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XXX Trio con Trans Ardiente

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XXX Trio con Trans Ardiente

Estás en un bar de Zona Rosa, Ciudad de México, donde el aire huele a tequila reposado y perfume caro mezclado con el sudor ligero de la noche calurosa. Las luces neón parpadean en tonos rosas y azules, reflejándose en los vasos sudados, y la música reggaetón retumba suave, haciendo vibrar el piso bajo tus pies. Llevas un rato solo, sorbiendo un michelada helada que quita el calor pegajoso de la piel, cuando las ves entrar: Ana y Alex. Ana es una morena de curvas generosas, con un vestido rojo ceñido que deja poco a la imaginación, y Alex, una trans de belleza impactante, alta, con cabello negro largo y ondulado, labios carnosos pintados de rojo fuego y un cuerpo escultural que te hace tragar saliva. Sus ojos se cruzan con los tuyos desde la barra, y sientes ese cosquilleo en el estómago, como si el destino te estuviera guiñando el ojo.

Te acercas, casual, pides otra ronda. "¿Qué onda, carnales? ¿Se les ofrece compañía?" dices con esa sonrisa pícara que siempre te saca de apuros. Ana ríe, su voz ronca y juguetona: "¡Órale, güey! Si traes buena vibra, siéntate." Alex te mira de arriba abajo, sus ojos brillando con picardía. "Neta, luces como el tipo perfecto para una noche loca." Hablan de todo: de la vida chida en la CDMX, de lo padre que es Zona Rosa para soltar el pelo, y poco a poco el coqueteo sube de tono. Sientes el roce accidental de la pierna de Ana contra la tuya bajo la mesa, el calor de su piel morena, y la mano de Alex que se posa en tu brazo, suave pero firme, enviando chispas por tu espina dorsal. El deseo crece como una ola lenta, el pulso se acelera con cada mirada cargada de promesas.

¿Qué carajos estoy haciendo? Esto parece sacado de un video porno, pero neta se siente real, se siente bien. Un xxx trio con trans... siempre lo has fantaseado, y aquí están ellas, queriendo lo mismo.

La tensión es palpable cuando Ana susurra: "¿Y si nos vamos a mi depa? Está cerca, y tengo harta privacidad." Alex asiente, mordiéndose el labio. "Suena chido. ¿Tú qué dices, guapo?" No lo piensas dos veces. Salen del bar, el aire nocturno fresco les pega en la cara, oliendo a tacos de la calle y jazmines de algún jardín cercano. Caminan pegados, risas nerviosas, manos que se rozan. En el taxi, Ana se sienta en tu regazo, su culo firme presionando contra ti, mientras Alex te besa el cuello, su aliento cálido con sabor a menta y deseo.

Llegan al depa de Ana en la Condesa, un lugar chido con ventanales grandes que dejan ver las luces de la ciudad. Cierra la puerta y ya está: Ana te empuja contra la pared, sus labios carnosos devorando los tuyos, lengua juguetona explorando tu boca con urgencia. Sabe a tequila dulce y lipstick vainilla. Alex se une desde atrás, sus tetas grandes presionando contra tu espalda, manos bajando por tu pecho hasta el bulto que ya crece en tus jeans. "Mmm, qué rico se siente esto," murmura Alex en tu oído, voz grave y sensual que te eriza la piel. Desabrochas el vestido de Ana, revelando piel suave como seda, pezones oscuros endurecidos que chupas con hambre, sintiendo su gemido vibrar en tu boca.

Se mueven al sofá amplio, ropa volando por todos lados. Ana se arrodilla frente a ti, desabrochando tu pantalón con dedos ansiosos. Tu verga salta libre, dura y palpitante, y ella la lame desde la base hasta la punta, lengua caliente y húmeda rodeándola como un anillo de fuego. "¡Qué verga tan rica, pendejo!" dice riendo, antes de metérsela hasta la garganta, succionando con maestría que te hace agarrar el sofá. Alex se quita la falda, mostrando su polla semidura, hermosa y venosa, y su clítoris sensible arriba. Se para frente a ti, y tú la tomas en la mano, masturbándola lento, sintiendo cómo se endurece, el calor pulsante, el olor almizclado de su excitación llenando el aire.

Esto es una puta locura. Su piel sabe a sal y deseo, sus gemidos son música para mis oídos. Nunca imaginé que un xxx trio con trans sería tan intenso, tan perfecto.

La intensidad sube. Ana se recuesta en el sofá, piernas abiertas, su panocha depilada brillando de jugos, labios hinchados invitándote. Te hundes en ella de un solo empujón, su calor apretado envolviéndote como un guante húmedo, paredes vaginales contrayéndose alrededor de tu verga. "¡Sí, cabrón, así! Fóllame duro," grita, uñas clavándose en tu espalda, dejando surcos ardientes. Alex se posiciona detrás de ti, lubricante fresco chorreando, y empuja su polla contra tu culo. Dudas un segundo, pero el placer de Ana te mantiene enfocado. Entras lento, el estiramiento duele delicioso, luego placer puro cuando su verga te llena, moviéndose en ritmo con tus embestidas en Ana. El slap-slap de piel contra piel, gemidos mezclados con el zumbido del ventilador, sudor perlando cuerpos, olores de sexo crudo y perfume entrelazados.

Cambian posiciones, el calor subiendo como fiebre. Tú te sientas, Ana cabalga tu verga, tetas rebotando hipnóticas, su coño chorreando jugos que empapan tus bolas. Alex se pone de rodillas, lamiendo donde se unen, lengua en tu ano y en el clítoris de Ana, haciendo que ella grite "¡No mames, qué rico!". Luego Alex te monta a ti, su polla rozando tu estómago mientras su culo te aprieta, movimientos circulares que te llevan al borde. Besas a Ana, dedos en su interior, sintiendo contracciones, mientras Alex acelera, su respiración jadeante en tu cuello, piel resbalosa de sudor.

El clímax se acerca como tormenta. "Me vengo, wey," gime Alex primero, chorros calientes salpicando tu pecho, su cuerpo temblando encima tuyo. Eso te empuja: embistes fuerte en Ana, sintiendo su orgasmo explotar, paredes ordeñándote, y tú sueltas todo dentro de ella, espasmos interminables, placer cegador que te deja viendo estrellas. Se derrumban juntos, un enredo de miembros sudorosos, pulsos latiendo al unísono, risas ahogadas entre jadeos.

Después, en la cama king size con sábanas frescas, yacen abrazados. Ana acaricia tu cabello, "Eso estuvo de puta madre, carnal." Alex besa tu hombro, suave ahora, "Neta, el mejor xxx trio con trans que he tenido." El aire huele a sexo satisfecho y paz, luces de la ciudad filtrándose por las cortinas. Sientes sus cuerpos calientes pegados al tuyo, el subir y bajar de pechos, el latido compartido.

Esto no fue solo sexo. Fue conexión, fue liberarnos juntos. Mañana quién sabe, pero esta noche fue eterna.

Duermes entre ellas, soñando con más noches así en esta ciudad que nunca duerme, con cuerpos que se entienden sin palabras. Al amanecer, café humeante y promesas de repetir, porque lo chido no se acaba en una vez.

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