba su culo redondo. Entró oliendo a tequila y perfume caro, abrazó a Karla con un beso en la boca que duró más de lo amistoso. Yo las vi desde el sofá, mi pulso acelerado, el corazón latiéndome en las sienes. Nos sentamos a tomar chelas frías, platicando pendejadas para romper el hielo. Karla se sentó en mis piernas, rozándome la verga con su nalga suave a través de la tela. Mari nos miraba, lamiendo el borde de su botella, sus labios rojos brillando bajo la luz tenue de las velas que Karla había encendido.

Ya, wey, no le demos tantas vueltas —dijo Karla, su voz ronca de deseo. Se paró y jaló a Mari de la mano hacia mí. Las dos se besaron frente a mí, lenguas danzando, manos explorando. Vi cómo Karla metía la mano bajo el vestido de Mari, oyendo el jadeo ahogado de la güera. Mi verga estaba dura como piedra, palpitando contra el pantalón. Me levanté, las abracé por detrás, besando el cuello de Karla, saboreando su piel salada, mientras mi mano bajaba al culo de Mari, apretándolo firme.

Nos fuimos al cuarto, la cama king size crujiendo bajo nuestro peso. Karla se quitó la blusa despacio, dejando ver sus tetas grandes, pezones oscuros endurecidos. Mari la siguió, su cuerpo delgado contrastando con las curvas de mi novia. Yo me desvestí rápido, mi verga saltando libre, gruesa y venosa, goteando ya de anticipación.

Esto es real, cabrón, un trío con mi novia amateur, y se siente como un sueño mojado.

Empezamos suaves. Karla y Mari se tumbaron en la cama, piernas abiertas, besándose mientras yo las veía. El sonido de sus labios chupándose, húmedos, me tenía al borde. Me acerqué, lamí el clítoris de Karla primero, ese botón hinchado que sabía a miel salada, mientras Mari le mamaba las tetas, succionando fuerte. Karla gemía bajito, "¡Ay, wey, qué rico!", sus caderas moviéndose contra mi lengua. Luego cambié a Mari, su panocha depilada, rosada y mojada, oliendo a deseo puro. La chupé despacio, metiendo la lengua adentro, sintiendo sus jugos calientes en mi boca.

La tensión subía como la música de un antro en su punto máximo. Karla se puso a cuatro patas, ofreciéndome su culo redondo. —Cógeme, amor —suplicó. La penetré de una, mi verga deslizándose en su calor resbaloso, plaf plaf contra su piel. Mari se acostó debajo de ella, lamiéndole la panocha mientras yo la taladraba. Sentía la lengua de Mari rozando mis huevos, un cosquilleo eléctrico que me hacía empujar más duro. Karla gritaba, "¡Sí, cabrones, así!", su cuerpo temblando.

Cambiamos posiciones, el sudor nos cubría, el cuarto apestando a sexo crudo: mezcla de panochas mojadas, verga sudada y piel caliente. Mari se montó en mi cara, restregando su clítoris contra mi nariz, ahogándome en su sabor ácido-dulce. Yo la lamía frenético mientras Karla me cabalgaba la verga, sus tetas rebotando, uñas clavadas en mi pecho. El ritmo era perfecto, sus gemidos sincronizados, el colchón chirriando como loco. Sentía las paredes de Karla apretándome, ordeñándome, y la de Mari palpitando en mi lengua.

Pero no queríamos acabar aún. Karla se bajó, las dos se arrodillaron frente a mí. Me pajearon juntas, manos suaves alternando, lenguas lamiendo mi tronco desde los huevos hasta la cabeza. Vi sus caras, ojos lujuriosos, saliva brillando en mi verga.

Estas morras me van a matar de placer, neta.
Karla chupó mis huevos, succionando suave, mientras Mari se tragaba mi verga hasta la garganta, gorgoteando. El olor de su aliento caliente, mezclado con mi precum salado, me volvía loco.

El clímax se acercaba. Puse a Karla boca arriba, piernas abiertas como alas. Mari se sentó en su cara, restregando mientras yo la cogía profundo, lento al principio, luego bestial. Cada embestida hacía que Karla lamiera más fuerte a Mari, sus gritos ahogados vibrando en la panocha de la güera. Sentía mi leche subir, bolas tensas. —¡Me vengo! —gruñí. Karla apretó las piernas: "¡Dntro, amor, lléname!"

Exploté dentro de ella, chorros calientes inundándola, mi cuerpo convulsionando. Mari se vino segundos después, gritando sobre la boca de Karla, jugos chorreando por su barbilla. Karla tembló debajo, su orgasmo explotando en olas, panocha contrayéndose alrededor de mi verga aún dura.

Nos derrumbamos en un enredo de cuerpos sudorosos, respiraciones agitadas llenando el silencio. Mari besó a Karla, compartiendo sabores, luego me besó a mí, su lengua probando mi propia leche. Acaricié sus espaldas, sintiendo la piel pegajosa, el calor residual. Qué chingonería, pensé, exhausto y pleno.

Después, envueltos en sábanas frescas, tomamos agua fría que sabía a gloria. Karla se acurrucó en mi pecho, Mari en el otro lado. —Fue el trío con mi novia amateur más cabrón de mi vida —le dije a Karla, besándola. Ella rio bajito: "Y el primero de muchos, wey". Mari guiñó: "Cuenta conmigo". El sueño nos venció así, con el aroma del sexo flotando, promesas de más noches locas en el aire.

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