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Desnuda Bajo el Trier Social Stress Test

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Desnuda Bajo el Trier Social Stress Test

Tú sientes el pulso acelerado mientras Alex te explica las reglas del juego con esa sonrisa pícara que tanto te enciende. Están en su depa chido en la Condesa, con las luces bajas y una cámara de celular grabando para "el experimento". "Es el Trier social stress test, mi amor", te dice, su voz grave rozándote la piel como una caricia. "Vas a hablar en público frente a mí y dos 'expertos' imaginarios, y luego matemáticas mentales. Si fallas, hay penalizaciones... sensuales. ¿Listos pa'l estrés?"

Órale, piensas, neta esto suena cabrón pero excitante. Hace rato que buscan formas de apimentar las noches, y esta idea leída en un artículo psicológico le voló la cabeza. Asientes, el estómago revolviéndose de nervios buenos. Te pones un traje sastre negro ajustado, falda hasta la rodilla, tacones altos que hacen clic-clic en el piso de madera. El espejo te devuelve una imagen profesional, pero tus pezones ya se marcan bajo la blusa de seda. Hueles tu perfume vainillado mezclado con el leve aroma a café de la mañana.

¿Y si me pongo roja como tomate? ¿O si mi voz tiembla? Pero joder, la idea de estar expuesta así, con él mirándome como lobo...

Entras a la sala convertida en "laboratorio". Alex está sentado en el sofá, serio como juez, con dos sillas vacías a los lados simulando panel. Un foco improvisado te ciega un poco, el calor subiendo ya. "¡Comienza la Prueba de Estrés Social de Trier!", anuncia él, pulsando play en la grabadora. "Tema: convence a este panel de por qué mereces un ascenso en tu curro. Tienes cinco minutos."

Tu boca se seca. Empiezas: "Señores del panel, yo... eh... soy la mejor candidata porque..." Las palabras tropiezan. Sientes sus ojos clavados en ti, juzgadores, el silencio pesado roto solo por el tictac del reloj en la pared. Sudor perla tu frente, resbala salado entre tus senos. Intentas gesticular, pero las manos te tiemblan. El corazón te martillea el pecho, un bombo que resuena en tus oídos.

"Tiempo", corta Alex, implacable. "Calificación: pobre. Penalización uno." Se levanta, alto y musculoso en su camisa blanca arremangada, oliendo a colonia cítrica. Se acerca, sus dedos rozan tu cuello para desabotonar el primer botón de la blusa. El aire fresco besa tu piel expuesta, un escalofrío bajando directo a tu entrepierna. Ya sientes la humedad tibio entre las piernas, la tela de las calzones pegándose.

Segunda fase: aritmética. "Resta 978 de 1227, mentalmente, y ve diciendo los pasos." Tú balbuceas números, el cerebro en corto por el estrés. Fallas obvio. Alex niega con la cabeza, "Mal, chava. Penalización dos". Esta vez, su mano sube la falda hasta los muslos, exponiendo la liga de tus medias. Su aliento caliente en tu oreja: "Sigue intentándolo, neta estás preciosa así de nerviosa." Tocas su pecho firme, sientes su verga endureciéndose bajo los jeans. El olor a su excitación, almizclado y macho, te invade las fosas nasales.

Puta madre, esto del Trier social stress test me está volviendo loca. El estrés me quema por dentro, pero se transforma en fuego líquido abajo. Quiero que me rompa ya.

El estrés escala. Vuelves a hablar, ahora con blusa medio abierta, senos casi saltando. Tu voz se quiebra, imaginas al panel riéndose, pero Alex solo gime bajito, ajustándose la bragueta. Sudas a chorros, la blusa pegada como segunda piel, delineando cada curva. "¡Suma 456 más 789 menos 123!", ordena. Cuentas mal otra vez, riendo nerviosa. "Penalización tres", murmura, y te baja las calzones despacio, el roce de la tela contra tu piel rasposa y deliciosa. Quedas en tacones y medias, panocha expuesta, hinchada y brillante de jugos.

Ya no aguantas. El corazón te late desbocado, no solo de estrés sino de pura necesidad. "Alex, cabrón, ya párale con el Trier social stress test", jadeas, voz ronca. Él sonríe triunfante, ojos oscuros de deseo. "El test dice que liberaste el estrés... ahora el clímax." Te jala al sofá, su boca devorando la tuya, lengua invadiendo con sabor a menta y hambre. Sus manos grandes amasan tus nalgas, dedos hundiéndose en la carne suave.

Te sientas a horcajadas sobre él, sintiendo su verga gruesa presionando contra tu entrada mojada. El roce es eléctrico, piel contra piel ardiente. "Neta, estás chorreando por mí", gruñe, pellizcando tus pezones duros como piedras. Gimes alto, el sonido rebotando en las paredes, mezcla de alivio y placer punzante. Bajas despacio, su verga abriéndote centímetro a centímetro, llenándote hasta el fondo. El estiramiento quema rico, paredes internas palpitando alrededor de él.

Empiezas a moverte, cabalgándolo con furia contenida. Cada embestida manda ondas de placer desde el clítoris hasta la nuca. Sudor gotea de tu frente al pecho de él, salado en su lengua cuando lame tus senos. "¡Más duro, pendejo!", exiges, uñas clavándose en su espalda. Él empuja arriba, verga golpeando ese punto dulce adentro, el slap-slap de carne húmeda llenando el aire junto a tus gemidos guturales. Huele a sexo crudo, a jugos mezclados y piel sudada.

El orgasmo te acecha, tensión acumulada del estrés explotando en éxtasis. Tus muslos tiemblan, visión borrosa, solo sientes su grosor pulsando dentro, su aliento jadeante en tu cuello. "¡Ven conmigo, mi amor!", ruge, y explotas. Oleadas de placer te barren, panocha contrayéndose en espasmos, chorros calientes empapándolo. Él gruñe, llenándote con chorros calientes, su cuerpo convulsionando bajo el tuyo.

Colapsas sobre él, respiraciones entrecortadas sincronizándose. Su mano acaricia tu espalda húmeda, besos suaves en la sien. El cuarto huele a afterglow, a paz carnal. "El mejor Trier social stress test ever", susurras, riendo bajito. Él apaga la cámara, abrazándote fuerte. "Y ni empezó lo de mañana, con amigos de verdad mirando..." Te sonrojas, pero la idea ya te calienta de nuevo.

Duermes pegada a su pecho, el corazón ahora latiendo tranquilo, el estrés convertido en recuerdos ardientes. Neta, quién diría que un jueguito psicológico sería el foreplay perfecto.

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