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La Fiebre de la Triada Ecológica del Dengue PDF

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La Fiebre de la Triada Ecológica del Dengue PDF

Era un calorón de esos que te pegan en Veracruz, con el aire espeso como melaza y el zumbido de los zancudos rondando las ventanas del laboratorio. Yo, Alejandra, bióloga de la uni, acababa de descargar ese PDF sobre la triada ecológica del dengue: agente infeccioso, huésped y ambiente. Neta, lo leí por trabajo, pero algo en esas palabras me revolvió por dentro. El virus acechando, el mosquito picando, el sudor humano abriendo camino. Me imaginé cuerpos entrelazados en esa danza ecológica, y un escalofrío me recorrió la espina.

Entraron Marco y Luis, mis compas del equipo. Marco, alto y moreno, con esa sonrisa pícara que dice wey, te voy a comer con los ojos. Luis, más delgado, ojos verdes que te desnudan despacio. Habíamos pasado semanas en campo recolectando muestras, durmiendo en hamacas bajo las estrellas, oliendo a tierra mojada y repelente. Órale, Ale, ¿ya viste el PDF nuevo de la triada ecológica del dengue? dijo Marco, acercándose tanto que sentí su calor contra mi brazo. El aroma de su colonia mezclada con sudor fresco me mareó.

Nos sentamos en la mesa de trabajo, pantallas brillando en la penumbra. El ventilador zumbaba como un mosquito gigante, moviendo el aire caliente.

¿Y si la triada no es solo ciencia? ¿Y si somos nosotros: el deseo como agente, nuestros cuerpos como huéspedes, este pinche calor como ambiente?
pensé, mientras mis ojos saltaban de la pantalla a sus labios. Luis se inclinó, su mano rozó la mía al pasar el mouse. Electricidad. Piel erizada. El PDF abierto mostraba diagramas: Aedes aegypti, virus DENV, humanos vulnerables. Pero yo veía curvas, picos febriles, infecciones inevitables.

La tensión creció como tormenta de verano. Hablamos de vectores, de brotes, pero las palabras se cargaban de doble sentido. Rico, dijo Luis refiriéndose a un gráfico, pero su mirada en mi escote gritaba otra cosa. Marco rió, Pinche dengue, nos tiene a todos feverish, ¿no? Su rodilla tocó la mía bajo la mesa. No me aparté. Al contrario, apreté un poquito. El ambiente se sentía vivo, húmedo, listo para estallar.

El sol se metió, dejando el lab en sombras azules. Cerramos el PDF, pero la idea quedó flotando. ¿Y si experimentamos nuestra propia triada? soltó Marco, voz ronca. Lo miré. Luis tragó saliva. Nadie dijo no. Me paré, el corazón latiéndome como tambor de son huasteco. Caminé hacia ellos, caderas balanceándose. Marco me jaló por la cintura, su boca en mi cuello, besando esa piel salada. Olía a hombre, a tierra fértil. Luis se pegó por detrás, manos en mis senos, apretando suave. Chingón, murmuré. Consentimiento en cada roce, en cada mirada que pedía permiso y lo recibía con un sí ardiente.

Sus lenguas exploraban: Marco chupando mi oreja, saboreando el lóbulo con dientes juguetones; Luis bajando por mi espalda, inhalando mi aroma mezclado con el del laboratorio —formol y jazmín de mi perfume. Me quitaron la blusa despacio, botones saltando como chispas. Mis tetas libres, pezones duros como piedras de río. Marco los lamió, succionando con hambre, mientras Luis metía mano en mi falda, dedos rozando la tanga húmeda. Estás chorreando, nena, susurró. Gusté su aliento mentolado, dulce como caña.

Nos movimos al catre del fondo, improvisado para siestas en campo. Colchas ásperas contra piel suave. Me recosté, ellos de rodillas a mis lados. La triada perfecta: yo en centro, sus vergas tiesas presionando pantalones. Las desabroché, libélulas escapando. La de Marco gruesa, venosa, oliendo a masculinidad pura; la de Luis más larga, curva prometedora. Las masturbe lento, sintiendo pulsos bajo la piel caliente. Ellos gemían bajito, ah, cabrón, no pares. Mi boca alternaba: saboreando precum salado, lengua girando glande, garganta abriéndose.

Escalada febril. Marco se hincó entre mis piernas, falda arriba, tanga a un lado. Su lengua en mi clítoris, lamiendo como si fuera néctar de mango maduro. Placer eléctrico, oleadas desde el bajo vientre. Luis besaba mi boca, lengua danzando, manos pellizcando pezones. Olía su sudor, ácido y excitante. Grité cuando Marco metió dos dedos, curvándolos en mi punto G, jugos chorreando.

Esto es la triada: infección mutua, huéspedes ansiosos, ambiente perfecto para multiplicarse
, pensé en medio del delirio.

Cambié posiciones, rodando como en río crecido. Monté a Luis, su verga deslizándose en mí, llenándome hasta el fondo. Paredes vaginales apretando, fricción deliciosa. Marco detrás, lubricando mi culo con saliva y mis propios fluidos. Entró despacio, centímetro a centímetro, estirándome con placer punzante. Sí, wey, así, jadeé. Doblemente penetrada, cuerpos sudados chocando, piel contra piel resbalosa. Sonidos: chapoteos húmedos, gemidos roncos, respiraciones agitadas. Olor a sexo crudo, almizcle mezclado con el mar lejano que entraba por la ventana.

Intensidad subiendo. Luis embistiendo desde abajo, manos en mis caderas guiándome; Marco clavándose profundo, bolas golpeando. Sentía sus pulsos dentro, venas latiendo contra mis paredes. Mis uñas en la espalda de Luis, arañando leve, dejando marcas rojas. Me vengo, anuncié, y exploté: contracciones milking their cocks, jugos empapando todo. Ellos resistieron, prolongando, hasta que Marco gruñó Me corro, llenándome el culo con chorros calientes. Luis siguió, eyaculando dentro, semen goteando al salir.

Colapsamos en un enredo pegajoso, pechos subiendo y bajando. El ventilador nos secaba el sudor lento. Besos suaves post-orgasmo, lenguas perezosas. Marco trazó círculos en mi vientre, Luis besó mi frente. La mejor triada ecológica del dengue que he estudiado, bromeó Marco, y reímos bajito. Abrí el PDF en mi mente: agente del deseo satisfecho, huéspedes en paz, ambiente calmo ahora.

Nos vestimos con calma, promesas de más noches así. Salí al balcón, brisa nocturna oliendo a sal y flores. El zumbido de zancudos recordatorio, pero ya no miedo: pasión como vacuna. Esa PDF no era solo ciencia; era mapa a nuestro éxtasis compartido. La fiebre había pasado, dejando glow ardiente en la piel y alma.

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