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La Ninfómana Inspirada en Lars von Trier 2013

6004 palabras

La Ninfómana Inspirada en Lars von Trier 2013

Estaba sentada en mi depa en la Condesa, con el calor de la noche mexicana pegándome en la piel como una caricia indecente. La pantalla del tele brillaba con Ninfómana de Lars von Trier del 2013, esa película que me había volado la cabeza desde la primera vez que la vi. Joe, la protagonista, contando sus aventuras sexuales sin filtro, me hacía sentir un cosquilleo entre las piernas que no paraba. Yo, Ana, una morra de treinta pirulos con un trabajo chido en una agencia de diseño, pero con un hambre que no se saciaba ni con tres chavos en una semana. Neta, era como si esa ninfómana Lars von Trier 2013 me hubiera despertado algo salvaje adentro.

El olor a café recién molido se mezclaba con mi perfume de jazmín, y el zumbido del ventilador removía el aire húmedo. Me recargué en el sofá, mis pechos subiendo y bajando con cada respiro agitado. En la pantalla, Joe se entregaba a placeres que yo solo soñaba.

¿Por qué no puedo ser así de libre?
pensé, mientras mi mano bajaba despacio por mi vientre, rozando el encaje de mis calzones. Pero no, necesitaba carne de verdad, un hombre que me chingara hasta el alma.

Ahí fue cuando sonó el claxon de Diego, mi carnal reciente, un tipo alto, moreno, con ojos que prometían folladas épicas. Lo había conocido en un antro de Polanco, bailando reggaetón con esa sonrisa pícara. "Órale, Ana, ¿lista pa' la noche?", gritó desde la ventana del coche. Bajé las escaleras de dos en dos, mi falda corta ondeando, dejando que el viento me lamiera las piernas. Al subirme, su colonia varonil me invadió, un olor a madera y sudor que me puso la concha en llamas.

Acto uno completo: manejamos por las calles iluminadas de la Roma, platicando de todo y nada. Le conté de la película. "Diego, vi Ninfómana de Lars von Trier 2013 otra vez. Esa chava es puro fuego, no para nunca". Él rio, su mano en mi muslo apretando suave. "Suena a ti, nena. Tú eres igualita, una ninfómana moderna". Sentí su calor subiendo por mi piel, el roce de sus dedos como electricidad. Mi corazón latía fuerte, el pulso en mi cuello visible bajo la luz de los faros. Quería besarlo ya, saborear su boca con gusto a tequila.

Llegamos a su loft en la Juárez, un lugar con ventanales enormes que daban a la ciudad palpitante. El ascensor nos dejó solos, y no aguanté más. Me pegué a él, mis tetas aplastadas contra su pecho firme. "Muévete, pendejo", murmuré juguetona, mordiendo su labio inferior. Su lengua invadió mi boca, húmeda y urgente, saboreando a menta y deseo. Sus manos bajaron a mi culo, amasándolo con fuerza, el sonido de la tela rasgándose un poco en el aire cargado.

Adentro, la luz tenue de las lámparas nos bañaba en oro. Me quitó la blusa despacio, besando cada centímetro de mi piel expuesta. El aire fresco erizó mis pezones, duros como piedritas.

Esto es lo que necesitaba, no un dedo solitario
, pensé mientras él lamía mi cuello, su aliento caliente enviando escalofríos. Lo empujé al sillón, me arrodillé entre sus piernas. Su verga ya estaba tiesa bajo los jeans, un bulto que me hacía salivar. La saqué, gruesa y venosa, con un olor almizclado que me mareaba de lujuria. "Qué chingona está", dije, lamiendo la punta despacio, saboreando el precum salado.

Él gemía bajito, "Ana, cabrona, me vas a matar". Chupé más profundo, mi boca llena, la lengua girando alrededor del glande. Sentía su pulso en mi garganta, el calor subiendo. Pero no quería que terminara tan pronto. Me levanté, me quité la falda, quedando en tanga roja. Diego me jaló a su regazo, sus dedos hurgando mi humedad. "Estás chorreando, morra", gruñó, metiendo dos dedos adentro, curvándolos justo en mi punto G. Grité, el placer como un rayo, mis jugos chorreando por su mano.

La tensión crecía, mis caderas moviéndose solas, follando su mano. Olía a sexo puro, a sudor mezclado con mi esencia dulce. Como en la película, pensé, recordando escenas de ninfómana Lars von Trier 2013 donde Joe no se conformaba con poco. "Fóllame ya, Diego, no aguanto". Él me volteó, de espaldas en el sillón, mi culo en pompa. Sentí su verga rozando mi entrada, caliente y resbalosa. Entró despacio al principio, estirándome delicioso, centímetro a centímetro. "¡Ay, wey!", jadeé, el dolor placentero convirtiéndose en éxtasis.

Empezó a bombear, fuerte, el slap-slap de piel contra piel resonando en la habitación. Mis tetas rebotaban, sus manos pellizcando mis pezones. Sudábamos juntos, el olor salado pegándose a todo. Internamente, luchaba:

¿Soy una ninfómana de verdad? ¿O solo quiero más de esto, de él?
Pero el placer borraba dudas. Cambiamos posiciones, yo encima, cabalgándolo como una loca. Sus ojos clavados en mí, "Eres una diosa, Ana". Giraba las caderas, sintiendo su verga golpear profundo, mi clítoris frotándose contra su pubis. El orgasmo se acercaba, un nudo apretándose en mi vientre.

Me vine primero, gritando su nombre, mi concha contrayéndose alrededor de él, chorros calientes mojándonos. Él no paró, follándome a través de las olas, hasta que rugió y se llenó dentro, su leche caliente inundándome. Colapsamos, jadeantes, su corazón tronando contra mi oreja. El silencio roto solo por nuestros respiraderos y el tráfico lejano.

En el afterglow, nos quedamos abrazados en la cama king size, sábanas revueltas oliendo a nosotros. Diego me acariciaba el pelo, "Neta, Ana, esa película te prendió cañón. ¿Quieres verla juntos mañana?". Sonreí, besando su pecho salado.

Esto no es solo sexo, es conexión, libertad como la de Joe
. Sentí paz, mi cuerpo saciado por fin, pero sabiendo que el fuego volvería. La noche mexicana nos envolvía, prometiendo más aventuras. Yo, inspirada en esa ninfómana Lars von Trier 2013, había encontrado mi propio ritmo de placer.

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