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Descubre Que Es Un Trío

6885 palabras

Descubre Que Es Un Trío

La noche en mi depa de Polanco estaba chida de verdad. Las luces tenues bailaban sobre las paredes blancas, el reggaetón sonaba bajito desde los bocinas, y el olor a tequila reposado se mezclaba con el perfume dulce de Sofia, mi carnala desde la uni. Yo, Ana, de veintiocho pirulos, estaba recargada en el sofá de piel suave, con mi shortcito ajustado que me hacía sentir pinche sexy, y mi blusa escotada dejando ver justo lo necesario. Marco, mi vato de treinta, alto y moreno con esos ojos que me derriten, servía unos shots en la mesita de centro.

—Órale, wey, ¿qué pedo con esa cara de traviesa? —me dijo Marco, guiñándome el ojo mientras le pasaba un vaso a Sofia.

Sofia, con su melena negra suelta y ese vestido rojo que le marcaba las curvas como diosa, se rio con esa carcajada ronca que siempre me ponía la piel chinita. —Neta, Ana, tu carnal está cañón esta noche. ¿Ya le contaste lo que platicamos en el gym?

Mi corazón dio un brinco. Habíamos estado hablando de fantasías, de cosas que nunca habíamos probado. Y ahí salió el tema: qué es un trío. Sofia lo había vivido una vez en Acapulco, y me lo describió como un remolino de placeres que te deja temblando. Yo, que siempre fui la correcta, la de las relaciones monógamas, sentí un calor subirme por el estómago. ¿Sería capaz? Marco me miró, como leyendo mi mente.

¿Y si lo hacemos? Solo esta noche, entre los tres. Nadie se entera, solo nosotros y este pinche deseo que me quema por dentro.

—¿Qué es un trío, eh? —dijo Marco con voz juguetona, sentándose entre nosotras y pasando un brazo por mis hombros—. Es cuando tres cuerpos se enredan como no te imaginas, nena. Placer multiplicado, toques por todos lados.

Sofia se acercó, su aliento cálido rozando mi oreja. —Es explorarte sin límites, Ana. Dejar que las manos de él te recorran mientras yo te beso el cuello. ¿Te animas a descubrirlo?

El aire se espesó, cargado de esa electricidad que precede a la tormenta. Mi piel olía a vainilla de mi loción, y sentí el pulso acelerado en mi garganta. Asentí, mordiéndome el labio. Acto seguido, Marco me jaló hacia él y me plantó un beso profundo, su lengua saboreando el tequila en mi boca, áspera y demandante. Sofia no se quedó atrás; sus dedos suaves trazaron mi brazo, enviando chispas por mi espina.

La cosa escaló rápido, pero con esa tensión deliciosa que te hace rogar por más. Nos movimos al cuarto, el colchón king size nos recibió como trono. Marco prendió la luz indirecta, un glow anaranjado que hacía brillar el sudor incipiente en nuestras pieles. Me quité la blusa despacio, dejando que mis tetas rebotaran libres, los pezones ya duros como piedras por el fresco del aire acondicionado. Sofia gimió bajito, "Qué chingonas, Ana", y se hincó frente a mí, lamiendo uno con la lengua plana, caliente y húmeda.

Marco observaba, su verga ya dura marcándose en el pantalón. —Ponte de rodillas, mi amor —me ordenó con esa voz grave que me moja al instante. Obedecí, el suelo alfombrado suave bajo mis rodillas. Sofia se desvistió, revelando un culazo redondo y firme, y se unió. Juntas bajamos su zipper, liberando esa polla gruesa, venosa, que olía a hombre limpio y excitado. La probamos a dúo: yo chupando la cabeza, saboreando el precum salado, ella lamiendo las bolas con devoción. Marco gruñó, sus manos enredadas en nuestro pelo, jalando suave pero firme.

Esto es qué es un trío, pinche paraíso. Sentir su verga palpitar en mi boca mientras Sofia me acaricia la panocha por debajo del short, sus dedos resbalosos encontrando mi clítoris hinchado. Neta, voy a explotar.

La intensidad subió como fiebre. Marco nos tumbó en la cama, el olor a sábanas frescas mezclándose con el almizcle de nuestra excitación. Me quitó el short de un jalón, exponiendo mi concha depilada, ya chorreando. —Estás empapada, zorrita —me dijo, metiendo dos dedos adentro, curvándolos justo en ese punto que me hace arquear la espalda. Sofia se trepó sobre mi cara, su coño rosado y jugoso rozando mis labios. La probé: dulce, salada, con ese sabor único de hembra en celo. Lamí su clítoris mientras Marco me follaba con los dedos, el sonido chapoteante llenando la habitación.

—¡Ay, wey, qué rico! —chilló Sofia, moliéndose contra mi lengua, sus jugos corriéndome por la barbilla. Marco no aguantó más; se posicionó entre mis piernas, restregando su verga contra mi entrada. Entró de un embestida, llenándome hasta el fondo, su grosor estirándome deliciosamente. El slap-slap de piel contra piel se mezcló con nuestros gemidos, el colchón crujiendo bajo el ritmo.

Cambiamos posiciones como en un baile coreografiado. Sofia cabalgó a Marco, su culo rebotando hipnóticamente, mientras yo besaba su boca, tragándome sus jadeos. Luego, yo encima de Marco, sintiendo su polla golpear mi cervix con cada bajada, mis tetas saltando. Sofia se metió atrás, lamiéndome el ano mientras me follaba él, su lengua juguetona haciendo que mis paredes se contrajeran alrededor de la verga.

El calor de sus cuerpos contra el mío, el sudor perlando nuestras pieles, el olor a sexo puro invadiendo todo. Esto es qué es un trío: entrega total, placer sin fin, donde nadie manda pero todos ganan.

La tensión creció hasta lo insoportable. Marco me volteó a cuatro patas, embistiéndome duro, sus bolas chocando contra mi clítoris. Sofia debajo, chupándome las tetas, pellizcando pezones. —¡Córrete conmigo, nena! —gruñó Marco, acelerando. Sentí el orgasmo venir como ola gigante: contracciones violentas, mi concha ordeñando su verga, chorros de placer salpicando. Él se vino adentro, caliente y espeso, mientras Sofia se tocaba hasta explotar, su grito ahogado contra mi piel.

Caímos enredados, el cuarto oliendo a clímax compartido, respiraciones entrecortadas calmándose poco a poco. Marco me besó la frente, su mano aún en mi cadera. —¿Ves qué es un trío? Algo épico, mi reina.

Sofia se acurrucó al otro lado, su piel pegajosa contra la mía. —Neta, lo mejor que hemos hecho. ¿Repetimos?

Reí bajito, el cuerpo lánguido y satisfecho, un glow post-orgásmico recorriéndome. Miré el techo, procesando el torbellino de sensaciones: el ardor placentero entre mis piernas, el sabor de ella en mis labios, el peso reconfortante de Marco.

Fue más que sexo; fue conexión, confianza, un secreto nuestro que nos une para siempre. Ya no hay vuelta atrás, y qué chingón.

Nos quedamos así hasta que el sol empezó a filtrarse por las cortinas, prometiendo más noches locas. Polanco despertaba afuera, pero en nuestro mundo, el placer reinaba supremo.

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