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Imagina que estás en tu depa en la Condesa, con el sol de la tarde colándose por las cortinas entreabiertas, pintando rayas doradas en la cama king size. Tú, con tu piel morena brillando de sudor ligero por el calor mexa, te recuestas contra el pecho de Alex, tu carnal de años, ese wey alto y fibroso que siempre huele a colonia barata mezclada con feromonas puras. Sus manos grandes recorren tu muslo, subiendo despacio, mientras en la tele plana del fondo suena el gemido ahogado de un video pornográfico trios que pusieron de chiste hace rato.

—Órale, nena, ¿viste cómo la chava esa se come a los dos? —te susurra Alex al oído, su aliento cálido rozando tu oreja, enviando chispazos directos a tu entrepierna.

Tú ríes bajito, sintiendo cómo tu cuerpo responde sin permiso. La pantalla muestra cuerpos entrelazados: una morra de tetas firmes entre dos vatos musculosos, lenguas lamiendo piel salada, manos explorando cada curva. El sonido de carne contra carne, jadeos roncos y húmedos, llena la habitación como un perfume prohibido. Huele a sexo en el aire, a ese aroma almizclado que ya impregna las sábanas.

¿Por qué carajos me prende tanto esto? Neta, nunca pensé que los videos pornográficos trios me harían mojarme así de rápido
, piensas, mientras tu mano baja instintivamente a la verga de Alex, que ya está dura como piedra bajo el bóxer.

Pero no es solo el video. Es la idea. La fantasía que han platicado en la cama, medio en serio medio en broma, después de unas chelas en el bar de la esquina. Alex te besa el cuello, mordisqueando suave, y tú arqueas la espalda, gimiendo bajito. Esto apenas empieza.

El Acto Uno se arma solo: esa tarde perezosa se transforma cuando suena el timbre. Es Lu, tu compa de la uni, la güera culona que siempre anda en shorts ajustados y tops que dejan poco a la imaginación. La invitaron a ver una peli, pero con el video pornográfico trios aún rodando en loop, la vibra cambia en segundos. Lu entra con su risa escandalosa, oliendo a crema de coco y tequila del antro de anoche.

—¡Qué onda, cabrones! ¿Ya andan en sus perversiones? — dice, tirándose en la cama sin pena, sus tetas rebotando bajo la blusa escotada.

Alex te mira con esa ceja arqueada, pidiendo permiso con los ojos. Tú sientes el pulso acelerado en la garganta, el calor subiendo por tu pecho.

Neta, ¿lo hago? ¿La invito a jugar? Lu siempre ha sido coqueta, y yo... yo quiero esto. Quiero sentirla, probarla
. Asientes, y el aire se carga de electricidad estática.

Lu capta la onda al vuelo. Se acerca gateando por la cama, sus rodillas hundiéndose en el colchón mullido, y te besa primero a ti. Sus labios suaves, con sabor a gloss de fresa, se pegan a los tuyos. Lengua tibia explorando, chupando tu labio inferior. Alex observa, su respiración pesada, mientras tú deslizas las manos por la espalda de Lu, bajando hasta su culo redondo y firme. Tocarla es como seda caliente, piel suave que se eriza bajo tus uñas.

—Puta madre, qué rico se siente —murmura Lu contra tu boca, y tú respondes apretándola más, sintiendo sus pezones duros contra tu pecho.

Alex no se queda atrás. Se quita la playera, revelando su torso tatuado, y se une, besando tu hombro mientras su mano se cuela entre tus piernas. Tus bragas ya están empapadas, el roce de sus dedos gruesos sobre tu clítoris te hace jadear. El cuarto huele a excitación: sudor fresco, jugos dulces, el leve almizcle de la verga de Alex liberada ya de su cárcel de tela.

En el Medio Acto, la tensión sube como la marea en Acapulco. Se quitan la ropa despacio, saboreando cada centímetro revelado. Tú estás desnuda primero, tumbada con las piernas abiertas, invitándolos. Lu se arrodilla entre tus muslos, su aliento caliente rozando tu panocha hinchada. Su lengua: plana y húmeda, lame desde tu entrada hasta el clítoris, chupando con succiones que te hacen arquearte como resorte. Sabes a sal y miel, y ella gime de placer, vibrando contra ti.

—¡Qué chingona estás de mojada, carnala! —te dice Lu, metiendo dos dedos curvos que tocan ese punto que te hace ver estrellas.

Alex se posiciona detrás de ella, escupiendo en su mano para lubricar su verga gruesa, venosa, que entra en Lu de un empujón lento. Ella grita de gusto, empujando hacia atrás, y el movimiento la hace follarte más profundo con la boca. Tú ves todo: el sudor brillando en la espalda de Lu, las bolas de Alex golpeando su culo con palmadas húmedas, el video pornográfico trios en la tele reflejando su propia escena como espejo perverso.

Esto es mejor que cualquier video. Siento sus dedos dentro de mí, curvándose, y la lengua de Lu danzando. Mi corazón late como tambor en desfile, el sudor me pica en la piel, y huelo su coño mezclado con el mío. ¡Quiero correrme ya!

Cambian posiciones como en un ballet sucio. Ahora tú encima de Alex, su verga partiéndote en dos, llenándote hasta el fondo con cada rebote. Tus tetas saltan, y Lu se sienta en la cara de él, moliéndose contra su boca mientras te besa a ti. Lenguas enredadas, saliva chorreando por barbillas. Tocas las tetas de Lu, pellizcando pezones rosados, y ella gime en tu boca: —Más, pendeja, hazme daño rico.

La intensidad crece. Alex te agarra las caderas, clavándote más hondo, sus gruñidos roncos como motor viejo. Sientes sus pulsos dentro, el calor de su piel pegajosa contra la tuya. Lu se gira, lamiendo donde se unen tú y Alex, su lengua rozando tu clítoris y las bolas de él. El placer es un nudo apretándose en tu vientre, eléctrico, imposible de ignorar.

—¡Ya casi, weyes! ¡No paren! —gritas, las uñas arañando la espalda de Alex.

El clímax del Final Acto explota como pirotecnia en el Zócalo. Tú te corres primero, un tsunami que te sacude, contrayendo tu coño alrededor de la verga de Alex, jugos chorreando por sus muslos. Gritas sin control, mordiendo el hombro de Lu, quien se viene segundos después frotándose contra la boca de él, su cuerpo temblando como hoja en tormenta.

Alex resiste heroico, pero cuando Lu y tú lo atacan a dos lenguas —tú chupando la punta hinchada, ella lamiendo el tronco–, se rinde. Su leche caliente sale a chorros, salada y espesa, pintando vuestros labios y tetas. Él ruge, arqueándose, y cae rendido entre jadeos.

El afterglow es puro paraíso. Se tumban enredados, pieles pegajosas enfriándose al aire acondicionado que zumba suave. Huelen a sexo consumado: semen, sudor, coños satisfechos. Tú acaricias el pelo revuelto de Lu, Alex te besa la frente. Ríen bajito, compartiendo miradas cómplices.

—Mejor que cualquier video pornográfico trios, ¿verdad? —dice Alex, y todos asienten, exhaustos y felices.

Neta, esto cambia todo. No es solo follar, es conectar, empoderarnos. Mañana repetimos, o le mostramos al mundo cómo se hace en México
. Duermes entre ellos, con el corazón lleno y el cuerpo zumbando de recuerdos táctiles, sabores en la lengua, promesas de más noches así.

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