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Fotos de Tríos que Prenden el Fuego

6754 palabras

Fotos de Tríos que Prenden el Fuego

Todo empezó una noche cualquiera en mi depa de la Condesa, con el ruido de los coches allá abajo y el olor a tacos de canasta flotando desde la calle. Yo, Ana, estaba sola en la sala, con una chela fría en la mano, mientras Luis, mi carnalito desde hace dos años, se duchaba tarareando alguna rola de José José. Neta, qué wey tan romántico, pensé, sonriendo para mí. Su teléfono vibró en la mesa, y como buena curiosa mexicana, lo agarras para ver quién chingados mandaba mensaje a esas horas.

Pero no era un mensaje cualquiera. Al desbloquearlo —porque confiamos el uno en el otro, ¿no?— abrí la galería por error. Y ahí estaban: fotos de tríos. Imágenes borrosas pero calientes, de cuerpos entrelazados, piel morena sudada, manos por todos lados. Tres personas en posiciones que me hicieron apretar las piernas sin querer. Una chava con tetas firmes montada en un vato, otro wey lamiéndole el cuello. El flash había capturado gotas de sudor brillando como diamantes.

¿Qué carajos? ¿Luis guarda esto?
Mi pulso se aceleró, un calor subiendo desde el estómago hasta mis cachetes.

No era celos lo que sentía. Al contrario, una chispita de excitación me recorrió la espina. Me imaginé en esas fotos, mi cuerpo en medio, tocada por dos pares de manos. El agua de la regadera se apagó, y yo cerré la galería rápido, pero ya era tarde. Luis salió envuelto en una toalla, el pecho húmedo oliendo a jabón de lavanda y hombre.

Órale, mi amor, ¿qué traes en la cara? Pareces tomate —dijo riendo, secándose el pelo.

Le mostré el teléfono. —Fotos de tríos, wey. Explícame esto.

Se puso rojo, pero no huyó. Se sentó a mi lado, la toalla abriéndose un poco, dejando ver su verga semi-dura. —Son de un carnal de la uni, nomás las guardé por curiosidad. Neta, nunca las he visto con nadie más que en mi cabeza... contigo.

El aire se cargó de tensión. Su mano en mi muslo, tibia, subiendo despacio. Yo no lo detuve. Al revés, me acerqué, besándolo con hambre. Nuestras lenguas bailaron, saboreando la menta de su pasta dental mezclada con mi labial de cereza. ¿Y si lo hacemos real? pensé, mientras sus dedos rozaban mi panty húmedo.

La noche se volvió madrugada hablando. Le conté mis fantasías sucias, esas que guardaba como secreto de confesión. Recordé una vez en Acapulco, viendo a una pareja en la playa con una amiga, tocándose sin pudor bajo las palmeras. Luis confesó que siempre soñó con verme gozar con otra chava, compartiendo, sin egoísmos pendejos. Llamamos a Carla, mi compa de la prepa, la que siempre anda en tacos con escote profundo y risa coqueta. Es bi, wey, y neta está buena, le dije. Ella contestó al tercer tono, voz ronca de sueño: —¿Qué pedo, Ana? ¿Fiesta? Le solté la bomba, y su fue como un disparo de adrenalina.

Acto dos: el día siguiente fue puro nervio. Fui al super por condones extra grandes —por si las moscas—, velas de vainilla y un aceite de masaje que olía a coco caribeño. Mi chocha palpitaba todo el tiempo, imaginando. Luis limpió el depa, puso música de Natalia Lafourcade bajita, sensual. Carla llegó puntual, con un vestido negro pegado que marcaba su culo redondo y tetas que pedían ser chupadas. Traía una botella de tequila reposado, el bueno de Jalisco.

Nos sentamos en el sofá, shots en mano. El tequila quemaba la garganta, soltando lenguas. —Vi unas fotos de tríos en el cel de Luis, y pensé: ¿por qué no nosotras? —dije, mirándolos. Carla se rio, ojos brillando. —Chingón, siempre quise probar con ustedes. Ana, desde la prepa te comía con la mirada.

El primer toque fue inocente: mi mano en el muslo de Carla, suave como seda. Ella suspiró, girando para besarme. Sus labios carnosos, su lengua explorando mi boca con sabor a tequila y deseo. Luis nos veía, verga endureciéndose bajo los jeans. Esto es chido, neta, pensé, mientras sus manos subían mi blusa, pellizcando mis pezones duros. El sonido de besos húmedos llenaba la sala, mezclado con nuestras respiraciones agitadas.

Gradual, como buena escalada. Nos quitamos la ropa despacio, piel contra piel. El olor de su perfume mezclado con el mío, sudor naciente. Luis se unió, besando mi cuello mientras Carla lamía mis tetas, succionando fuerte, haciendo que gemiera alto. ¡Ay, cabrón, qué rico! Mi mano bajó a su panocha, depilada, mojada como charco. Dedos adentro, sintiendo sus paredes apretándome, su clítoris hinchado bajo mi pulgar.

Luis nos separó juguetón. —A la recámara, pinches ninfas. La cama king size crujió bajo nuestros cuerpos. Yo en medio, como reina. Él chupándome la chocha, lengua plana lamiendo lento, saboreando mis jugos salados. Carla en mi boca, su coño rico, olor almizclado de mujer en celo. Gemí contra ella, vibraciones que la hicieron arquearse.

Esto es mejor que cualquier foto, carajo
. Cambios de posición: yo montando a Luis, su verga gruesa llenándome, estirándome delicioso, mientras Carla se sentaba en su cara, él lamiéndola con hambre.

La intensidad subía. Sudor goteando, pieles chocando con palmadas húmedas. ¡Más fuerte, wey! grité, cabalgando, tetas rebotando. Carla me besaba, dedos en mi culo, untando aceite tibio. Un dedo entró, luego dos, abriéndome mientras Luis me taladraba abajo. El doble placer me volvía loca, nervios disparando chispas. Oí mis propios gritos: ¡Me vengo, cabrones! El orgasmo me sacudió como terremoto, chocha contrayéndose alrededor de su verga, jugos chorreando.

No paramos. Carla se puso a cuatro, yo lamiéndole el culo mientras Luis la cogía duro, bolas golpeando. Su gemido era música, ronca y sucia. Luego, el clímax grupal: yo de rodillas, chupando a Luis mientras Carla me metía un dedo y lamía mis labios. Él explotó en mi boca, semen caliente y salado que tragué con gusto, compartiendo con Carla en un beso pegajoso.

El afterglow fue puro paraíso. Tumbados enredados, pieles pegajosas, respiraciones calmándose. El olor a sexo impregnaba las sábanas, velas parpadeando sombras suaves. Luis me acariciaba el pelo: —Te amo, mi vida. Esto fue épico. Carla, acurrucada: —Repetimos cuando quieran, ¿eh? Neta, las mejores fotos de tríos son las que no tomamos.

Reí bajito, exhausta pero plena. Fotos de tríos en el cel de Luis ahora eran solo el preludio. Habíamos creado nuestra propia historia, con toques, gemidos y amor sin límites. Afuera, la ciudad seguía su ritmo, pero adentro, el fuego ardía eterno. Mañana quizás saquemos unas fotos... para recordar.

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