Relatos Salvajes
Inicio Sexo en Grupo Los Greatest Hits Por Qué Intentar Más Duro Los Greatest Hits Por Qué Intentar Más Duro

Los Greatest Hits Por Qué Intentar Más Duro

6969 palabras

Los Greatest Hits Por Qué Intentar Más Duro

El bar en la Zona Rosa bullía de vida esa noche, con el sonido grave de un bajo retumbando en tus huesos y el aroma dulce del mezcal mezclándose con el perfume caro de la gente. Tú, con tu vestido negro ceñido que abrazaba tus curvas como un amante posesivo, te sentaste en la barra, pidiendo un tequilita con limón y sal. El calor de la ciudad se colaba por las puertas abiertas, pero adentro, el aire acondicionado te erizaba la piel, haciendo que tus pezones se marcaran sutilmente bajo la tela fina.

Entonces lo viste. Marco, con su camisa desabotonada hasta el pecho, mostrando un tatuaje de un águila devorando una serpiente, güey bien puesto, con esa sonrisa pícara que gritaba experiencia. Se acercó, oliendo a colonia masculina y a algo más salvaje, como sudor fresco después de bailar. "¿Qué onda, preciosa? ¿Vienes a escuchar los clásicos o a buscar algo nuevo?" te dijo, su voz ronca cortando el ruido de la banda que tocaba rolas de rock en español.

Tú le devolviste la mirada, sintiendo un cosquilleo en el bajo vientre. "Los clásicos siempre pegan duro, ¿no? Como los greatest hits de Soda o Caifanes. ¿Por qué try harder si ya son perfectos?" respondiste, juguetona, adaptando esa frase que habías oído en un disco viejo. Él rio, una carcajada profunda que vibró en tu pecho. Pidió otra ronda, y mientras el bartender salaba los vasos, sus dedos rozaron los tuyos al pasarte el shot. El contacto fue eléctrico, piel contra piel, cálida y firme.

Pinche hombre, me está poniendo caliente con solo mirarme así. ¿Será que esta noche rompo mi racha de soltera?

Charlaron de música, de cómo los greatest hits eran lo máximo porque no necesitabas complicarte la vida. "The greatest hits why try harder", soltó él de repente, en inglés gringo con acento chilango, guiñándote el ojo. "En la cama pasa lo mismo, ¿sabes? Las posiciones clásicas te vuelan la cabeza sin tanto rollo." Tú sentiste el pulso acelerarse, el calor subiendo por tus muslos. El tequila quemaba tu garganta, dulce y ardiente, mientras imaginabas sus manos explorando tu cuerpo.

Una hora después, ya en tu depa en Polanco, la puerta se cerró con un clic suave. El pasillo olía a jazmín de la vela que siempre prendías, y la luz tenue de las lámparas de diseño bañaba todo en un glow ámbar. Él te acorraló contra la pared, sus labios capturando los tuyos en un beso hambriento. Sabían a tequila y a menta, su lengua danzando con la tuya, explorando, reclamando. Tus manos se enredaron en su pelo oscuro, tirando suave, mientras él gemía bajito contra tu boca.

"Qué chingona eres", murmuró, bajando besos por tu cuello, mordisqueando la piel sensible justo bajo la oreja. El roce de su barba incipiente te raspaba delicioso, enviando chispas directo a tu centro. Tus pechos se apretaban contra su torso duro, sintiendo los latidos de su corazón galopando al ritmo del tuyo. Desabotonaste su camisa con dedos temblorosos, revelando abdominales marcados por horas en el gym, piel morena y suave al tacto.

Lo empujaste hacia el sofá de cuero negro, que crujió bajo su peso. Te subiste a horcajadas sobre él, frotando tu entrepierna contra la erección que ya tensaba sus jeans. "Si los greatest hits son tan buenos, demuéstramelo", lo provocaste, voz ronca de deseo. Él sonrió, manos grandes subiendo por tus muslos, arrimando el vestido hasta tu cintura. Sus pulgares rozaron el encaje de tus panties, húmedas ya por la anticipación. El aroma de tu excitación flotaba en el aire, almizclado y tentador.

Su verga se siente enorme contra mí. No aguanto más, quiero sentirlo adentro, duro y profundo.

En el medio del clímax de la tensión, él te volteó con facilidad, poniéndote de rodillas en el sofá. El cuero fresco contra tus palmas contrastaba con el calor de su cuerpo pegándose a tu espalda. Bajó tus panties despacio, besando cada centímetro de piel expuesta, su aliento caliente en tus nalgas. "Mira qué panocha tan rica, toda mojada para mí", gruñó, dedos separando tus labios, rozando el clítoris hinchado. Gemiste alto, el sonido rebotando en las paredes, mientras él lamía suave, lengua plana lamiendo de abajo arriba, saboreando tu néctar salado-dulce.

Te volviste, jalándolo al piso alfombrado, donde rodaron entre risas y besos. Desnudaste completamente, pieles desnudas chocando, sudor comenzando a perlar. Su verga saltó libre, gruesa y venosa, la cabeza brillante de precum. La tomaste en mano, piel aterciopelada sobre acero, bombeando lento mientras él jadeaba. "Mámamela, reina", pidió, y obedeciste, labios envolviéndola, lengua girando alrededor del glande. Sabía a hombre puro, salado y adictivo, sus caderas empujando suave, follándote la boca con cuidado.

Pero querías más. Lo montaste como en los clásicos, cowgirl puro. Te hundiste en él centímetro a centímetro, el estiramiento delicioso quemando placer. "¡Ay, cabrón, qué verga tan chingona!" gritaste, sintiendo cada vena pulsando dentro. Cabalgaron juntos, tus tetas rebotando, él chupándolas, mordiendo pezones duros como piedras. El slap-slap de carne contra carne llenaba la habitación, mezclado con gemidos y el olor a sexo crudo, sudor y fluidos.

La intensidad subió cuando él te puso en misionero, el greatest hit eterno. Piernas en sus hombros, penetrando profundo, golpeando ese punto que te hacía ver estrellas. "The greatest hits why try harder", jadeó entre thrusts, riendo ronco. "¡Esto es lo máximo!" Tú clavaste uñas en su espalda, arqueándote, el orgasmo construyéndose como una ola. El roce de su pubis contra tu clítoris, el sudor goteando de su frente a tu pecho, el sabor de su beso salado... todo explotó.

Tu coño se contrajo alrededor de él, ordeñándolo, chorros de placer sacudiéndote mientras gritabas su nombre. Él siguió empujando, prolongando tu éxtasis, hasta que gruñó fuerte, llenándote con jets calientes, su cuerpo temblando sobre el tuyo. Colapsaron juntos, respiraciones entrecortadas, piel pegajosa y satisfecha.

En el afterglow, acostados en la cama king size, sábanas revueltas oliendo a ellos, él te acarició el pelo. "¿Ves? No hay que try harder cuando los clásicos pegan tan duro", murmuró, besando tu sien. Tú sonreíste, el cuerpo lánguido y pleno, un calor suave expandiéndose en el pecho.

Pinche greatest hits del sexo. ¿Para qué complicarse? Esto fue perfecto, puro fuego mexicano.

La noche se extendió en caricias perezosas, risas compartidas sobre rolas favoritas y promesas de más clásicos. Al amanecer, con el sol filtrándose por las cortinas, supiste que habías encontrado tu propio hit eterno. No necesitabas más; esto era todo.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a relatossalvajes.cc.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.