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La Triada de Fa Mayor en Éxtasis

7129 palabras

La Triada de Fa Mayor en Éxtasis

En el corazón de la Ciudad de México, en un loft chido de la Roma con vistas a los jacarandas en flor, Fabiola afinaba su guitarra acústica. El sol de la tarde se colaba por las ventanas altas, pintando rayas doradas sobre el piso de madera pulida. El aire olía a café recién molido y a un toque de jazmín del incienso que ardía en la esquina. Fabiola, con su melena negra suelta cayendo como cascada sobre los hombros bronceados, sentía un cosquilleo en el estómago. Hoy era el día en que su nueva banda, La Triada de Fa Mayor, ensayaría por primera vez completa.

¿Qué carajos me pasa? Solo es un ensayo, wey. Pero neta, desde que vi las fotos de Ana y Carla en el grupo de WhatsApp, no dejo de imaginar sus manos sobre las cuerdas... o sobre mí.

Ana llegó primero, con su falda plisada que rozaba sus muslos morenos y una blusa escotada que dejaba ver el encaje negro de su sostén. Traía una sonrisa pícara, ojos verdes que brillaban como el tequila bajo la luna. "¡Órale, Fabi! ¿Lista para rockear esa triada de fa mayor?", dijo mientras dejaba su bajo en el soporte. Su voz era ronca, como si hubiera fumado un buen puro, y Fabiola sintió un calor subiendo por su pecho.

Carla entró minutos después, fresca como una chela helada en pleno julio. Pelo corto teñido de rojo fuego, jeans ajustados que marcaban cada curva de sus caderas anchas y una camiseta de los Caifanes que se pegaba a sus pechos firmes. "¡Ey, morras! ¿Ya están calientitas?", bromeó, guiñando un ojo. El aroma de su perfume, algo cítrico y dulce como tamarindo, invadió el espacio. Las tres se abrazaron, cuerpos rozándose un segundo de más, piel contra piel en ese saludo casual que ya cargaba electricidad.

Se sentaron en el círculo improvisado: Fabiola con guitarra, Ana al bajo, Carla en el teclado. "Vamos con lo básico", propuso Fabiola, pulsando las notas de la triada de fa mayor: fa, la, do. El sonido flotó puro, armónico, como un susurro que erizaba la piel. Ana siguió con graves profundos que vibraban en el pecho de Fabiola, haciendo que sus pezones se endurecieran bajo la delgada tela de su top. Carla añadió capas etéreas, sus dedos danzando sobre las teclas blancas, y el aire se espesó con la tensión.

El ensayo fluyó, pero cada acorde parecía un roce. Cuando Fabiola se inclinó para ajustar el ampli, su mano rozó el muslo de Ana. "Perdón, carnala", murmuró, pero Ana solo sonrió, atrapando su mano un instante. "No te apures, está chido. Sigue tocándome así". Carla rio bajito, un sonido gutural que hizo que Fabiola se mojara entre las piernas.

Neta, esto no es solo música. Siento sus miradas devorándome, y yo a ellas. ¿Será que todas lo sentimos?

La segunda parte del ensayo escaló. Probaron progresiones, improvisando sobre la triada de fa mayor. El sudor perlaba sus frentes; el loft se llenó del olor salado de sus cuerpos calentándose. Ana se paró para estirarse, arqueando la espalda, y sus tetas se marcaron perfectas. "Hace calor aquí, ¿no?", dijo, quitándose la blusa con un movimiento fluido. Debajo, solo el sostén negro, pezones duros asomando. Fabiola tragó saliva, su pulso acelerado como un redoble de tambores en la Plaza de la Constitución.

"Sí, wey, quítate todo", soltó Carla, juguetona, y se sacó la camiseta, revelando pechos redondos y libres, tatuajes de flores de cempasúchil trepando por sus costados. Fabiola no se hizo de rogar; su top voló, quedando en brassiere de encaje rojo. La música no paró: ahora tocaban piel con piel, sentadas más cerca. Las manos de Ana subieron por la espalda de Fabiola, desabrochando el cierre. "Déjame sentirte", susurró al oído, aliento caliente oliendo a menta y deseo.

La triada se deshizo en notas y caricias. Fabiola sintió los labios de Carla en su cuello, suaves como pétalos húmedos, mordisqueando justo donde latía su vena. Sabía a sal y a algo dulce, como cajeta caliente. Ana besó su boca, lenguas enredándose en un baile lento, húmedo, mientras sus dedos bajaban por el vientre de Fabiola, colándose en el elástico de sus shorts. "Estás empapada, mi amor", ronroneó Ana, y Fabiola gimió contra su boca, el sonido ahogado por el acorde sostenido en el teclado de Carla.

¡Madre santa! Sus toques queman, me derriten. Quiero más, neta quiero comérmelas enteras.

Se tumbaron en la alfombra gruesa, cuerpos entrelazados como las notas de la triada de fa mayor. Carla se arrodilló sobre Fabiola, tetas rozando su cara. "Chúpame, Fabi", ordenó suave, y Fabiola obedeció, lengua girando alrededor del pezón rosado, saboreando el sudor salado y el leve dulzor de su piel. Ana, desde atrás, lamió el cuello de Fabiola bajando a su espalda, manos abriendo sus piernas. "Qué rico te ves así, abierta para nosotras". Sus dedos encontraron el clítoris hinchado, frotando en círculos lentos que hicieron arquearse a Fabiola, jadeos escapando como melodías entrecortadas.

Carla se movió abajo, shorts volando. Su boca cubrió el sexo de Fabiola, lengua experta hundiendo en pliegues mojados. ¡Ay, wey! Su calor, su succión... es como si me bebiera el alma. Ana se sentó en la cara de Fabiola, coño depilado rozando labios ansiosos. Fabiola lamió con hambre, saboreando el néctar ácido y dulce, mientras sus caderas se mecían. Los gemidos llenaban el loft: "¡Sí, así! ¡Más duro, pendejitas!" de Carla, risas entre jadeos.

La intensidad subió como un solo de guitarra en Vive Latino. Ana se corrió primero, temblando sobre la boca de Fabiola, jugos chorreando por su barbilla. "¡Chingón!", gritó, voz quebrada. Carla metió dos dedos en Fabiola, curvándolos contra su punto G, mientras lamía su clítoris. Fabiola explotó, visión nublada, cuerpo convulsionando, olor a sexo y jazmín impregnando todo. Pero no pararon; rotaron posiciones. Fabiola comió a Carla, dedos de Ana en su culo apretado, todas sudadas, pieles resbalosas chocando con palmadas húmedas.

Carla se vino gritando "¡La triada de fa mayor nos une, cabronas!", un clímax que las hizo reír entre espasmos. Se besaron las tres, lenguas compartiendo sabores mezclados: sal, dulce, almizcle de arousal. Cayeron exhaustas, enredadas, pulsos latiendo al unísono como el acorde perfecto.

El sol se ponía, tiñendo el loft de rosas y naranjas. Fabiola acarició el pelo de Ana, inhalando su aroma post-sexo. "Esto fue más que un ensayo", murmuró.

Neta, la triada de fa mayor no es solo música. Es nosotras, armónicas, perfectas. ¿Qué sigue? ¿Giras? ¿Más noches así?

Ana sonrió, besando su hombro. "Lo que sea, mientras sigamos vibrando juntas". Carla, perezosa, trazó círculos en el vientre de Fabiola. "Mañana repetimos, pero con más intensidad". El aire aún vibraba con ecos de gemidos y acordes, promesas de sinfonías futuras. Fabiola cerró los ojos, satisfecha, el cuerpo pesado de placer, sabiendo que habían encontrado su armonía erótica.

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