Triada Ecologica Caracteristicas Sensuales
Estábamos en la selva de Veracruz, en ese eco-resort chido que huele a tierra húmeda y flores salvajes. Yo, Marco, biólogo de la UNAM, había invitado a Ana y Carla, mis compas de la facu, para un fin de semana de campo. Ellas dos, con sus curvas que se marcaban bajo las playeras mojadas por la neblina, eran el sueño de cualquier wey. Ana, morena chiapaneca con ojos que te tragan, y Carla, culona de Guadalajara con labios que prometían pecados. Neta, la triada ecologica caracteristicas que nos explicó el profe en clase —organismos, ambiente y sus interacciones— se me vino a la mente mientras las veía caminar delante de mí por el sendero embarrado.
El sol filtraba entre las hojas gigantes, pintando sus pieles de dorado. El aire olía a musgo y sudor fresco, y el sonido de las guacamayas chillando me ponía la piel chinita. ¿Y si esta triada somos nosotros? pensé, sintiendo cómo mi verga empezaba a despertar bajo los shorts. Habíamos platicado toda la noche anterior de ecología, bebiendo pulque en la terraza, riéndonos de pendejadas. Ana se recargaba en mi hombro, su pelo oliendo a coco, y Carla me rozaba la pierna "sin querer". La tensión estaba ahí, como un río a punto de desbordarse.
—Órale, Marco, ¿todavía piensas en la triada ecologica caracteristicas? —dijo Ana, volteando con una sonrisa pícara, su blusa pegada al pecho mostrando los pezones duros por el fresco.
—Sí, nena. Organismos como nosotros, el ambiente esta selva cabrona, e interacciones... pues ya veremos —le guiñé el ojo, y Carla soltó una carcajada que sonó como música.
Llegamos a la cascada, un chorro de agua cristalina cayendo sobre rocas lisas. El rugido del agua ahogaba nuestros jadeos mientras nos quitábamos la ropa para meternos. Ana se desabrochó el brasier primero, sus tetas firmes saltando libres, oscuras y perfectas, con areolas grandes como monedas. Carla se bajó el short, revelando un culazo redondo que temblaba al caminar. Yo me quedé en calzones, mi erección marcada como un pinche poste.
Nos metimos al pozo, el agua fría mordiendo la piel, erizándola. Nadamos cerca, rozándonos "accidentalmente". Sentí la mano de Ana en mi muslo bajo el agua, subiendo lento, sus uñas arañando suave. Mierda, esto va en serio, pensé, mi pulso latiendo como tambor en las sienes. Carla se acercó por detrás, sus tetas aplastándose contra mi espalda, sus labios en mi oreja:
—Wey, neta que la triada esta se siente viva. ¿Quieres explorar sus características más... profundas?
La besé primero, su boca sabía a pulque dulce y deseo. Lenguas enredadas, el agua chapoteando alrededor. Ana se unió, su cuerpo presionando el mío, una mano en mi pecho, la otra bajando a mi verga, que ya estaba dura como piedra. La saqué de los calzones, y ellas dos jadearon al verla, venosa y palpitante.
Esto es la pura interacción ecológica, carnal, me dije, mientras las llevaba a la orilla, sobre una manta que trajimos. El sol calentaba nuestras pieles mojadas, vapor saliendo como niebla. Ana se arrodilló, lamiendo mi pecho, bajando por el abdomen, su lengua caliente trazando surcos. Olía a su excitación, ese aroma almizclado de panocha húmeda que me volvía loco. Carla me besaba el cuello, mordisqueando, sus manos amasando mis huevos.
—Chúpamela, Ana —le pedí, y ella obedeció como diosa, engullendo mi verga hasta la garganta. El sonido de su succión, glug glug mezclado con el agua, era porno puro. Sentí su saliva tibia corriendo, su lengua girando en la cabeza sensible. Carla se masturbaba a un lado, dedos hundiéndose en su concha rasurada, gimiendo bajito:
—¡Ay, cabrón, qué rico!
Cambié posiciones, echando a Carla de espaldas sobre la manta. Le abrí las piernas, su panocha rosada brillando de jugos. La olí primero, embriagador, como miel salvaje. Lamí su clítoris, chupando suave, luego fuerte, mientras ella arqueaba la espalda, gritando:
—¡Sí, wey, así! ¡No pares!
Ana se sentó en la cara de Carla, restregando su chochita peluda contra su boca. Yo metí dos dedos en Carla, curvándolos para golpear ese punto que la hacía temblar. El ambiente era eléctrico: sudor salado en la piel, tierra húmeda bajo nosotros, el zumbido de insectos y nuestro jadeo sincronizado. La triada perfecta, equilibrada, interconectada.
Después de hacerla venir —Carla convulsionando, chorro caliente en mi boca—, la volteé a cuatro patas. Mi verga entró en ella de un empujón, resbalosa y apretada, envolviéndome como guante. Pinche paraíso, pensé, embistiéndola fuerte, mis caderas chocando contra su culo con palmadas húmedas. Ana se masturbaba viéndonos, pellizcándose las tetas, luego se acercó y me besó, compartiendo el sabor de Carla en su lengua.
—Cógela duro, amor —susurró Ana, y yo aceleré, sintiendo sus paredes contrayéndose. Carla gritaba, mezcla de placer y dolor dulce:
—¡Más, pendejo, rómpeme!
La hice explotar otra vez, su concha ordeñándome, pero me aguanté. Saqué la verga chorreante y me fui con Ana. La puse boca arriba, piernas en mis hombros, penetrándola lento al principio. Su interior era como terciopelo caliente, oliendo a sexo puro. La besé mientras la cogía, lenguas bailando, sus uñas clavándose en mi espalda.
Carla se unió, lamiendo donde nos uníamos, su lengua en mis huevos y el clítoris de Ana. La intensidad subía: mi corazón tronando, pieles resbalosas de sudor y jugos, el sol quemando, la cascada rugiendo como testigo. Ana gemía en mi oído:
—¡Eres nuestro organismo principal, Marco! ¡La triada está completa!
Cambié a perrito con Ana, su culo más pequeño pero firme, rebotando contra mí. Carla se acostó debajo, chupando la panocha de Ana mientras yo la taladraba. El roce de sus lenguas en mi verga entrando y saliendo me llevó al límite. Sentí el orgasmo subir, bolas apretadas.
—Me vengo, chulas —gruñí.
—¡Dentro, carnal! —pidió Ana, y exploté, chorros calientes llenándola, desbordando. Carla lamió todo, tragando lo que podía. Ana vino segundos después, temblando, gritando al cielo selvático.
Nos derrumbamos en la manta, un enredo de cuerpos sudorosos, respiraciones agitadas calmándose. El sol bajaba, tiñendo todo de naranja. Olíamos a sexo y naturaleza, pieles pegajosas, corazones latiendo al unísono. Ana acariciaba mi pecho, Carla mi pelo.
—Esta triada ecologica caracteristicas es lo más chingón que he vivido —dijo Carla, riendo suave.
—Interacciones perfectas —agregué yo, besándolas—. Organismos en armonía con el ambiente.
Nos quedamos así hasta el crepúsculo, charlando pendejadas, planeando más escapadas. Esa noche, en la cabaña, repetimos bajo las estrellas, pero esa primera vez en la cascada fue el big bang de nuestra triada. Neta, la ecología nunca se sintió tan viva, tan sensual.