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Trío Teen Desenfrenado

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Trío Teen Desenfrenado

La música retumbaba en la casa de la Condesa, con ese ritmo de cumbia rebajada que te hacía mover las caderas sin querer. El aire estaba cargado de olor a tequila reposado y sudor fresco, mezclado con el perfume dulce de las chicas que bailaban pegaditas. Tú, con tus veintidós recién cumplidos, sentías el calor subiendo por tu piel morena mientras te mecías al son del bajo. Órale, qué nochecita, pensabas, con el corazón latiendo fuerte bajo tu blusa escotada.

Ana, tu carnala desde la prepa, se acercó con una sonrisa pícara, su cabello negro suelto cayéndole por la espalda. Llevaba un vestido rojo que se pegaba a sus curvas como segunda piel, y sus ojos brillaban con esa chispa de aventura que siempre la caracterizaba. "¡Ey, pendeja! ¿Ya viste al güey ese de allá? El de la playera negra, parece que nos está comiendo con la mirada", te susurró al oído, su aliento cálido rozándote la oreja, enviando un escalofrío por tu espina.

Tú giraste la cabeza y ahí estaba Luis, alto, con músculos definidos de tanto gym y una sonrisa que prometía problemas del bueno. Veintitrés años, estudiante de arquitectura, con esa vibe de chavo fresa pero callejero. Sus ojos oscuros se clavaron en ustedes dos, y sentiste un cosquilleo en el estómago, como mariposas locas revoloteando. "Neta, Ana, ese carnal nos va a armar el desmadre", respondiste riendo, pero tu voz salió ronca, traicionando el deseo que ya empezaba a humedecer tus panties.

La fiesta estaba en su apogeo: luces neón parpadeando, cuerpos rozándose en la pista, el sabor salado del sudor en tus labios cuando te pasabas la lengua. Luis se acercó con dos shots de tequila en la mano, ofreciéndotelos con un guiño. "Salud por las morras más chidas de la noche", dijo con voz grave, su acento chilango puro haciendo que te derritieras un poco. Bebieron, el líquido ardiente bajando por tu garganta, calentándote el pecho y más abajo.

Conversaron, coqueteando sin parar. Ana le tocó el brazo, fingiendo casualidad, y tú sentiste el roce de su mano en tu cintura cuando se acercó para susurrarte algo.

Estas dos me traen loco, neta que son el trío teen más cabrón que he visto
, soltó Luis de repente, riendo, y ustedes dos estallaron en carcajadas. "¡Trío teen! Jajaja, órale, güey, ya nos bautizaste", exclamó Ana, pegándose más a él. El término se quedó flotando, juguetón, cargado de promesas picantes.

El deseo crecía como una ola. Bailaron los tres juntos, tus pechos rozando el pecho firme de Luis, las nalgas de Ana presionando contra tu cadera. Sentías su calor, el olor almizclado de su excitación mezclándose con el tuyo. Tus pezones se endurecieron bajo la tela fina, y cada roce era eléctrico, como chispas en tu piel sensible.

No aguanto más, quiero sentirlos, pensabas mientras Luis te tomaba de la mano y Ana te guiñaba el ojo. Subieron las escaleras hacia una recámara libre, el ruido de la fiesta amortiguado por la puerta. El cuarto olía a sábanas limpias y a vela de vainilla encendida por alguien antes. La luz tenue del buró los bañaba en dorado, resaltando las gotas de sudor en el cuello de Luis.

Ana te besó primero, sus labios suaves y jugosos saboreando a tequila y menta. Su lengua danzó con la tuya, húmeda y ansiosa, mientras Luis observaba, su respiración pesada. "Qué chingón verlas así", murmuró, quitándose la playera para revelar su torso esculpido, vello oscuro bajando hacia su abdomen. Tú gemiste en la boca de Ana, tus manos explorando sus chichis firmes, pellizcando los pezones rosados que se erguían duros.

Luis se unió, besando tu cuello, su barba incipiente raspando deliciosamente tu piel. Olía a colonia masculina y deseo puro, ese aroma terroso que te hacía apretar los muslos. Sus manos grandes bajaron por tu espalda, amasando tus nalgas con fuerza posesiva pero tierna. "Estás mojada, morra, lo siento en tus calzones", te dijo al oído, y tú asentiste, jadeando, verga, qué caliente estaba todo.

Ana se arrodilló, desabrochando tu blusa con dientes juguetones. El aire fresco besó tus tetas desnudas, y ella las lamió, succionando un pezón mientras Luis chupaba el otro. El placer era doble, lenguas calientes girando, dientes mordisqueando suave. Sentías sus pulsos acelerados contra tu piel, el latido de sus corazones sincronizándose con el tuyo. Esto es el paraíso, el trío teen en su máxima expresión, pensaste, riendo bajito entre gemidos.

Te quitaron la falda, y ahí estabas, en tanga negra empapada. Luis te cargó a la cama, su verga dura presionando contra tu muslo a través del pantalón. Ana se desvistió, su panocha depilada brillando de humedad, labios hinchados invitándote. "Ven, lame mi clítoris, carnala", te pidió con voz ronca, y tú obedeciste, hundiendo la cara entre sus piernas. Su sabor era salado-dulce, como mango maduro con limón, y ella se arqueó gimiendo, "¡Ay, sí, así, no pares!"

Luis se desnudó, su verga gruesa y venosa saltando libre, goteando precum. La tomó Ana primero, mamándola con avidez, labios estirados alrededor del glande, lengua lamiendo la base. Tú mirabas hipnotizada, el sonido chupón y húmedo llenando la habitación, mezclado con los jadeos de él. "Qué rica mamada, teens calientes", gruñó Luis, y tú sentiste celos juguetones, queriendo tu turno.

Te turnaste, chupando su pito juntas, lenguas chocando sobre la piel caliente y pulsante. Él te follaba la boca suave, manos enredadas en tu pelo, mientras Ana te metía dos dedos en la panocha, curvándolos contra tu punto G. El orgasmo te pilló desprevenida, explotando en oleadas, jugos chorreando por tus muslos, el cuerpo temblando como hoja.

Pero querían más. Luis te puso en cuatro, embistiéndote desde atrás con una estocada lenta, profunda. Su verga te llenaba por completo, rozando cada nervio, el slap-slap de carne contra carne resonando. Ana se acostó debajo, lamiendo tu clítoris expuesto y las bolas de él. El placer era abrumador: su lengua rápida en tu botón, la polla gruesa estirándote, olores de sexo crudo impregnando el aire.

"¡Más fuerte, carnal!", gritaste, y él aceleró, caderas chocando con tus nalgas, sudor goteando de su pecho a tu espalda. Ana gemía vibrando contra ti, sus dedos en su propia panocha. Cambiaron posiciones: tú encima de Luis, cabalgándolo, tetas rebotando, mientras Ana se sentaba en su cara, él lamiéndola con furia. Sentías su lengua en ella a través de las paredes delgadas, gemidos ahogados.

El clímax se acercaba como tormenta. Luis te agarró las caderas, follándote salvaje, "Me vengo, morras, ¡ah!". Su leche caliente te inundó, chorros espesos llenándote, mientras tú te corrías de nuevo, paredes contrayéndose ordeñándolo. Ana se vino en su boca, jugos empapándole la cara, gritando "¡Chingado, qué rico!"

Colapsaron en un enredo de miembros sudorosos, respiraciones entrecortadas calmándose poco a poco. El cuarto olía a orgasmo compartido, pieles pegajosas rozándose en la quietud. Luis te besó la frente, Ana acurrucada en tu pecho. "El mejor trío teen de mi vida", murmuró él, y tú sonreíste, exhausta y plena.

Abajo, la fiesta seguía, pero ustedes tres se quedaron ahí, acariciándose perezosos, risas suaves rompiendo el silencio. Neta, esto cambia todo, pensaste, saboreando el afterglow, el cuerpo pesado de placer, promesas de más noches así flotando en el aire tibio.

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